Acaben con el celibato; ganaremos todos - Marcel Sanromà | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 03 de Septiembre, 2018
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Acaben con el celibato; ganaremos todos

Marcel Sanromà

La Iglesia católica vive días convulsos, o semanas, ya, después del estallido del nuevo escándalo (¿y cuántos van?) que reveló que en Pensilvania, Estados Unidos, la institución tejió un auténtico entramado mafioso para, primero, abusar de niños y niñas y, segundo, para blindar a los criminales con sotana y alzacuellos ante cualquier instancia.

El informe, para quien no atendiera a los detalles, era contundente: Desde la década de los cuarenta del siglo pasado hasta los últimos años, al menos 300 curas abusaron de más de mil niños, y eso sólo se refiere a los casos documentados. El reporte, de cerca de mil 400 páginas, mencionaba cómo la protección a los criminales llegaba hasta el Vaticano, que por primera vez en 1963 y por última en 2014, dejó que la documentación sobre los curas pederastas de las ocho diócesis del estado acumulara polvo en sus archivos.

El escándalo generado contrasta con la tibia respuesta de varios de los altos cargos de la Iglesia católica estadunidense protagonistas del informe, la mayoría ya septuagenarios u octogenarios. El obispo de ­Pittbsburgh, David Zubik, por ejemplo, se negó a dimitir pese a aparecer citado en el informe como encubridor. Aseguró que ni él ni su diócesis han hecho nada malo, y que hasta el año pasado han escuchado mucho a las víctimas y han apartado y denunciado a sacerdotes. Incluso dice que la Iglesia de Pittsburgh ya no es el agujero de porquería descrito en el informe. Que han cambiado. De verdad, ahora sí.

Los escándalos de abusos sexuales y pederastia en el seno de la Iglesia católica no pueden servir para hacer una enmienda a la totalidad de la institución (hay otros sólidos y mayores argumentos para hacerlo). Negar que existen sacerdotes llenos de bondad y buenas intenciones sería injusto, así como hay que reconocer que existen muchas diócesis en México más preocupadas por combatir la pobreza que por evitar que la gente fornique con preservativo.

Por otra parte, sería demasiado inocente pensar que no existen casos de abusos sexuales en iglesias como la protestante o la baptista, pero la información que tenemos habla de cifras mucho más altas en la Iglesia católica.

Aun así, hay que ser cuidadosos al respecto, porque las estadísticas son una ventana a la realidad pero no nos permiten apreciar la situación en su totalidad. Ya en 2002, Fred Berlin, profesor de la Universidad ­Johns Hopkins aseguró en un artículo de la CNN que no había evidencia de que el problema de los abusos sexuales tuviera mayor incidencia en la Iglesia católica que en la sociedad en general.

Sin embargo, otro artículo de la época citaba al profesor de la Universidad de Indiana Anson Shupe, autor de varios libros sobre el tema, que opinaba que si puede parecer que las cifras en el colectivo protestante son equiparables a las del católico en Estados Unidos es porque “los protestantes son menos temerosos de presentar una acusación, porque no tienen en tal alto grado a sus clérigos como los católicos”.

Algunas fuentes católicas se quejan de que existe un sesgo en el tratamiento de esta polémica en los medios de comunicación, pero a mi entender ésta es una postura tan interesada como naíf.

Parece evidente que existirán abusos sexuales en cualquier profesión religiosa porque existe el patriarcado en la sociedad, pero entonces, ¿por qué los escándalos arrecian especialmente sobre la Iglesia católica? Una posible explicación es una de sus pocas diferencias fundamentales respecto a otras profesiones, el celibato.

Si al problema social auspiciado por el machismo imperante desde el inicio de los tiempos le sumamos la privación del disfrute de la sexualidad, pulsión inalienable del ser humano, tenemos un problema agudizado. ¿Por qué violan curas protestantes? Porque creen que pueden abusar de su poder sin consecuencias. ¿Por qué violan los curas católicos? Porque creen que pueden abusar de su poder sin consecuencias y porque, además, es el camino más fácil que encuentran para tener sexo.

Quizás es hora de que la Iglesia católica se replantee la absurda prohibición del sexo a sus clérigos. Puede que abolir el celibato no evite que se produzcan nuevos casos de abusos, y puede que la evidencia termine por desmentir que el problema es mayor entre los curas y diáconos católicos, pero sería, ¡por fin!, un verdadero servicio a la comunidad. Y quizás también ayudaría a que algunos jóvenes vuelvan a interesarse en entrar en el seminario, quién sabe.

marcelsanroma@gmail.com

 

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