La huella del cáncer de mama que la hizo pelearse con el espejo | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 02 de Octubre, 2018

La huella del cáncer de mama que la hizo pelearse con el espejo

Las mujeres se ven al menos tres veces al día al espejo, Julieta, no, lo evade con dolor. Es la secuela que le dejó ir al quirófano y despertar rodeada de especialistas discutiendo la ruta a seguir luego de la masectomía que le habían practicado para salvar su vida.

  • cronica.com.mx
  • cronica.com.mx

Cualquier mujer se mira al espejo por lo menos tres veces al día. Julieta no. Ella le sonríe a la vida y alienta a sus compañeras a seguir adelante, a luchar, a no dejarse vencer…. pero está peleada con su reflejo. “¡A ti no te quiero ver!”, es lo que piensa, cuando relata que desde el 2013 —cuando fue diagnosticada de cáncer de mama— dejó de verse al espejo, no quería mirarse, se negaba a ver lo que quedó de ella después de la masectomía a la que fue sometida.

Julieta Hengst González, tiene 62 años, platica con Crónica, comparte que nunca se casó y no tiene hijos, y prácticamente se enfrentó a la adversidad sola, “porque cuando fui diagnosticada, un familiar muy cercano, me dijo: ‘mmm ya no te queda mucho, ya para qué…’. El comentario lo tomó como un reto para demostrar que podría vencer el cáncer.

Sin mucho tiempo para reaccionar, cuenta a este diario, que todo fue muy rápido casi sin entender lo que estaba pasando, ni a lo que se estaba enfrentando”.

Un día se estaba bañando y detecta una bolita en su mama, sin dinero para ir a un hospital particular, acudió al Hospital Civil de Guadalajara, donde la oncóloga le advirtió el riesgo de que fuera cáncer, por lo grande (cinco centímetros), y al cual no era posible hacerle una biopsia.

Luego de una serie de estudios para ver si no tenía cáncer en alguna otra parte del cuerpo, una semana después, fue operada. Entró a quirófano sin saber que una de sus mamas sería extirpada. Cuando despertó de la anestesia, “ahí si me asusté, porque cuando desperté había mucha gente a mi alrededor, y dije, a caray, esto ya es malo”.

Rodeada de un equipo multidisciplinario de oncólogos, psicólogos, nutriólogos, comenzaron a hablarle de la alimentación, la reconstrucción mamaria, y los tratamientos que estaban por venir.

“Al principio yo no quería saber nada del programa de reconstrucción… Sí, ví mi cicatriz, y es algo muy doloroso, no te puedo decir lo que se siente verte incompleta, ver esa cicatriz tan impresionante, sientes como si no fueras tu… todavía es muy difícil, es algo a lo que no he logrado afrontar... paso junto a un espejo y me volteo”.

Tenemos un programa en donde nos están enseñando a platicarle al espejo, y no… yo no me animo a platicarle al espejo. No, yo todavía estoy peleada con el espejo, desde la primera vez que me vi pelona…

Con orgullo, adopta una postura completamente erguida, sonríe y sus ojos color miel brillan, y presume sus pechos que se adivinan firmes debajo de la blusa negra que usa y dice que se siente bien.

Sin embargo, después de cinco años, todavía no logra esa reconciliación con el espejo, aunque confiesa, que en definitiva, es lo mejor que ha vivido después de tener que sentir su cuerpo mutilado durante dos años, y tener que usar una almohada con alpiste, que lastima la cicatriz y que hace que duela más, porque no te hacen la reconstrucción luego luego después de la masectomía. Tienen que pasar tiempo y chequeos para ver que no ha brotado el cáncer en otra parte del cuerpo, y hasta después, entonces sí, viene la reconstrucción y todo ese tiempo, pues no puedes ir a balnearios, ni usar blusas bonitas, no te dan ganas ni de salir a la calle, no tienes ganas de nada y es muy difícil salir adelante.

Doña Julieta tiene una nueva razón de ser y de vivir, ayudar a las mujeres que, como ella, son sobrevivientes de cáncer de mama. Se ha hecho voluntaria del hospital que le tendió la mano, cuando sin contar con recursos afrontó este mal y que ahora tiene una nueva oportunidad de vida… Después de 8 quimioterapias, 25 radioterapias, 10 vacunas para prevenir el cáncer en los huesos, además de cinco años de medicamento ingerido —que le ha dejado bastante afectada su garganta—, doña Julieta confía en que un día logrará volver a ver su reflejo completo en un espejo.

Imprimir