Serena, te equivocas....

Víctor Díaz-Íñiguez

Perder con honor, hace

grandes a los campeones. 

 

Cuando cayó el punto que cerraba una contundente victoria de Naomi Osaka, los comentarios en el área de prensa del estadio Arthur Ashe, crecían en reprobación sobre la actuación de Serena Williams.

El ganar 23 torneos de Grand Slam, ser en ocho diferentes ocasiones la número uno del mundo entre 2002 y 2017 y ser la más dominadora del circuito por más de 16 años, no permite pasar por encima de las reglas y mucho menos utilizar argumentos que lejos de explicar la mala conducta se basan en un asunto de género o de una apreciación equivocada de Carlos Ramos, juez de silla de la final.

Todo inició con la primera amonestación, la cual se basa en no permitir que haya señales del entrenador desde la tribuna a la jugadora. Éstas existieron y fueron corroboradas más tarde por Patrick Mouratoglou, entrenador de Serena. Desde ese momento Serena basó su reclamo en que ella no mentía y que prefería perder a ganar con alguna trampa. El reclamo de la tenista continuaba y exigía una disculpa de parte del juez de silla, lo cual no sucedió. El partido crecía en dominio de parte de Naomi Osaka y desde el fondo de la cancha no perdía oportunidad de preparar el punto cargando el juego al revés cruzado de Serena y ganaba la red en cada oportunidad.

Así, recuperó un quiebre servicio y la impotencia de Serena estalló, rompiendo su raqueta en señal de clara desesperación. Una vez más, con el reglamento en la mano, se le aplicó la sanción de perder un punto al recibir la segunda violación al código de conducta en la cancha. La reacción de la tenista estadunidense no se hizo esperar y regresó con el mismo reclamo de lo injusto de la primera amonestación. Antes de iniciar el octavo juego del segundo set y con la tenista japonesa claramente dominando el partido, Serena volvió a exigir una disculpa y le reclamó el punto perdido, llamando mentiroso y ladrón a la máxima autoridad en la cancha. Aun con la presencia del juez central del torneo y la representante de la WTA y con todo el estadio confundido entre quienes apoyaban a Serena y quienes reprobaban su actuación, se le penalizó con la pérdida del juego. Lágrimas, reproches y reclamos continuaron, pero aun con todo esto, Naomi Osaka cerró el partido con un contundente 6-2 y 6-3 para llevarse su primer Grand Slam.

Serena, te equivocas.

Si bien es un hecho que debe de revisarse y cambiarse el reglamento en relación a las señales de los entrenadores con los jugadores y también lo es que lo hagan tanto en los torneos de la WTA (mujeres) como en los de la ATP (hombres), también es que la aplicación de esta regla es de apreciación de parte del juez de silla. Utilizar como argumento para la no aplicación de esta regla, que otros lo hacen y no son sancionados no te permite que lo hagas. Menos en una final de Grand Slam y aun con la confirmación de tu entrenador de que sí sucedió. Aun así, la amonestación no te quitaba ningún punto y aún menos un juego. Mantener por varios minutos los insultos y falta de respeto a la máxima autoridad en la cancha es un gran error. Lo es aún más enviar un mensaje en donde la derrota es el resultado de apreciaciones incorrectas del juez de silla. Perdiste porque el porcentaje de primeros servicios de Osaka fue de 73% y de puntos ganados con su primer servicio fue de 73% contra un pobre 53% y 63% tuyos. Perdiste porque Naomi Osaka fue mejor desde el fondo de la cancha y no perdió la concentración. Perdiste porque no pudiste descifrar la potencia y consistencia de la japonesa. Perdiste porque Osaka fue mejor, en esta final.

La penalización de US17,000 por la amonestación, el punto y el juego perdidos, son insuficientes. La mejor tenista de todos los tiempos no puede dar un espectáculo así.

Habría que pensar en cómo compensar las lágrimas y pena que llenaron a una jovencita de 20 años que dejó el alma y ganó a pulso el US Open 2018.

Aun con todo, es claro que la mejor tenista de todos los tiempos, está de regreso.

¿Lo mejor estará por venir?

Sí. Con seguridad, si Serena así lo quiere.

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