Tirantez democrática y resultados

Sergio González

Todos los mexicanos sabemos, con cierto nivel de aproximación, los acontecimientos que discurrieron la noche del 15 de septiembre de 1810 en Dolores, Guanajuato. Entendemos y podemos explicar con relativa precisión los ejes articuladores de la Guerra de Independencia iniciada aquella noche, e identificar a los principales insurgentes, como Primo de Verdad, Azcárate, Talamantes, Hidalgo, Morelos, Allende, Aldama, Abasolo, Guerrero, Bravo, Vicario, Ortíz de Domínguez, etc.

Este 15 de septiembre de 2018, además de rememorar a los héroes y heroínas que en aquella epopeya nos dieron patria y libertad, hay que recordar que en 2007 la ONU declaró esa misma fecha como el Día Internacional de la Democracia y que este año el tema es “Democracia bajo presión: Soluciones para un mundo cambiante”.

En su mensaje relativo al evento, el secretario general de la ONU, António Guterres, declaró que la democracia está mostrando más tirantez que en cualquier momento en décadas. Que por eso esta celebración nos debe obligar a buscar maneras para restaurar su vigor y para encontrar respuestas a los riesgos sistémicos que enfrenta.

Esto significa encarar la inequidad política y económica; hacer nuestras democracias más incluyentes al tratar de incorporar al sistema político a los jóvenes y a todos los grupos marginados; y hacer de nuestras democracias maquinarias innovadoras y proactivas ante sus desafíos emergentes.

El pronóstico de Guterres contrasta con el de IDEA Internacional de noviembre pasado, denominado El Estado Global de la Democracia; explorando la resiliencia democrática, en el que la institución afirma con optimismo desbordado que no todo va tan mal y que los regímenes democráticos son ahora muchos más que nunca y que los retrocesos son menores y no son para alarmarse.

El estudio de IDEA, que a pesar de todo hay que estudiar, se formó revisando las democracias del mundo entre 1975 y 2015 con una metodología particular sustentada fundamentalmente en unos llamados “índices del estado global de la democracia”, creados ex profeso, articulados en cinco ejes básicos: democracia representativa, derechos fundamentales, contrapesos frente al gobierno, administración pública imparcial y participación ciudadana.

En algún apartado, el informe de IDEA afirma que las decenas de libros y estudios de los últimos dos o tres lustros que analizan y se duelen del estado de alto riesgo de las democracias modernas, en realidad están basados en malas metodologías y que sólo atienden eventos o coyunturas negativas recientes y que por lo tanto son análisis desbalanceados.

Quizá lo más interesante del informe, que se presenta por primera vez y que se seguirá realizando anualmente, es que se reconoce expresamente un alegato que he presentado en estas mismas páginas desde julio de 2014 sobre las nuevas legitimidades democráticas: que la legitimidad de acceso, la electoral, ya no alcanza como basamento unívoco de la democracia contemporánea; y que ahora es indispensable fortalecer la legitimidad de salida, la de la transparencia, rendición de cuentas, y de proveeduría oportuna y suficiente de los bienes y servicios públicos por los que el Estado moderno fue concebido. Es decir, ahora hay que garantizar una sola cosa: resultados, resultados y más resultados. ¡Felices fiestas patrias!

 


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@ElConsultor2

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