Consejos para el príncipe - José Carlos Castañeda | La Crónica de Hoy
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Consejos para el príncipe

José Carlos Castañeda

Una vez notificados por los medios oficiales de la nueva corte cómo será la comunicación estratégica de la próxima administración, en nada difiere a lo que ya hemos visto. Vale la pena hacer un par de consideraciones generales: la primera, quizá la más obvia, la prensa del corazón y los medios del entretenimiento son la fuente política más relevante y la más crítica. No sólo por su capacidad para difundir una noticia y generar un impacto real en sus audiencias, sino por su cobertura.

Ningún medio noticioso tiene el alcance que logran este tipo de publicaciones que suelen ser despreciadas por su frivolidad, pero cuando los políticos viven en medio del espectáculo, sería momento de preguntarnos por qué lo hacen. Nadie puede decir que no sabía lo que hacía, tampoco nadie puede negarle el derecho a hacerlo. En ambos casos, la duda está en cómo la política se entrecruza con el mundo del espectáculo para lograr transmitir un mensaje. ¿Cuál fue ese mensaje? Como decían los clásicos, el medio es el mensaje. ¡HOLA! Nunca más claro.

Ante la premura de las decisiones y el entusiasmo de su triunfo avasallador, sería conveniente que la próxima administración recuerde un consejo de los mejores estrategas que existen: los ajedrecistas. Lo que ellos hacen para ser mejores es encontrar cuáles son sus debilidades. Hoy ya conocemos muchas virtudes de los nuevos funcionarios, las han cacareado durante años. Sería bueno que se den un tiempo para entender cuáles son sus vulnerabilidades. Ya empezó el juego y cómo dijo T.S. Eliot: “la utilidad de Maquiavelo está en sus llamados perpetuos a examinar las debilidades y la impureza del alma”.

La esperanza es la principal causa de suicidio, aseguran algunos psicoanalistas; por eso es tan peligroso inflamar la ilusión del PUEBLO, con mayúsculas; frente a la euforia de las promesas, la realidad tiene el mal gusto de contradecirlas, contrariarlas o de plano frustrarlas. Como piensa André Comte-Sponville: “Si la vida no responde a nuestras esperanzas, no es culpa forzosamente de la vida: podrían ser nuestras esperanzas las que nos engañan desde el comienzo”. Nada más complejo para un gobierno que administrar el incumplimiento de sus propuestas. Maquiavelo decía: “quien introduzca un cambio en una ciudad no crea después poder detenerlo a su voluntad o regularlo a su modo”. Una vez en marcha, la transformación seguirá un curso inesperado. Tomará caminos azarosos y nadie, ni siquiera un presidente autoritario, puede estar seguro de que sus pasos irán al ritmo que él desea. El viaje está por comenzar, nadie esté seguro de cuál será el destino final.

Por lo pronto, las primeras acciones de la próxima administración dejan claro que la metáfora del escándalo es la que mejor explica los mecanismos de la comunicación política. Más allá del género rosa y del sensacionalismo, cuando se juega en la frontera de la vida privada, se renuncia a la intimidad. Ya ningún funcionario, lo que incluye al próximo Presidente, tiene derecho a ocultarse: está a la vista de todos. . Julio Scherer García lo escribió con sencillez: “Un político no tiene vida privada; una estrella del espectáculo, tampoco. No hay celebridad que pueda moverse con la ilusión del ejercicio tranquilo de su libertad.” Sus actos serán juzgados, también sus contradicciones. Han elevado tan alto el listón moral, que la caída sería muy grave.

Ya en los tiempos revolucionarios del siglo XIX, los debates sobre el sacrificio por la patria eran cosa de todos los días. Recuerdo el pasaje de una conversación entre dos famosos líderes socialistas: estar de acuerdo en los fines no es el dilema, la pregunta es cómo vamos a lograrlos:

En la conversación, Louis Blanc insertó una objeción concreta: Mientras los revolucionarios construyen el gran futuro, cómo hacemos para vivir el presente:

“—La vida humana es un gran deber social —dijo Louis Blanc—: el hombre debe sacrificarse siempre a la sociedad.

—¿Por qué? —Le pregunté de pronto.

—¿Cómo puede preguntar eso? Es claro que todo el propósito y toda la misión del hombre es el bienestar de la sociedad.

—Pero no lo alcanzaremos nunca si todos hacen sacrificios y nadie disfruta”.

 

Twitter: @ccastanedaf4

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