Capitalismo sin crisis no es capitalismo

Guillermo Puente Ordorica

Han pasado diez años de la crisis financiera global cuya magnitud es sólo comparable en la historia contemporánea con la Gran depresión de 1929, y de la cual la economía mundial sigue pagando sus consecuencias. Poco ha cambiado desde entonces en términos económicos al menos, para algunos especialistas, pero otros sostienen que en el ámbito político se dio pie a que la democracia aparezca exhausta y avancen distintas formas de autoritarismo dentro y fuera de varios países.  Anota Claudi Pérez que el capitalismo sin quiebra es como el cristianismo sin infierno, en su ensayo a propósito de este aniversario casi luctuoso, publicado por el diario El País en su edición del pasado domingo. Claudi sugiere que la Gran Recesión “puede leerse como un fracaso devastador del libre mercado, y aun así casi nada ha cambiado: Wall Street sigue siendo ‘densidad, inmensidad, complejidad’, los mismos viejos vicios de la economía siguen vigentes y, en todo caso, la crisis ha sido un extraordinario catalizador para una de las grandes preocupaciones de estos tiempos, el auge imparable del populismo.”  (“Recesión a lo grande: crónica de los 10 años de crisis que cambiaron el mundo”, El País, 9 septiembre 2018,  www.elpais.com)

De una manera más técnica, pero con la misma claridad que se trasluce desde el mismo título de su estudio sobre “La ineficacia de la desigualdad”, la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), señala que: “la crisis de 2008 alertó sobre el peligro de una economía financiera que no sólo se autonomiza respecto del mundo productivo, sino que además se impone a él y lo distorsiona. Consagró un consenso en torno al carácter de riesgo global que entraña esta hipertrofia de la economía financiera. La economía mundial padece los desequilibrios provocados por burbujas financieras que transitan entre sectores, países y actividades, como las relacionadas con los bienes raíces, la inversión en materias primas o las criptomonedas.” (“La ineficacia de la desigualdad”, 37 periodo de sesiones, La Habana, Cuba, 7-11 mayo 2018, p. 14, https://repositorio.cepal.org)

Si bien los efectos de esa gran crisis económica y financiera del sistema mundial se resintieron de diversas maneras (América Latina, por ejemplo, fue afectada con mucho menos severidad que la mayoría de las regiones más desarrolladas del orbe), ha venido a dejar en claro la creciente concentración de la riqueza y la extensión de las desigualdades, haciendo vigente, aunque no se lo propusiera abiertamente, la distinción ideológica entre izquierdas y derechas en la política. De manera que el ancestral problema de la distribución equitativa de la riqueza y la promoción de la igualdad vuelve a ser puesto en el centro de las preocupaciones. Claudi Pérez apunta que “la solución parece clara: más capital y recursos propios, más liquidez, más control de riesgos, más supervisión, mejor regulación. Los economistas coinciden al respecto, pero… ‘la capacidad del sistema financiero para generar complejidad y fragilidad sobrepasa cualquier extremo en cuanto a su alcance, escala y velocidad’, y cita a Paul De Grauwe, de la London School, para afirmar que “la regulación financiera no se ha reforzado lo suficiente y la próxima crisis está esperando, inquietante, en algún lugar”. 

Para la CEPAL, si bien con el énfasis en las necesidades de la región latinoamericana y caribeña, “la igualdad es un compromiso ético ineludible”, lo cual no obstante es aplicable y deseable en cualquier lugar del mundo.  Y subraya, de nuevo pensando primordialmente en la región, que “las brechas y rezagos sociales tienen un impacto negativo en la productividad, la fiscalidad, la sostenibilidad ambiental y la mayor o menor penetración de la sociedad del conocimiento. Dicho de otra manera, la desigualdad es ineficiente, es un obstáculo al crecimiento, el desarrollo y la sostenibilidad.” (Ibid., p. 15)

De manera que parecen esfuerzos complementarios, el evitar nuevas crisis profundas del sistema e incentivar la productividad para la generación de mayor riqueza, al mismo tiempo de buscar su mejor distribución para que como lo apunta la CEPAL, se aliente el desarrollo sostenible. Parece una enorme contradicción conciliar esos dos mundos aparentemente divorciados en el marco de un sistema internacional hostil y polarizado como el actual. Es imposible predecir el futuro, pero el reto amerita iniciar con sentar las bases para una convivencia política, económica y social acorde con esos objetivos de largo plazo. El reto es enorme y requiere de una voluntad política decidida y concertada. 

gpuenteo@hotmail.com

 

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