UNAM: Porros, narcos y activistas

Juan Manuel Asai

Porros, narcos y activistas de la UNAM conforman un coctel explosivo hecho a base de nitroglicerina, por lo que explota a la menor agitación. La comunidad universitaria clama por seguridad. ¿Se puede ofrecer seguridad con el actual esquema de autonomía?

Hay gente interesada en meter a la UNAM en los reacomodos de poder de la cuarta transformación. Hay señales de que se busca generar turbulencias que alteren la vida universitaria. La máxima casa de estudios es vulnerable. Una mal entendida autonomía permite a un grupo de pelafustanes atacar un mitin de estudiantes, herir a varios, a unos metros de Insurgentes, pero como los hechos ocurren dentro de los límites del campus la policía no puede intervenir.

Los agresores pueden hacer y deshacer sin preocuparse por terminar en la cárcel, al menos no el mismo día. Si los agarran será después. La UNAM es vulnerable porque muchas de sus escuelas son, en los hechos, narcotiendas. Se comercia droga como si nada en el campus de CU, pero también en otros espacios, entre ellos los Colegios de Ciencias y Humanidades.

Narcos y porros no son lo mismo, pero sí son compañeros de viaje. Los porros, grupos de golpeadores a sueldo, no tenían en el pasado reciente competencia. Funcionarios universitarios ligados al gobierno priista en turno los financiaban para tener bajo control los planteles. A cambio de ese control las autoridades permitían a los porros extraer rentas del estudiantado con impunidad.

Siempre fue fácil identificarlos, pero casi nunca ha habido la voluntad política para hacerlo. En el caso de la trifulca del lunes, hay cientos de fotos y videos de los agresores con las manos en la masa. Se aprecian sus rostros claramente. Si la autoridad quiere, puede identificarlos y detenerlos y, si son estudiantes en activo, expulsarlos de inmediato. Su lugar es la prisión. Los golpeadores tienen nombre, apodo y apellido. Pueden ser detenidos en cuestión de horas. ¿Se hará?

Los narcos tienen en los planteles universitarios un verdadero paraíso. Tienen clientela cautiva. Incluso pueden deambular armados, pues los policías uniformados y de civil se quedan del otro lado del perímetro. Lo que se dice en el campus es que porros, narcos y trabajadores universitarios han construido una asociación estratégica para obtener dinero de los estudiantes que consumen drogas. Un negocio redondo.

Si usted, amable lector, es parte de la comunidad universitaria sabrá si esta observación es cierta o falsa. Debo decir que me tocó escuchar de un dirigente sindical la aseveración de que el grupo de auxilio UNAM tenía el control real del tráfico de drogas en diferentes instalaciones. Eso dijo. No me consta. Unos no quieren que hagan olas y otros no quieren tocar al sindicato ni con el pétalo de una denuncia. Lo saben también los jefes policiacos de la zona que hacen algunas capturas para taparle el ojo al macho, pero no interrumpen el negocio.

Los activistas, por su parte, no son delincuentes. Hacen política aunque muchas veces con los ojos cerrados. Suelen seguir dictados de personas ubicados fuera de los campus pero con una agenda de desestabilización, que cambia según las circunstancias políticas. Muchos de los activistas de mi época de estudiante universitario son ahora funcionarios de Morena, y antes, del PRD. ¿Los activistas de hoy con qué partido están conectados? Serán usados para llevar a la Rectoría o tratar de hacerlo, a alguien afín a las nuevas autoridades federales. Lo veremos.

Éste es el contexto en el que estalló la más reciente crisis universitaria. Hay varios grupos queriendo llevar agua a su molino.

 


jasaicamacho@yahoo.com
@soycamachojuan

 

 

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