La corrupción en México, ¿se terminará con el nuevo gobierno? - Maria Elena Álvarez de Vicencio | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 23 de Septiembre, 2018
La corrupción en México, ¿se terminará con el nuevo gobierno? | La Crónica de Hoy

La corrupción en México, ¿se terminará con el nuevo gobierno?

Maria Elena Álvarez de Vicencio

La corrupción en la administración pública se entiende como la apropiación  de lo público para beneficio privado, en la que participan, en distinta medida y responsabilidad, los servidores públicos.

En el transcurso de nuestra historia, para combatir la corrupción se han aprobado normas, reglas y leyes que definen los  preceptos éticos a cumplir y las modalidades con que se sancionará su incumplimiento. Pese a ello nuestro país alcanzó niveles de corrupción que lo colocan entre los más corruptos.

En el devenir de los sexenios los presidentes en turno han expresado el propósito de eliminar el flagelo de la corrupción. Se aprueban nuevas leyes, se sancionan algunas faltas menores, pero el flagelo lejos de disminuir ha tenido aumentos potenciales. El sexenio que está por terminar no ha sido la excepción, tanto en la aparición de hechos corruptos como en el propósito de elaborar leyes que los contengan. Se propuso no sólo hacer una ley sino crear un Sistema Nacional Anticorrupción que se pensó sería, “ahora sí”, la solución definitiva.

Desgraciadamente el propósito no llegó a su fin. Se elaboró el texto de la ley, se fueron dando los pasos y los nombramientos requeridos para su aplicación y sucedió la inesperado. Al nombrar al fiscal, que sería la cereza del pastel y pieza clave para el cabal cumplimiento y funcionamiento del Sistema, no ha sido posible ponerse de acuerdo ­para que tal nombramiento responda al propósito de la Ley. Las candidaturas propuestas no han dado a los responsables de su aprobación, la certidumbre de que alguna sería el Fiscal que el sistema requiere. Ante esta realidad los ilícitos se han de­sarrollado con toda libertad y amplitud y tal vez  superen los niveles anteriores.

Con la modernidad se secularizó la ciencia política y desapareció la justicia ético-religiosa del Estado. El tema dominante fue la distribución del poder entre la autoridad y el pueblo; la filosofía y la ciencia se unieron para buscar, sólo con la razón, una concepción natural del mundo. La autoridad ya no tiene origen divino, surge de la voluntad de los hombres que la establecen a través de un contrato. Cada persona hace lo que cree conveniente para mantenerse en el poder. A través de los años se concluyó la separación entre ética privada y ética política, por eso encontramos gobernantes que en su vida privada tienen un comportamiento ejemplar pero en la administración de su cargo de gobierno se rigen por otras normas; pueden apropiarse de lo que pertenece al pueblo y no se inquietan sus conciencias.

Desde 1800 se ha tratado de rectificar y establecer que la política debe subordinarse a la moral y que en caso de conflicto ésta debe ser privilegiada. Pero como no es fácil tener la disposición personal de hacerlo, la forma de lograrlo sería a través de las leyes.

En México el cumplimiento de las normas no es prioritario. Es uno de los países en el que el Estado de Derecho no es respetado y se ha de­sarrollado gran habilidad para violar las leyes sin padecer consecuencias.

El Presidente electo se ha propuesto, y ha ofrecido, acabar con la corrupción; será que tiene una gran confianza en que todo el personal de sus equipos va a tener un comportamiento intachable, apegado siempre a Derecho y también estará decidido a sancionar cualquier violación a las normas que pudiera ocurrir, sin importar quién haya sido el responsable de cometerla. Eso esperamos.

Andrés Serra Rojas en su obra Historia de las Ideas e Instituciones Políticas afirmó: …“si la fuerza moral, la energía y la perseverancia  faltan, en ese pueblo jamás podrá prosperar el Derecho.” Esperamos que el nuevo presidente sí lo pueda lograr.

 


Doctora en Ciencias Políticas
melenavicencio@hotmail.com

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