El tesoro del desperdicio - José Carlos Castañeda | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 14 de Septiembre, 2018
El tesoro del desperdicio | La Crónica de Hoy

El tesoro del desperdicio

José Carlos Castañeda

En el siglo XIX, los pasajes de París fueron el escaparate donde la moda y el vagabundo encontraron su punto de coincidencia. Dos experiencias que nacen de la mano, el transeúnte que encuentra su vagancia legitimada en los continuos recorridos a través de los laberintos del progreso, donde el cambio es la única certeza y la incertidumbre el reloj más preciso; y el modista que se convierte en muralista de las vitrinas parisinas. Sus diseños imponen el ritmo de lo actual, de lo moderno. Son el anhelo de quienes circulan por las callejuelas.

Walter Benjamin estudió esos encuentros que transformaron al paseante callejero en un detective de la vida cotidiana, capaz de documentar la velocidad de los cambios y de ilustrar con su indigencia, la novedad de un siglo marcado por el despilfarro, lo efímero y la inmundicia. En medio de ese paisaje de mercancías que pasan de mano en mano para desaparecer en los reinos perdidos de un gran abismo. El lugar donde todos esos objetos terminan es el mar. El 70% del plástico descansa en el fondo del océano y cada año 13 millones de toneladas desembocan en el oleaje. Con frecuencia, las noticias reportan otra ballena más que aparece en la costa con 18 kilos de plástico en el estómago.

Acaba de publicarse un nuevo libro de Antonio Muñoz Molina, titulado Un andar solitario entre la gente. Su lectura ofrece la posibilidad de disfrutar una de las prosas más exquisitas del idioma español, pero además esta obra está compuesta como un juego literario muy atractivo para quienes gustan de leer crónica, ensayo o reflexiones de un talante crítico y temerario. El libro está formado de pasajes breves de un instante cotidiano. La inspiración de este ejercicio narrativo está en autores como Benjamin y su nostalgia de los pasajes, de Quincey y sus paseos melancólicos, Poe y su hombre entre las multitudes o Baudelaire y su fotografía de París.

Salir a la calle y leer en voz alta los anuncios que inundan la vista. Escuchar las voces que acompañan tus pasos al recorrer las calles de una gran ciudad, donde percibe la evidencia de “un nexo entre el desecho material y el desecho verbal de la publicidad”. Entre las diversas reflexiones que componen el mosaico de este espléndido conjunto de textos, hay una que describe una situación dramática, que supera nuestra conciencia del problema y oculta una imagen amarga.

“Quien se fije en él se dará cuenta que va recogiendo cosas por la calle. Camina con una actitud como de alerta furtiva, como el indigente digno que mira a su alrededor un momento antes de ponerse a escarbar en una papeleta o de asomarse a un contenedor de basura. Se inclina rápido para recoger algo del suelo, algo que examina antes de guardárselo en un bolsillo del pantalón, de la chaqueta, siempre con los bolsillos colgantes de guardar tantas cosas…”

Vivimos inmersos en una cultura del desperdicio. Las cosas caducan demasiado pronto. Estamos rodeados por un enorme tiradero de miles de objetos prescindibles. En esos imponentes contenedores de despojos se conserva lo inútil. Aquello que sobra, el residuo de la existencia. Las montañas de basura serán nuestro legado, concluye Muñoz Molina con un tono de advertencia.

Nos hemos acostumbrado a tirar cualquier objeto, cuando el mercado te invita a sustituirlo por mejor o simplemente más nuevo. “Fabricamos una cosa que va a durar mil años para usarla cinco minutos”. Hace algunos años a este comportamiento se le denominaba consumismo, pero es mucho más que eso. El fenómeno entraña una concepción del tiempo: sentir que el cambio es por definición positivo, un avance continuo. “La idea de que este mundo, basado en la novedad permanente, no es sostenible porque lo único que produce es basura, ansiedad y ruido”.

 

Twitter: @ccastanedaf4

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