Día Internacional de la Alfabetización

Jorge Galván

Discurrir sobre alfabetización es discurrir sobre transformación vital.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) proclamó el 8 de septiembre Día Internacional de la Alfabetización. Desde 1967, esta jornada se ha celebrado anualmente en todo el mundo para recordar a los pueblos la importancia de la alfabetización como una cuestión de dignidad y derechos humanos y para promover el programa de alfabetización encaminado a lograr una sociedad más libre, más justa y más igualitaria.

El ideal de alfabetización en esta jornada internacional no es otro que el compartido por el maestro mexicano Jaime Torres Bodet quien ha sido el único latinoamericano en ocupar el cargo de Director General de la UNESCO.

Jaime Torres Bodet definió que la meta última de la UNESCO es la de instaurar, por medio de la educación, de la ciencia y de la cultura, una solidaridad internacional que permita considerar como el mejor de sus hijos al que sirva mejor la causa de todo el género humano.

Quienes tenemos el privilegio de dedicar nuestras horas a la labor educativa sabemos que la educación, como el mejor igualador social, transforma vidas y ocupa el centro mismo de la misión que el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) comparte con la UNESCO consistente en consolidar la paz, empoderar a las mujeres, erradicar la pobreza e impulsar el desarrollo sostenible e incluyente.

Al comienzo de la administración del señor presidente Enrique Peña Nieto, más del 6% de las personas mayores de 15 años en México no sabía leer y escribir. Hoy por primera vez en la historia, nuestro pueblo tiene un nivel de analfabetismo menor al 5%; esto representa estar en el último rango de analfabetismo considerado por la UNESCO como un rango en el que el país está libre de analfabetismo o está en vías de lograrlo. En la capital del país se logró alcanzar un nivel de analfabetismo residual menor al 2%. En tan sólo 6 años México logró que más de 1,125,303 personas aprendieran a leer y escribir. El sueño vasconcelista de superar el analfabetismo fue alcanzado en el siglo XXI.

La persona analfabeta promedio en México es mujer de 58 años, gana $2,906 mensuales y tiene 5.5 hijos. Las personas que no saben leer y escribir tienen en promedio 20 años más que las personas que sí pueden leer y escribir y ganan $3,244 mensuales menos que las personas que saben leer y escribir. Mientras tanto en la Ciudad de México, al caracterizar a las 105,155 personas que aún no saben leer y escribir podemos afirmar que en promedio se trata de una mujer de 63 años, gana $3,380 mensuales y tiene 4.8 hijos.

Las personas que no saben leer y escribir en la Ciudad de México tienen en promedio 21.5 años más que las personas que sí saben leer y escribir y ganan $5,687 mensuales menos que las personas que capaces de leer y escribir.

Si bien los avances han sido superlativos, el gran reto educativo a futuro de la Ciudad de México será un reto productivo. Ofrecer la oportunidad de aprender a leer y escribir a las más de 100,000 personas que aún no la tienen, seguirá siendo tarea educativa en la capital nacional.

Asegurar la inclusión laboral del medio millón de menores de 35 años que no tienen secundaria será una necesidad. Aprovechar el bono demográfico alcanzando el potencial de la generación más nutrida de jóvenes en la historia de la capital de México será fundamental para colocarla plenamente en la sociedad global del conocimiento.

Sin el impulso decidido del gobierno belga para la creación de la UNESCO tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial difícilmente tendríamos la oportunidad de celebrar el día de hoy una jornada por la alfabetización mundial. Para concluir recordaré la autoridad de uno de los grandes poetas belgas: “Si escaláis una alta montaña, al atardecer, veréis disminuir poco a poco, y perderse en la sombra…Pero los puntos luminosos que vigilan, hasta en las noches más oscuras, en los lugares que habita el hombre, no se debilitarán a medida que vayáis elevándoos. Por el contrario, a cada paso hacia la altura, descubriréis mayor número de luces en las aldeas adormecidas a vuestros pies. Lo propio ocurre con nuestras luces morales, cuando vemos la vida desde una altura.”

En nuestro tiempo, el que nos ha tocado vivir, tan lleno de tinieblas, aprenderemos a conocer el valor de esas luces morales. Velar por ellas con educación de calidad para todas las personas será nuestro deber.

 

 

(Delegado Federal del INEA en la Ciudad de México. Maestro en Administración Pública por la Universidad de Columbia y Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM )

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