Memorias de la ira, un testimonio de la violencia contra indígenas peruanos | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 11 de Octubre, 2018

Memorias de la ira, un testimonio de la violencia contra indígenas peruanos

La exposición presenta 31 tablas creadas por la comunidad Sarhua, en las cuales narran las vejaciones que les infringieron los militares y Sendero Luminoso. La muestra abre hoy en el MACG.

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La violencia que vivió la comunidad indígena de Sarhua, ubicada al sur de Perú, por parte de militares y del grupo Sendero Luminoso durante los años 80 del siglo pasado, será expuesta a través de 31 tablas pintadas por los indígenas de esa región y será la primera vez que dicho arte se mostrará, ya que estuvo resguardado en Estados Unidos y hace dos años fue donado a Perú, sin embargo, a principios de 2018 fue sometido a investigación por supuesta incitación al terrorismo.

Las tablas de Sarhua son parte de la exposición Memorias de la ira, en el Museo de Arte Carrillo Gil, la cual permanecerá hasta el 10 de febrero de 2019 junto con más de 100 piezas procedentes del Museo de Arte de Lima (Mali).

Recordar el tema de la violencia es para la curadora Sharon Lerner, un ejercicio de memoria histórica. “Para que no se repita y es para aquellas sociedades que no pueden discutir ni pensar sobre los hechos de su historia reciente”, señaló.

El discurso de que la violencia se acabó y que las heridas están cerradas, es equivocado, dijo Lerner y como ejemplo contó que las tablas de Sarhua no se han expuesto aun en Perú porque en la aduana fueron detenidas por ser consideradas una analogía del terrorismo.

“Las tablas salieron del país en los años 90 y fueron recogidas por una asociación civil en Estados Unidos, entonces hace dos años decidieron donarlas al Mali y en el momento en que las importamos, un agente de la aduana vio las iconografías y vio las banderitas de la hoz con el martillo y pensó que era una apología del senderismo, entonces las detuvieron. Se armó un escándalo espantoso en Lima, pero eso da cuenta de que aun son temas a flor de piel”, comentó.

Las 31 tablas salieron de Perú por el temor de represalias hacia los indígenas sarhuinos, en donde se registró el mayor índice de violencia durante el conflicto armado de 1980 al 2000.

“Sarhua tiene una tradición pictórica muy particular: la tradición de las tablas pintadas. Los sarhuinos siguen la minka, es decir, que cuando construyen su casa, un amigo o ser querido les pinta una tabla que se coloca como una viga en el techo y esa tabla los acompañará siempre. Esta tradición se transformó en el siglo XX cuando en Sarhua empezaron a pintar tablas para ofrecerlas como artesanía”, detalló Sharon Lerner.

Pero en los 90, la Asociación de Artistas Populares de Sarhua utilizó ese soporte tradicional para contar una historia de época: las incursiones de los senderistas y militares durante el conflicto armado peruano.

“Retratan la confusión de la comunidad respecto a quién es el culpable de la violencia que vivieron. La crónica que retratan estas 31 tablas se titulan Piraq Causa, que son dos palabras en quechua que significan ¿quién es causante? Los que terminaron siendo las víctimas fueron los campesinos, comuneros quechua hablantes y apolíticos”, detalló.

Algunas historias que se narran en las tablas son: el ingreso de los militares a Sarhua, la llegada de los senderistas, la destrucción de sus hogares, los ajusticiamientos, el reclutamiento de jóvenes, la imposición de desfilar con armas, el exilio y los asesinatos, por mencionar algunos.

CENIZAS EN CAJAS DE LECHE. La exposición Memorias de la ira incluye obra de Eduardo Villanes (Lima, 1967), artista peruano que protestó contra la amnistía que Alberto Fujimori ofreció al grupo paramilitar Colina, acusado de varias desapariciones forzadas.

Uno de los casos que indignó a Villanes, explicó la curadora, fue el de Cantuta: la desaparición de nueve estudiantes y un profesor de una universidad pública cuyos restos fueron hallados calcinados en las periferias de Lima.

“Los restos de los estudiantes fueron devueltos en cajas de leche evaporada, la marca de leche se llamaba Gloria. Entonces Villanes utilizó la caja de leche como un contenedor simbólico que nombró Gente evaporada. Con eso organizó una marcha e intervención en una de las avenidas más transitadas de Lima en donde escribió Evaporados con letras de cartón cortadas de las cajas de leche Gloria”, detalló Lerner.

Ese acto de protesta, añadió la curadora, ocasionó que Villanes saliera de Perú hacia Estados Unidos en calidad de exiliado y apenas, hace un par de años, regresó a su país natal.

Otra obra que se exhibe es Incautados, del fotógrafo Pablo Hare (Lima, 1972), quien reunió 700 portadas de libros confiscados a miembros de grupos guerrilleros de Perú durante los años 80.

“Hare se enteró de un pequeño museo de la Dirección Contra el Terrorismo (Dircote) que existió en Lima, fue a visitarlo y se dio cuenta que había muchos libros arrumbados, pidió permisos y decidió fotografiarlos. Se trata de todos los libros incautados hasta mediados de los 90 a presuntos miembros de Sendero Luminoso y de otros grupos terroristas”, señaló Lerner.

El artista peruano fotografió todas las carátulas, las imprimió y organizó como a manera de biblioteca: por autor y alfabéticamente. “Al ver las portadas te das cuenta que esos libros pudieron pertenecer a una biblioteca genérica de cualquier facultad de sociales porque no encontrarán una raíz de violencia y no son puros textos de izquierda”.

Memorias de la ira se exhibirá en el Museo de Arte Carrillo Gil (Av. Revolución 1608, San Ángel, CDMX) hasta el 10 de febrero de 2019. Costo: 50 pesos.

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