Linchamientos y noticias falsas - Wendy Garrido Granada | La Crónica de Hoy
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Linchamientos y noticias falsas

Wendy Garrido Granada

Las noticias falsas, la desinformación y la falta de verificación han sido el combustible que ha provocado el linchamiento de cinco personas por hordas de pobladores en los últimos meses.

Un mensaje, que circuló en distintos estados alertando sobre todo a padres de familia y maestros de escuelas de nivel básico y medio de “una plaga de robachicos” dedicados al tráfico de órganos, provocó un contagio viral de indignación y desinformación. A tal grado que las Fiscalías de Puebla, Jalisco, Tamaulipas, Yucatán, Durango e Hidalgo tuvieron que emitir comunicados para desmentir ese mensaje y otros parecidos.

Sin embargo, los desmentidos oficiales llegaron tarde a Aca­tlán, Puebla, y no evitaron que dos hombres totalmente inocentes fueran asesinados por una turba que creyó en rumores atizados por un Facebook Live de un poblador y los mensajes de WhatsApp que recibieron decenas de personas que incitaban a congregarse afuera de la comandancia municipal para “evitar que siguieran robando niños”.

Los pobladores sacaron de la propia comandancia a Ricardo Flores Rodríguez, de 22 años,  y Alberto Flores Morales, de 53, quienes fueron detenidos por ingerir bebidas alcohólicas afuera de una escuela y fueron golpeados y quemados vivos acusados de secuestro.

En Tula, Hidalgo, fue asesinada y quemada una pareja bajo la misma lógica de que eran secuestradores de menores y un hombre de 24 años fue brutalmente golpeado y asesinado por “intentar robar un niño”, en el pueblo de San Mateo Tlaltenango, en Cuajimalpa.

Los tres casos fueron alimentados por la histeria colectiva y por la facilidad de las redes sociales para esparcirla. El mensaje escrito en diversas formas pero bajo la misma premisa: secuestradores y tráfico de órganos fue la dinamita que hizo que murieran cinco personas inocentes y los pobladores se convirtieran en una horda de asesinos.

En México,  la inseguridad, la impunidad y la desaparición de las personas —hechos, por desgracia, cotidianos— provocan casos lamentables e indignantes como éstos, pero también llaman a una reflexión mucho más profunda de nuestra forma de consumir información,  de usar las redes sociales y de la procuración de justicia.

¿Por qué las personas reaccionan ante un mensaje de esas características de forma violenta? ¿Por qué la ira por la falta de justicia y el miedo constante de actos delictivos son parte del entramado que desata que México sea un país donde los linchamientos sean comunes? Hay al menos 13 al año.

¿Cuáles son los motivos de esa sobrerreacción de los pobladores para “hacer justicia bajo propia mano”, pero que irónicamente termina en un acto injusto, matando a inocentes y violando los derechos humanos y la presunción de inocencia?

¿Cómo los evitamos? Actualmente existen protocolos de actuación para las autoridades, pero muchas veces son ignorados, como en Acatlán, Puebla, donde no fueron seguidos por parte de la policía municipal, lo cual provocó que los pobladores entraran hasta las instalaciones donde estaban resguardados los “sospechosos”.

También está la forma en que las personas se informan. Si antes se creía que las redes sociales podían sustituir a los medios de comunicación, las fake news han demostrado que al contrario, el periodismo tiene que fortalecerse y comenzar a permear en las nuevas tecnologías para que las personas aprendan a compartir información totalmente verificada.

Se necesitan más medios que emprendan la ardua tarea de ayudar a verificar parte de ese cúmulo de información que se comparte. Sólo de esa forma las personas volverán a consumir los medios de comunicación serios y confiables. Y sobre todo, obliga a los ciudadanos a reportar y no compartir publicaciones que no cumpla con las características básicas: qué, quién, cuándo, dónde, por qué y cómo.

 


@wendygarridog
wengarrido@gmail.com

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