Con botargas y pelotas reprochan que no pueden convivir con sus hijos | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 12 de Octubre, 2018

Con botargas y pelotas reprochan que no pueden convivir con sus hijos

Es un movimiento de 20 mil padres, víctimas de la figura conocida como alienación parental: cuando uno de los progenitores manipula al menor en contra del otro y obstruye la convivencia.

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El dolor de estar separados de sus hijos, por discordias de pareja y vicios o corruptelas judiciales,  los llevó a las puertas del Tribunal Superior de Justicia de la CDMX. Llegaron a protestar con botargas y pelotas, en las cuales inscribieron el nombre de sus pequeños.

“Ya no podemos estar más tiempo sin nuestros chicos”, decía Alfredo Salomón quien, por enredos y dilaciones de la justicia, lleva cinco años sin ver a su hijo. El vacío lo inspiró a escribir un libro, dedicado a él: “Mijo tiene un dinosaurio: una de tantas historias de interferencia parental”. Se convirtió en promotor de un colectivo conocido como 1000 pelotas para ti, “con la idea de decirle a los niños: estamos luchando por ustedes”, acotaba Alicia Mendoza, cuyo sobrino se encuentra en medio de las balas de mamá y papá.

El movimiento ha crecido: a nivel nacional, agrupa ya a más de 20 mil padres, víctimas de la figura conocida como alienación parental: cuando uno de los progenitores —con o sin custodia legal— manipula al menor en contra del otro y obstruye la convivencia. Los afectados no sólo se enfrentan al látigo de la distancia, sino a incapacidades o dilaciones judiciales, falta de protocolos de atención y criterios discordantes durante los juicios de custodia o violencia familiar.

Conforme a los registros del grupo, 70 por ciento de los quejosos son hombres.

El reportero acompañó sus pasos en las calles. Ellos, con sus juguetes y sus atuendos de personajes fantásticos, “porque la idea es visibilizar nuestra angustia”, repetía Alfredo.

—¿La referencia a las pelotas se relaciona con la fuerza viril para luchar por los hijos? —se le preguntó.

—Sí se necesita tenerlas bien puestas, pero no va por ahí. El nombre es porque nos comenzamos a organizar antes del 30 de abril, Día del Niño, y el mensaje fue: no estamos con ustedes, pero queremos entregarles un regalo. Somos más varones, pero no es asunto de género. También hay mamás y abuelas peleando por la causa.

Las pelotas multicolores, con mensajes de añoranza, fueron depositadas en las jardineras frente al Tribunal. “Basta de jueces corruptos: Juzgado 17”, se leía en una. Los reproches se multiplicaban contra otros juzgados de lo familiar como 21, 27, 41, 13…

Policías y encargados de seguridad del recinto enloquecían…  “¿Qué hacemos con tantas pelotas?”, se escuchó decir por radio a uno de los uniformados.

Los protestantes lograron lo inimaginable. “Un representante de la presidencia los recibirá”, les dijeron.

Se organizó una pequeña comitiva, a la cual fue sumada Crónica. En el piso 12 de uno de los edificios del TSJ esperaba ya el magistrado Mario Armando Vázquez Galván, jefe de la oficina de presidencia.

En el encuentro, hubo confrontación, diálogos tensos y realidades lacerantes…

“Venimos a denunciar a juzgadores timoratos que evitan la convivencia de los padres con sus hijos, ya les promovimos denuncias ante el Consejo de la Judicatura”,  dijo de arranque Mario Alberto Aguirre, abogado de un grupo de padres.

—Verán a nuestra directora de Derechos Humanos el próximo martes… Tenemos sus documentos, vamos a revisarlos —respondió el magistrado, en un intento por acortar la reunión.

“Tengo 20 años litigando materia familiar, no es un juzgado en específico, hay algunos con violaciones más graves, pero el problema es general”, reviró otra de las defensoras: Valeria Ortiz.

Crónica tuvo oportunidad de cuestionar a Vázquez Galván:

—La Suprema Corte diseñó un protocolo de actuación para quienes imparten justicia en casos que involucran a niños y adolescentes, ¿por qué no se respeta?

—Vamos a verlo.

—Cada papá ha documentado diversas anomalías cometidas por los jueces, ¿qué hay de las sanciones?

—Los consejeros son los facultados para ver si hay una falta del juez y sancionarlo.

—¿Cuánto tardan estos procesos?

—Depende lo que diga la queja, las pruebas aportadas, pero no deben demorar años, unos 3 o 4 meses.

—Casos de este tipo ya inundan los juzgados, ¿tiene un registro de cuántos son?

—No sé.  

—¿Por qué la dilación?

—Por el volumen de trabajo.

—¿Qué hace el Tribunal para resolver la situación?

—En la medida de lo posible, resolver los asuntos. Es problema de familia, de la sociedad, la desintegración de la familia.

La alusión al conflicto familiar turbó a Carlos Angrigiani, otro de los padres:

—¿Sabe cuántos jueces o magistrados han sido sancionados en los últimos años? —preguntó a Vázquez.

—No tengo el dato…

—Es una cifra mínima, y los casos son un montón; se les conmutan las penas. La falta de integridad en el Tribunal la deben resolver ustedes, no nosotros, están cobrando dinero que sale de los impuestos ciudadanos, las excusas no caben. Lo que está en juego es la integridad superior de los niños. Si ustedes quieren seguir así, sólo tendrán una caída mayor en imagen. ¿Qué limitación tiene un doble turno para agilizar expedientes?

—Limitación presupuestal. Si usted supiera las carencias que tenemos de presupuesto. Es pedir y no dan.

“No importa cuántos nos quejemos, cuánto sufran los niños, lo que menos les importa es el sufrimiento de nuestros hijos, ya estamos cansados”, le dijo Octavio Maya.

“Llevo 2 años y siete meses sin mi hijo, él quiere estar conmigo, ¿cómo le explico que la ley o la ineficacia de un juez no lo permite?, reprobó Marisela Pedroza.

“Es necesario que los jueces sean evaluados al menos una vez al año, que les hagan el antidoping”,  pidió Alicia Mendoza.

Alfredo Salomón entregó al magistrado un ejemplar de su libro, y le expuso: “El problema es que los jueces se tardan en resolver, son tibios. Mi caso ha durado cinco años y nada”.

Vázquez bajó la mirada y, con una frase incompleta, cerró la charla:

—Tiene razón, pero…

Y las pelotas continuaban su rodar.

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