¿De veras, el trabajo ordenado no es el camino? La nueva mayoría - Carlos Matute González | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 07 de Septiembre, 2018
¿De veras, el trabajo ordenado no es el camino? La nueva mayoría | La Crónica de Hoy

¿De veras, el trabajo ordenado no es el camino? La nueva mayoría

Carlos Matute González

El comentario de uno de mis lectores me quedó en la cabeza, como un tábano, dándome vueltas con un poco de molestia. Nada que realmente sea angustiante, pero sí desagradable: “usted —refiriéndose a mí— no ha entendido que los expertos intelectuales han llevado al país a esta ruina”. Cuando vi la instalación del Congreso General, me acordé del “Bronx priista” (la gayola parlamentaria gritona) de los años ochenta del siglo pasado y los esfuerzos que hemos hecho los mexicanos para salir de la auténtica ruina en que nos dejaron dos sexenios de desorden financiero y administrativo.
La frase, la confrontación de visiones, más el entorno de paz y tranquilidad que rodeó al Palacio de San Lázaro, hecho no visto en los últimos 12 años en la presentación de un informe de gobierno, son síntomas del posible resurgimiento de la escisión profunda de la clase gobernante en políticos y tecnócratas. El conocimiento técnico es indispensable en la dirección del gobierno, pero la soberbia de quien lo junta con el poder es perniciosa. La política es anteponer la demanda social a cualquier otro fin, pero sin orden es el camino al desastre.
Desde el supuesto fraude electoral de 2006 contra AMLO, la accidentada toma de posesión de Felipe Calderón como Presidente de la República —quien apareció por atrás de las banderas de la tribuna de la Cámara de Diputados conducido por un socio de la maestra Elba Esther Gordillo, hoy aliada del Presidente electo— hemos vivido un plantón permanente impulsado y sostenido por activistas sociales. Ayer, los sitiadores de los lugares públicos, hoy, son los diputados y senadores que decidirán el nuevo orden constitucional y que requerirán del conocimiento especializado para cumplir sus promesas de campaña.
El reto de la clase gobernante, ya sean sus miembros catalogados como políticos o técnicos, es revertir los procesos de “acumulación de la desigualdad social”, reducir los niveles de marginación. Es evidente que el siglo XX, en la historia de la humanidad en su conjunto, es el que más riqueza ha generado y elevado las condiciones de vida de todos, manifestada en el aumento de la esperanza de vida, el crecimiento poblacional, la disminución en términos relativos del número de personas en pobreza extrema y una proyección optimista para las zonas más pobres del orbe.
Sin embargo, hay un descontento que encabezan diversos activistas debido a que la extensión del desarrollo a los grupos marginados ha sido demasiado lenta y el plazo para que el bienestar los alcance es por lo menos una generación (25 años) y la concentración de los excedentes de la riqueza social ha sido excesiva. Unos lo tienen todo y otros todavía carecen de todo.
El discurso es radical y refleja impaciencia y se cuestiona abiertamente lo siguiente: ¿La democracia representativa occidental y su estrategia de desarrollo económico gradual ha fracasado? ¿La economía de mercado como impulsora del capitalismo ha llegado a su fin? ¿Es inevitable el retorno a la planificación centralizada y a la imposición del interés público sobre los derechos de las personas como estrategia para acelerar la extensión del desarrollo humano a los grupos marginados? ¿Los expertos-intelectuales estorban? ¿Los activistas sociales y movilizadores de masas serán capaces de eliminar las brechas —más bien profundas cañadas— de la desigualdad social?
Un cambio profundo de las estructuras políticas, económicas y sociales ¿puede prescindir de los expertos intelectuales? La respuesta en principio es negativa y esto se demuestra con la revisión de los antecedentes de los futuros integrantes jóvenes del gabinete, quienes tienen magníficas credenciales académicas y formación en universidades extranjeras. Lo mismo puede afirmarse de las personas que acompañarán a la próxima Jefa de gobierno de la Ciudad de México.
Pareciera, en una lectura simplista del resultado electoral, que el trabajo ordenado, la solución gradual de los problemas y el acercamiento paulatino a los ideales sociales no fueran el camino. La estridencia impera, porque la venta de ilusiones gana en un ambiente de desesperanza, y las soluciones “políticas” aventajan a lo factible ¿Será suficiente la promesa fácil o será necesario recurrir a los técnicos para que lleven a cabo políticas públicas exitosas en una sociedad compleja?
Si los expertos-intelectuales que acompañaron a los gobiernos 2006-2012 y 2012-2018 perdieron en las urnas, es porque en doce años no supieron mantener de su lado a quienes no compartían su visión de México. Eso no descarta la necesidad de conocimiento en el gobierno. La cerrazón tecnocrática, un estilo provinciano de gobierno y la improvisación propia del amiguismo son las causas de la mayoría actual, que tendrá que decidir entre el trabajo ordenado o las ilusiones propagandísticas. Cualquier camino va a erosionar el apoyo electoral, pero sólo uno, el trabajo ordenado, es el que nos conducirá a superar la desigualdad social.

 


Profesor de posgrado del INAP
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