Drew Brees… La vuelta que cambió la historia | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 09 de Octubre, 2018

Drew Brees… La vuelta que cambió la historia

Cuando el ahora máximo pasador en la historia de la NFL llegó a Nueva Orleans aquella tarde de marzo de 2006, se encontró con una ciudad devastada por el paso del huracán Katrina. Sean Payton, recién nombrado head coach de los Santos creyó que las condiciones en que se encontraba la ciudad jugarían un papel decisivo en contra para aceptar el puesto de quarterback… Fue todo lo contrario

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El quarterback de los Santos de Nueva Orleans, Drew Brees, ha asegurado que durante muchos años se siga hablando de él en la NFL y en cualquier lugar donde se hable de futbol americano. Su trayectoria de 18 temporadas, incluyendo esta, será recordada, aunque en el futuro los récords que ahora posee lleguen a ser superados, algo que sucederá inexorablemente. Pero quizá, lo único que nunca podrá ser eclipsada es su historia, la forma en que se vinculó para siempre con Nueva Orleans, la ciudad, y lo que significa que esa historia, “su historia”, merezca ser contada.

Aunque para muchos parezca una exageración, Brees, a quien tuve la oportunidad de entrevistar en aquel día de prensa previo al Superbowl XLIV en Miami en medio de empujones y jalones, no atribuye a sus condiciones y entereza el éxito de su carrera, sino a algo más allá del entendimiento humano, casi a una conexión con lo desconocido. Así no los dijo...

No deja de sorprender la declaración, más aún porque quien lo dice se muestra convencido de que su éxito en una de las ligas más competitivas del mundo se debe a fuerzas más allá de lo que puede explicar el raciocinio. Drew Brees, el pasador de los Santos de Nueva Orleans, convertido sin duda en una de las más fulgurantes estrellas de la NFL, asegura que ha sentido la presencia de su madre, quien falleció hace ocho años, y que ha sido esa fuerza la que lo ha proyectado más allá de sus capacidades reales.

Y es que las explicaciones sobre su relación con su madre, Mina, quien se suicidó en agosto del 2009, justo antes de comenzar la temporada regular de la NFL, es de lo que menos deseaba hablar antes de aquel crucial juego, el juego de su vida, el Superbowl XLIV y donde se impuso a quien ya en esos días era considerado una leyenda, Peyton Manning, el hombre a quien arrebató hace dos noches el récord de más yardas por pase en la historia de la NFL.

Entre Brees y su madre hubo un rompimiento de cerca de 10 años, y apenas en los meses previos a su muerte habían comenzado a tener una mejor relación. Es un tema del que prefiere no hablar, pero dice que sintió “la presencia de su espíritu toda esa inolvidable temporada del 2009”.

“Ha sido una fuerza que he sentido, me ha inspirado, a lo largo de la temporada siento que eso me ha ayudado enormemente y me ha motivado” aseguraba el líder de los Santos, quien a su vez había sido la inspiración para sus compañeros de equipo.

EN CONEXIÓN. De hecho, lo que más tuvo aquel año el equipo de los Santos fue “espíritu”, debido a que eran el equipo de la ciudad que fue devastada por el Katrina en 2005.

Brees aún recuerda el capítulo de su primera visita a la ciudad, tras firmar como agente libre en el 2006, cuando Sean Payton, el entrenador en jefe de los Santos se perdió en la ciudad totalmente destrozada y cubierta por lodo en muchas partes.

“Yo sé que las cosas pasan por alguna razón —me dijo Brees en el día de prensa a pregunta expresa antes de aquel Superbowl en Miami—, las más de las veces es Dios quien te pone en una posición en la que te preguntas ¿por qué me está pasando esto a mi? Y sigues sin saber cuál es la razón por la que pasan las cosas, pero tienes que saber que a veces es para ser más fuerte y para tener la oportunidad de conseguir algo que cambiará tu vida más adelante”.

Los Santos llegaron a su primer Superbowl en 44 años de la mano de un hombre profundamente religioso y que se siente en casa en un lugar que fue duramente azotado por la naturaleza, y que fue capaz, además, de llevarlos a lo que sería el equivalente a “la tierra prometida”.

Brees llegó como una casualidad a Nueva Orleans. Durante su paso en el college, reescribió el libro de récords con Purdue, y fue contratado por los Cargadores, quienes sin embargo en el draft del 2004 decidieron contratar como su primera selección a Phillip Rivers y darle el puesto de abridor para el 2006, mientras Brees iba a cirugía y más tarde lo dejaron libre.

DESTINO. Con la necesidad de ser operado del hombro, fue dejado libre por los Cargadores al final del 2005 y sólo dos equipos hicieron ofertas reales por él: Los Delfines y los Santos y estos últimos pusieron sobre la mesa un contrato de seis años y 60 millones de dólares.

“Los doctores me habían dicho que tenía un 25% de posibilidades de regresar y jugar –señaló en su día- fue un momento muy importante en mi vida y fue lo que me trajo finalmente a Nueva Orleans, con el sentimiento de que había un llamado para mí, de alguien que me necesitaba y allí tuve la oportunidad de ser parte de la ciudad y trabajar en su reorganización y la comunidad”.

Brees, quien es hasta cierto punto tímido, sonriente y amable al contestar, asegura que “fue mi oportunidad, algo que no le pasa a mucha gente en toda su vida, era mucho más que el futbol americano, siento que era mi destino tener esta experiencia de vida increíble”.

Desde su llegada a los Santos, Brees ha sido uno de los mejores pasadores de la NFL. En el periodo de cuatro años que transcurrieron entre su llegada y el Superbowl, pasó más yardas que ningún otro jugador en la historia: 18,298. En la campaña del 2010 impuso el récord del más alto porcentaje de pases completos con el 70.65, mientras comandaba a la ofensiva más anotadora de la liga. Ocho años después es el Maestro del Aire, tiene más yardas por pase que nadie en la historia de la NFL luego de 17 temporadas y casi 13 con los Santos, y ha completado más pases que nadie. La semana próxima se convertirá sin duda en el cuarto quarterback de la historia en conseguir más de 500 pases de touchdown en su carrera, al lado de Peyton Manning, Brett Favre y Tom Brady.

Es una curiosidad que para llegar a aquel Superbowl del 2010, tuvo que derrotar a los dos hombres que recién superó, primero, en la final de la Conferencia Nacional a Favre en tiempo extra, el hombre que comandaba a los Vikingos de Minnesota y quien quedó atrás con un pase de anotación el lunes y posteriormente a Manning a quien derrotó en el juego de Campeonato de la NFL y que era el máximo pasador hasta antes de su envío de 62 yardas para establecer la nueva marca y quien es hijo de Archie Manning, el jugador más famoso en la historia de los Santos antes de él mismo.

Pero no sólo es un gran jugador, también es un extraordinario ser humano, su fundación reunió casi dos millones de dólares para darlos a la ciudad como ayuda. Cientos de fanáticos de los Santos que tienen pases de temporada desde 1967 han agradecido a Brees con los ojos llenos de lágrimas, por hacer su sueño realidad, de haber visto a su equipo en el Superbowl.

“No sólo ha sido una larga espera por el tiempo, sino incluso después de la recuperación de la ciudad, llegar a estas alturas tiene un doble significado”, nos decía en aquella ocasión Brees casi con modestia. “Creo que Dios me ha dado la oportunidad de darles más que esperanza, realzar sus espíritus y regalarles eso por lo que han esperado casi una vida…”

 

Con el corazón partido…

Archie Manning seguro habrá contenido las lágrimas por la derrota de su hijo Peyton en aquel Superbowl del 2010, que como quiera que sea, ya había ganado otro título tres años antes…

Seguro que su corazón, partido en dos mitades, latía felizmente al ver que el equipo por el que dejó toda su carrera en la NFL, y que no pudo llevar a esas alturas a pesar de esos 13 años entregado pero abatido por las circunstancias, terminaba con un ciclo de 43 años sin poder lograr alzarse como campeón de la liga.

“En la vida la victoria no es lo más importante, es lo único”, dice aquella frase acuñada y acreditada a Vince Lombardi, en cuya memoria se nombra el trofeo de campeón de la NFL; el legendario entrenador en jefe decía que los verdaderos valores de la vida son la honestidad, el sacrificio y la humildad, los Manning lo saben, lo sabían, y tenían claro que una de las dos mitades iba a perder…

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