“Quino está bien de salud, sigue inteligente, escucha mucha música…”: Divinsky | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 09 de Septiembre, 2018

“Quino está bien de salud, sigue inteligente, escucha mucha música…”: Divinsky

El fundador de la casa editorial del autor de Mafalda relata a Crónica el desarrollo de su carrera, que incluye su huida de la dictadura y publicar a Ibargüengoitia fuera de México

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Daniel Divinsky (Argentina, 1942) es un abogado argentino que hace 52 años fundó Ediciones de la Flor, casa editorial del ilustrador Quino, y aunque dejó de dirigir el sello, la amistad entre ambos continúa. En entrevista, el editor argentino platica con Crónica sobre la relación que tuvo con el escritor Jorge Ibargüengoitia, el momento en que publicó la primera tira de Mafalda y cómo su risa fácil lo ayudó a seleccionar autores para su catálogo.

QUINO, UN AMIGO. En el marco del Hay Festival Querétaro 2018, Divinsky confiesa que al fundar Ediciones de la Flor tuvo la buena suerte de que Quino y Rodolfo Walsh se acercaran a él, pero también influyó su capacidad de aprovechar las oportunidades.

“Estaba muy hastiado del ejercicio de la abogacía aunque fue la forma en que me gané la vida muy joven, puse una oficina jurídica con otro colega y realmente nos ayudábamos porque vivíamos en las casas de nuestros padres. Entonces lo que ganábamos era para ir al cine y para gastos menores”, cuenta sonriente.

En algún momento, añade, se le ocurrió poner una librería y buscó un socio. “Nuestros padres nos prestaron dinero que nunca devolveríamos. No nos alcanzaba ni siquiera para pagar la renta de un local. Entonces con un amigo editor, con quien había hecho un trabajo antes, resolvimos poner la editorial”.

En la primera etapa, “vivíamos de la abogacía y la editorial era un hobby” hasta que se acercó Quino con su historieta de Mafalda

“Quino nos consultó como abogados porque él había dejado de cobrar sus derechos de autor con la editorial que lo publicaba, eso se solucionó más o menos amistosamente y fue el propio Quino quien nos propuso hacer sus libros. Eso cambió totalmente la perspectiva”, recuerda.

—Quino y usted entablaron una bonita amistad…

—Es mi amigo independientemente del trabajo que hicimos. La esposa de Quino murió el año pasado, eran una pareja simbiótica y él quedó totalmente destrozado. Uno de los hermanos de Quino vive en la ciudad de Mendoza, a un lado de la cordillera, a más de mil kilómetros de Buenos Aires, y ahora ahí vive mi amigo.

“Fui a visitarlo el 17 de julio por su cumpleaños número 86. Quino no ve casi nada por un glaucoma que se fue agravando pero está bien de salud, sigue inteligente, escucha mucha música, hace que le lean los periódicos y se amarga como todos nosotros por la situación de Argentina”, responde.

—¿Cómo fue el contacto con el periodista Rodolfo Walsh?

—Lo de Walsh fue posterior, también publicaba en la misma editorial de Quino y nosotros se lo propusimos, él estuvo de acuerdo y el primer contrato que hicimos fue por su famoso libro Operación masacre, una versión novelada de un asesinato político. Él puso en el contrato el precio máximo al que podía llegar a venderse el libro, cosa que contrasta con que hoy los autores, una mayoría de ellos confesadamente o no, quieren que los libros sean carísimos y que sus derechos de autor sean mayores. Walsh fijó un precio tope muy bajo para que el libro pudiera ser adquirido por muchos.

EXILIO Y MÉXICO. Daniel Divinsky sostuvo Ediciones de la Flor durante el periodo de la dictadura argentina, pero al ser perseguido por el gobierno de su país, pidió exilio en Venezuela. Desde Caracas, el también Premio Arnaldo Orfila de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 1997, contactó al crítico uruguayo Ángel Rama y al escritor mexicano Jorge Ibargüengoitia.

“Ángel Rama era mi maestro, estaba viviendo en exilio en Venezuela y creó la Biblioteca Ayacucho. Él era el director editorial y mi esposa y yo lo buscamos”, relata.

“El momento en que salimos de Argentina hacia el exilio aún no sabíamos en qué país íbamos a quedarnos. Volábamos con boletos aéreos que nos envió la Feria de Frankfurt como solidaridad por nuestra detención. Subdividimos el boleto para seguir recorriendo el mundo. Estuvimos mes y medio en México después de la Feria de Frankfurt esperando la visa venezolana, hasta que en enero de 1978 nos instalamos en Caracas”.

—¿Rama lo contactó con Ibargüengoitia?

—El contacto que tuve con Ibargüengoitia fue epistolar, lo admiraba mucho, me había gustado Los relámpagos de agosto que leí en la edición mexicana de Mortiz y los libros de Mortiz en aquella época eran inconseguibles fuera de México, entonces le escribí una carta al autor y por supuesto que Ángel Rama me consiguió su dirección.

“Ibargüengoitia me respondió: por supuesto, publíquelo que ya bastante mal tenemos los latinoamericanos con el analfabetismo y las dictaduras como para que aun haya restricción de mercados”, comenta.

Divinsky le envío un contrato, el autor mexicano se lo regresó firmado y así Ediciones de la Flor publicó Los relámpagos de agosto. “Como su nombre no era nada conocido en Argentina y el título sonaba muy poético, le pusimos como subtítulo Memorias de un general mexicano porque el tema de los generales causaba mucha curiosidad en ese momento”.

—¿Publicó a otros autores mexicanos?

—Sí, a Pedro Fernández Miret, hijo de exiliados republicanos, con un libro bellísimo de cuentos que se llama Prostíbulos, después publicó en Argentina otra novela llamada Esta noche vienen rojos y azules, él estaba casado con una argentina que yo conocía, era antropóloga. Después humoristas gráficos, a Carlos Dzib que era un dibujante yucateco brillante que murió hace unos años.

EDITORIALES DINOSAURIOS. La cualidad que todo editor debe tener, en opinión de Divinsky, es la curiosidad.

“El principal ingrediente es la curiosidad, estar pendiente de lo que aparece antes de que se abalancen los grandes grupos editoriales. Los grandes grupos son como dinosaurios: poderosos, fuertes pero pesados en los desplazamientos. En los intersticios uno puede conseguir las obras de los autores buenos que pueden llegar a vender bastante. Cuando esos autores crecen mucho, si no son buena gente y si no son fieles, terminan siendo cooptados por los grandes grupos”, apunta.

La imagen que tiene Divinsky de sí mismo como editor, es un multitareas caminando por las calles de Argentina.

“Había un poeta que andaba en la calles de Buenos Aires con una banderola que decía: yo la escribo, yo la vendo. Él vendía su poesía y yo en Ediciones de la Flor era: yo la edito, yo la vendo. Me ponía la chaqueta de editor, leía, corregía, revisaba las traducciones, discutía las portadas con los diagramadores y me ponían maletín de vendedor y salía a vender en el extranjero”, dice.

—¿Por qué decidió publicar humor gráfico?

—La dedicación de Ediciones de la Flor, no exclusiva de humor gráfico, deriva de dos características mías, defectos o virtudes. Una es que tengo la risa fácil, me gusta reírme porque me divierten muchas cosas.

La otra, añade, es “que he sido un pésimo dibujante, tanto que fui bachiller con medalla de oro pero fui aplazado en la materia de dibujo; tuve que ir a una academia a aprender dibujo para pasar de año. Al que tiene un lápiz o bolígrafo en un rotulador y le sale un dibujo yo lo veo con admiración casi infantil”.

Además de Quino, Ediciones de la Flor edita a Fontanarrosa, Caloi, Liniers, Alberto Montt.

—¿Extraña la vida de editor?

—Llevaba la editorial con quien era mi mujer, nos separamos hace diez años, trabajamos un tiempo pero ya no se pudo más y hace tres años le cedí mi parte de la editorial. Así que soy espectador. Tengo un programa de libros en la radio de la universidad de Argentina, leo mucho y asesoro honorariamente a una cantidad de colegas jóvenes porque me gusta ayudarlos.

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