La disputa por el poder en la UNAM

Ulises Lara López

Los acontecimientos que nos han indignado a todos los universitarios y al público en general pueden ser vistos desde diferentes ópticas, la más directa es la relacionada con el castigo a los responsables de las agresiones tanto en el espacio universitario, situación que parcialmente ocurrió con el inicio de proceso de expulsión de 18 involucrados en la agresión del pasado lunes, pero por lo que se ha visto en diferentes videos e imágenes fijas, son muchos más los atacantes e integrantes de los grupos que de manera sistemática se han dedicado a controlar diferentes planteles de la UNAM, tanto de nivel bachillerato como de licenciatura.

Otro tratamiento que le han dado reporteros de investigación y articulistas es la vinculación de los llamados “porros” con patrocinadores dentro y fuera de la instituciones educativas, principalmente autoridades universitarias, jefes delegacionales o dirigentes partidarios y cuya principal función es la del control político de estudiantes, profesores y trabajadores si desean protestar u oponerse a sus decisiones.

El porrismo es un fenómeno de larga historia y ampliamente distribuido en las instituciones de educación superior del país. Algunas organizaciones tuvieron sus momentos de “gloria” por su violencia e influencia en algunas universidades como la de Guadalajara, Hidalgo o la Benito Juárez de Oaxaca. En el IPN, durante muchos años, mantuvieron presencia la Federación de Estudiantes Politécnicos y en el nivel medio superior la ODET asolaba las vocacionales. Otras más surgieron y se desarrollaron en el Colegio de Bachilleres, las prepas y CCHS y protagonizaron enfrentamientos en diversas ocasiones por motivos diversos, desde fiestas hasta la fecha de creación de su grupo, siendo los momentos más álgidos la quema del burro y del puma previamente al partido clásico de futbol americano entre el Politécnico y la Universidad Nacional.

Ahora que la reacción masiva de los estudiantes y sectores de académicos se manifestó en la rectoría, llevó como consigna central ¡Fuera Porros de la UNAM! y empieza a generarse, desde el pliego de peticiones (dado a conocer el día miércoles), la solicitud de renuncia al responsable de Auxilio UNAM por su evidente colusión con los agresores a los manifestantes de CCH Azcapotzalco y paralelamente se han difundido una serie de imágenes y datos que ponen de manifiesto que, al igual que los expulsados, son muchos más los que deben responder ante la ciudadanía y la comunidad universitaria de sus actividades y recursos con los que operan, particularmente en la impunidad con la que se mueven, los apoyos que reciben y la nómina que manejan.

La evidencia nos muestra que los sucesos son la parte visible de un entramado de redes de poder y grupos de interés que operan dentro de la máxima casa de estudios. No son únicamente jóvenes patrocinados para ejercer control mediante la violencia, son instrumentos para desviar recursos públicos y proteger actividades ilícitas, que van desde el comercio informal dentro y en los alrededores de los planteles hasta el narcomenudeo. Recordemos los lamentables acontecimientos en la zona de los frontones donde se enfrentaron a balazos dos grupos rivales por el control de la zona, ante la mirada complaciente de miembros de Auxilio UNAM.

La campaña de rectoría, que se dirigió a responsabilizar a los usuarios de consumir algún tipo de droga, era atentar contra la comunidad universitaria, nunca se dio cuenta que el problema estaba dentro de sus muros. Por eso ahora que el rector Graue ha dado a conocer el cese de Licona como coordinador general de Auxilio UNAM no me parece suficiente, como tampoco castigar la violencia con la que actuó un grupo, cuando sabemos que fueron más y todos ellos han sido manipulados como instrumentos prescindibles, como chivos expiatorios cuya expulsión y judicialización pueden conjurar la indignación de la opinión pública y de la misma comunidad universitaria.

Han empezado a deslindarse los trabajadores de base del área de vigilancia; el grupo 3 de marzo, identificado como porros de CCH Vallejo, también se ha desmarcado y solicitan diálogo para no sufrir las consecuencias de las movilizaciones, porque a diferencia de la declaración del Rector de que las demandas de Azcapotzalco son atendibles, es ingenuo creer que reduciendo a un plantel el problema se puede dar por concluido el movimiento.

Si realmente deseamos transformar el conflicto, necesitamos avanzar en la construcción de una propuesta que atienda todas las aristas y todos los actores, sería valioso ahora que se esta modificando la Constitución para hacer obligatoria la educación superior, llevar a cabo congresos universitarios, politécnicos y de cada IES que permita debatir a fondo sobre su futuro. Mientras no reconozcamos que en todas las instituciones se hace política y se crean grupos de poder, que son espacios abiertos al debate de las ideas y de la creación de conocimiento sin que una sola tendencia o forma de pensamiento hegemonice a las demás; mientras no hagamos lo necesario para construir en ellas espacios de equidad, respeto y tolerancia, vinculación con la sociedad y compromisos de transformación de la realidad, seguirán existiendo personajes que reclutarán a jóvenes por su pobreza, por su ambición o por su ingenuidad para realizar acciones inconfesables a la sombra de la impunidad.

La asamblea interuniversitaria (que se realizará el día de hoy viernes) tiene la gran oportunidad de convertirse en un movimiento social más trascendente con la garantía de que nadie será violentado por intentar cambiar a un país que desea y ha demostrado que quiere cambiar. A 50 años del autoritarismo feroz que trató de aniquilar la disidencia de sus jóvenes, hoy tiene la posibilidad de incorporar a las diferentes generaciones de universitarios que en diferentes momentos contribuimos de mayor o menor manera, con más o menos sacrificios a defender la Universidad pública. Si el tema hoy es la seguridad y la vigilancia de la vida de los universitarios no empieza y termina en las instalaciones educativas, en los horarios o en el transporte, debemos acabar con los feminicidios en todo el país sean o no universitarias, debemos exterminar el porrismo, transparentar los gastos de actividades culturales y deportivas; castigar a las autoridades involucradas…

¡Hagamos JUNTOS la transformación del México con una profunda Reforma Universitaria Nacional!

Imprimir

Comentarios