La educación científica en una sociedad pluricultural - Voces de la UAM | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 03 de Septiembre, 2018
La educación científica en una sociedad pluricultural | La Crónica de Hoy

La educación científica en una sociedad pluricultural

Voces de la UAM

Alejandra García Franco*

LA EDUCACIÓN CIENTÍFICA HOY.

La mayoría de los sistemas educativos en el mundo consideran a la educación científica como un pilar para el desarrollo de la competitividad económica y para generar soluciones a los problemas del mundo contemporáneo. Sin embargo, las expectativas de formación de ciudadanos con una amplia cultura científi ca y tecnológica se han enfrentado con resultados que muestran que la falta de vocaciones científi cas y el desinterés generalizado por la ciencia y sus
productos, van más allá de la introducción de asignaturas científicas en la educación básica. Las encuestas sobre percepción pública de la ciencia muestran que las ciencias siguen ocupando un lugar apartado de la vida cotidiana de la mayoría de la población.

La idea de que la educación científica pudiera proveer de conocimientos y habilidades necesarios para tomar decisiones en la sociedad contemporánea, en la que los retos científicos y tecnológicos son cada vez más grandes, no ha sido materializada. La ciencia continúa siendo ajena para la gran mayoría de la población. Por ello, se necesita pensar en cambios profundos en la educación científica, que cuestionen qué es lo que los estudiantes necesitan saber y cuál es la visión de la ciencia que construyen. La educación científica intercultural puede ser un camino para ello.

MÉXICO, PAÍS PLURICULTURAL.

México es un país pluricultural, reconocido como tal en el Artículo 2 de la Constitución Mexicana. Hay más de 60 pueblos originarios que hablan casi un centenar de lenguas en más de 360 variantes. ¿Cómo considerar esta diversidad en la educación científica?

Los pueblos originarios han desarrollado a lo largo de su existencia formas de convivir con la naturaleza que implican un profundo conocimiento de sus ciclos y una predisposición a la experimentación. Estos conocimientos forman parte de prácticas en las que no se separan de valores y formas de estar en el mundo. Este complejo entramado de prácticas ha sido reconocido como fundamental para enfrentar problemas acuciantes para la sociedad actual como el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad. Desde el inicio de este siglo, organismos científicos internacionales como el Consejo Internacional para la Ciencia (ICSU, por sus siglas en inglés) han reconocido la relevancia de los conocimientos tradicionales para la comprensión y resolución de los problemas actuales. Es cada vez más evidente que la diversidad biológica está relacionada con la diversidad cultural pues una no existe sin la otra. México es un país bioculturalmente diverso y esta es una característica que debería considerarse en el diseño y ejecución de políticas educativas.

LOS CONOCIMIENTOS TRADICIONALES EN LA ESCUELA.

Existe una tensión inherente en la inclusión de los saberes locales en el ámbito escolar. Esta tensión se da entre la cultura científica con sus pretensiones de universalidad y la cultura local que, por definición se circunscribe a un tiempo y espacio específicos. Es necesario entonces pensar formas en las que se pueden establecer relaciones entre los conocimientos tradicionales y los conocimientos escolares (científicos). Organismos como la UNESCO promueven la incorporación de conocimientos tradicionales en las discusiones sobre temas científicos. Por ejemplo, en el programa LINKS (Local and Indigenous Knowledge Systems) se han generado investigaciones y materiales que resaltan la relevancia del conocimiento local y tradicional para la comprensión de fenómenos complejos que también son de interés
para el ámbito científico.

Esta inclusión no ha sido igual en la escuela. En todo el mundo, la educación formal sigue manteniendo fundamentalmente un sistema en el que la ciencia tiene un papel superior frente al resto de los conocimientos. Así, se pierden oportunidades para que los niños y los jóvenes reconozcan y valoren los conocimientos tradicionales y comunitarios.

EL MAÍZ Y LA MILPA.

Un ejemplo paradigmático del conocimiento tradicional de los pueblos originarios de México es el cultivo de maíz en milpa. La milpa es un sistema agroecológico que tiene como actores principales al maíz, el frijol y la calabaza. Estos tres vegetales establecen relaciones simbióticas importantes: el frijol aporta nitrógeno que utiliza el maíz para crecer, mientras que el maíz da soporte al frijol, y la calabaza mantiene la humedad de la tierra. Además de estos tres elementos, en las milpas se encuentran quelites, plantas medicinales y árboles frutales. Esta diversidad permite que las familias tengan acceso a una variedad de alimentos a lo largo de todo el año. En todas las comunidades de los pueblos originarios, las actividades alrededor de la milpa rigen la vida, los ciclos y las fiestas. La domesticación del maíz es un proceso que comenzó hace más de 8000 años en lo que ahora conocemos como Mesoamérica. A lo largo de este tiempo se ha generado mucho conocimiento que detentan ahora los miembros de los pueblos originarios. Este conocimiento es fundamental para la adaptación al cambio climático y la conservación de la diversidad. Sin embargo las investigaciones muestran que este conocimiento se está erosionando. El maíz y la milpa son fundamentales para entender nuestro país. Proteger el conocimiento, establecer un diálogo con éste, es también tarea de la educación científica. La diversidad de conocimientos y prácticas relacionadas con el maíz y la milpa pueden ponerse en diálogo con muchos de los contenidos actuales de la currícula escolar: biodiversidad, nutrición, reproducción de plantas, selección artificial y natural, entre muchos otros. Introducir los conocimientos tradicionales en diálogo con los conocimientos escolares es relevante no sólo para la educación de las comunidades de los pueblos originarios; es fundamental para todos los que habitamos este país.

REFLEXIONES FINALES.

La educación científica intercultural resulta indispensable para plantear una perspectiva que permita la convivencia de diferentes tipos de conocimientos como parte del reconocimiento y valoración de la diversidad cultural. Se trata de encontrar formas de incorporar el conocimiento tradicional en el currículo para celebrar y mantener las tradiciones culturales, al mismo tiempo que se atienden las prioridades nacionales que tienen sus raíces en la ciencia y la tecnología contemporáneas.

La educación científica debería ser la base para que los estudiantes que busquen seguir estudios superiores y deseen convertirse en ingenieros, científicos o tecnólogos alcancen sus objetivos, pero también debería permitir que los jóvenes miren críticamente a las sociedades y los valores que las sostienen. La educación científica intercultural es un camino para ello.

*Profesora-investigadora del Departamento de Procesos y Tecnología de la Unidad Cuajimalpa de la Universidad Autónoma Metropolitana

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