La poesía en el epicentro de la tragedia | La Crónica de Hoy
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La poesía en el epicentro de la tragedia

Después del sismo del 85, los poetas denunciaron el rencor de la población contra el gobierno, señala Roberto López M.

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Maestro de la experimentación, Roberto López Moreno (Chiapas, 1942) ha volteado a las literaturas, los sonidos y lenguajes de México y América Latina, esa parte del mundo que otros rechazan, por “subdesarrollado”, pero que Roberto ha convertido en su universo, en esa inquietud de que la poesía es también crítica social. En el año 2015 publicó el libro La pupila y la entraña (El Ala de la Iguana/Grupo Cultural Xilote) para recordar los 30 años del terremoto que sacudió la Ciudad de México en 1985 y que hoy, tras el temblor del 2017, cobra nuevo valor. Por ello, conversamos con él.  

Este libro lo coordinó junto con el poeta Miguel Ángel Aguilar Huerta. En él, recuperan parte del trabajo fotográfico y periodístico de Ricardo G. Magaña, Adolfo González Riande, Enrique Leduc Reyes y del propio Roberto, quien en ese tiempo reporteaba para un diario capitalino. Pero, ¿por qué recuperar visual y poéticamente el terremoto de 1985? “En aquel entonces la tremenda tragedia sísmica azotó la materia y las almas de los habitantes de la Ciudad de México y de muchas otras partes de la república. El fenómeno geológico arrebató vidas y patrimonios, pero… en medio de la ciudad derrumbada flotaba un ambiente de reproche, ¿a quién?, ¿a la naturaleza?, no, había el hondo resentimiento hacia un gobierno irresponsable, el que tenía gran parte de la culpa del desastre. Esto se adivinaba entre las ruinas y los cadáveres.

“Se tenía rencor, pero no a la naturaleza, sino que se intuía que la mayor parte de lo sucedido había sido por culpa de una mala administración del país. Así nos lo hicieron sentir los fotógrafos que captaron el derrumbe y los poetas que lo denunciaron con su tinta. Ese rencor quedó latiendo, vivo”.

Pero el libro no sólo contiene el testimonio fotográfico de la tragedia, que tanto y más se parece a la vivida en 2017, sino que estos poetas convocaron a otros para escribir sobre lo sucedido hace más de 30 años. “A los 33 años de aquel suceso sentimos que la degradación de los poderes rectores del país había ido en aumento y quisimos saber qué sentían los poetas de ahora, con qué lenguaje se referían en nuestro ahora a aquel hecho. De ahí surgió la idea de este libro, que reúne poemas del grupo Juntaversos, encabezados por Saúl Ibargoyen y de otros poetas como Enrique González Rojo, Leticia Luna, Marisol Gutiérrez Garduño, entre muchos más”.

Pero, ¿qué tipo de poetas escriben en La pupila y la entraña? López Moreno no dudó en decir que Juntaversos son “los poetas independientes, en quienes creemos que es en donde coexiste la poesía sin compromisos con instancias corruptoras; este grupo en especial, es uno de los más antiguos en nuestro medio, que ha mantenido una plausible disciplina en su trabajo, disciplina que los ha conservado unidos, con respeto a las individualidades que lo integran”.

Al preguntarle sobre qué diferencias y semejanzas observa entre ambas tragedias (1985 y 2017) dijo que “vemos una vez más que las altas autoridades del país aprenden, pero muy lentamente. Las autoridades han leído algunas partes de la Biblia y uno que otro libro más. Entonces el asunto redunda en que hay que enseñar a leer y fomentar el amor a la lectura a quienes rigen al país. Por ello, la importancia de este libro, el cual va en dos direcciones: el periodismo vive del pulso del momento, lo sustrae, lo reinterpreta, lo comunica a la sociedad, la poesía se nutre de tal electricidad, conversa así en un lenguaje abstracto que lo universaliza con determinación de hondura”.

En el libro, Tlatelolco es el epicentro y símbolo nacional en el que los poetas y Roberto reconstruyen la historia pasada y presente. Lugar que no sólo evoca el temblor del 85, sino también el movimiento estudiantil de 1968, sobre esto mencionó que “justamente en la introducción de este libro me refiero a que las grandes tragedias nacionales se escenifican en Tlatelolco (recuérdese que fue ahí la rendición de Cuauh­témoc, la catástrofe de toda una civilización) porque yo creo que los grandes dioses de la piedra herida están enojados con Tlatelolco, porque ahí permitió el Tlatoani Moctezuma que los españoles celebraran la primera misa a sus dioses de yeso. Los dioses primeros están enojados con Tlatelolco”, concluyó.  

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