“Se pueden modificar las conductas que estimulan la obesidad en adolescentes”: Blanca Lilia Reyes Rocha | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 08 de Septiembre, 2018

“Se pueden modificar las conductas que estimulan la obesidad en adolescentes”: Blanca Lilia Reyes Rocha

“Se pueden modificar las conductas que estimulan la obesidad en adolescentes”: Blanca Lilia Reyes Rocha | La Crónica de Hoy

Los jóvenes que estudian secundaria y preparatoria viven procesos complejos emocionales e intelectuales que los llevan a adquirir hábitos alimenticios de riesgo, que pueden desatar trastornos metabólicos que desembocan en obesidad y diabetes. A cada conducta dañina corresponde también una conducta de recuperación o resiliencia. Así lo explicó, en entrevista con Crónica la científica mexicana Blanca Lilia Reyes Rocha, investigadora de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).

Los jóvenes preocupan y ocupan a Blanca Reyes. En particular le importa conocer el vínculo entre conducta y nutrición. Este interés intelectual y los trabajos que ha hecho en torno a éste la hicieron ganar el Premio APIN (Apoyos a Programas de Investigación en Nutrición) 2018.

La juventud es una etapa determinante en la vida, y esto lo sabe bien Reyes Rocha, pues ella era muy jovencita cuando decidió acudir a la Cruz Roja de San Luis Potosí para preguntar cómo podía prepararse para ser socorrista.  Ella nació y creció en esa ciudad, en el seno de una familia de profesores de primaria y secundaria.

Era una adolescente, pero un impulso interior le hacía querer atender y ayudar a las personas que estaban sufriendo por problemas de salud. Su intención era ser socorrista y ayudar en la atención a emergencias, pero en aquella visita a la Cruz Roja la persona que fue su primer contacto le informó que estaban por iniciar las clases de la Licenciatura en Enfermería, incorporada a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Así que decidió abrazar esta profesión.

Hoy, Blanca Reyes Rocha radica en Querétaro. Es maestra en Ciencias de Enfermería y doctora en Ciencias de la Salud, docente e investigadora en la Universidad Autónoma de Querétaro y enfermera jubilada de la Secretaría de Salud del Gobierno del Estado de Querétaro.

“En el bachillerato surgió mi interés por las ciencias de la salud. A mí me interesaba estar en contacto con las personas con problemas de salud, en un contacto diario y más humano, porque en ese momento veía a los médicos más distantes de los pacientes. Después me di cuenta de que la enfermería toca un ámbito mucho más amplio porque no sólo atiende las necesidades de los pacientes, sino las necesidades de familiares y familias completas, porque juntos se ayudan y apoyan para atender al paciente”, indica la investigadora que trabajó 12 años como enfermera clínica en el ISSSTE y luego en la Secretaría de Salud de Querétaro.

“Uno no puede mantenerse ajeno al sufrimiento de las personas. Uno establece una relación cercana con los pacientes y uno también vive el duelo cuando hay enfermedades muy largas. Hay que estar ahí con las emociones muy controladas porque eso genera un desgaste, pero una enfermera nunca se vuelve de hielo. Las personas piden consejo, atención y apoyo, así fue como nació en mí la conciencia de que debía dedicarme a la salud preventiva, para ayudar a resolver mucho del sufrimiento previo a que se presente la enfermedad. Desde la enfermería uno entiende la importancia de la Educación para la Salud.

DE LA ATENCIÓN A LA INVESTIGACIÓN. A partir del año 2002, Blanca Lilia Reyes se mudó de San Luis Potosí a Querétaro y, entre otras cosas que vivió, se incorporó a trabajar como profesora en la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).

“Para mí era muy importante vincular toda la parte de docencia con la parte de servicio, porque necesitamos fortalecer el puente entre las instituciones formadoras de los recursos humanos y las instituciones que prestan el servicio a la población en general, para contrastar la realidad con lo que estamos generando en los futuros profesionales. Así fue como sentí la necesidad de participar en investigación”, dice Blanca Reyes.

Al mismo tiempo que esta destacada enfermera iba obteniendo sus grados académicos de maestría y doctorado, realizaba investigaciones que documentaban algunas de las prácticas de enfermería, con diferentes grupos sociales, y los resultados de  esas acciones.

El esfuerzo más reciente de este impulso fue el diseño de un estudio que involucra a seis universidades estatales de México, que estudiarán las conductas de jóvenes, asociadas a la alimentación. El nombre del estudio, que recibirá apoyo financiero del Instituto de Nutrición y Salud Kellog’s (INSK), a través del Premio APIN, se llama Conductas alimentarias de riesgo, estilo de vida y nivel de resiliencia en estudiantes de educación media superior. Estudio multicéntrico.

La salud de los adolescentes se ha abordado mucho desde el punto de vista de la sexualidad y las adicciones, pero falta más investigación sobre nutrición. La investigación que encabeza la doctora Reyes busca identificar a población joven de riesgo en caer en obesidad, pero también en desnutrición, por conductas de riesgo.

“La población adolescente podría ser considerada como una población sana; sin embargo, la Encuesta Nacional de Salud de México ha visibilizado muchos problemas que aquejan a este grupo. En cuestión de alimentación se han estudiado mucho los trastornos de la conducta alimentaria, pero lo nuevo que estamos haciendo es construir estrategias para ayudar a los adolescentes antes de que se presente el trastorno. Es otra forma de prevenir el daño a la salud”, detalla.

“Los jóvenes viven una etapa de desapego de los padres y de búsqueda de autonomía en la toma de decisiones. Esta necesidad de pertenencia y de aceptación de otros adolescentes influyen mucho a los jóvenes y ahí hay mucho que se puede estudiar. Los modelos culturales que persiguen los jóvenes también desembocan en conductas que pueden impactar en su salud. Nosotros nos enfocamos en estos comportamientos y buscamos estrategias para fomentar los comportamientos saludables. Todo esto nos llevará a diseñar programas de intervención en salud preventiva”, dice la investigadora, que coordinará un estudio en el que participarán las universidades de Guerrero, Querétaro, Estado de México, Morelos, Veracruz y Zacatecas, agrupadas en la Red de Salud Infantil y del Adolescente, en México.

“Es un camino muy largo el que ha recorrido el gremio de enfermería para que se reconozca su aportación a la salud de la población, pero ciertamente la percepción ha ido cambiando y ya se nos mira como unos profesionales. Esto es producto de que el nivel de preparación de las enfermeras ha ido avanzando y esto ha servido mucho para que también la enfermería tenga mejores puestos, salarios y tabuladores”, concluyó la ganadora del Premio APIN 2018.

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