John Stephen Akhwari, ejemplo de espíritu deportivo | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 23 de Octubre, 2018

John Stephen Akhwari, ejemplo de espíritu deportivo

Terminar el maratón en el último sitio en condiciones de extremo dolor por las heridas sufridas durante la carrera, hizo del tanzano uno de los personajes ilustres de México 68.

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En una competencia es normal aplaudir el esfuerzo de todos aquellos que cruzan la línea de meta en primer plano. Pocas veces, casi nunca, se reconoce el esfuerzo de otros quienes pese a las circunstancias cumplen su objetivo aunque sea al final de la fila. John Stphen Akhwari fue uno de esos personajes que la historia del olimpismo recuerda por su valor y entereza de poder terminar la prueba de maratón en el último lugar en los Juegos Olímpicos de México 68.

La historia del fondista de Tanzania es digna de recordar a 50 años de la justa olímpica en nuestro país. Él no ganó una medalla. Pero, en la derrota y en el dolor, llegó a representar algo mucho más profundo y duradero que el que muchos deportistas logran en carreras ilustres: El reconocimiento al valor de poder terminar con todo y lesiones, cuando ya la mayoría de gente en el Estadio Olímpico Universitario se disponía a abandonar el inmueble.

Aproximadamente en el kilómetro 19 de la carrera de 42 kilómetros y 195 metros, ocurrió un choque entre algunos corredores, uno de los más afectados fue Akhwari, quien cayó y sufrió heridas en rodilla y hombro. Su pierna empezó a sangrar, y su rodilla aparentemente estaba dislocada. El personal médico acudió de inmediato a atenderle y lo instó a retirarse. Su respuesta fue un rotundo ¡No! Y siguió corriendo. En realidad, fue una mezcla entre caminar y cojear lento el resto de la carrera. Se sobrepuso a los calambres, a la altura de la Ciudad de México e incluso hasta el ser ignorado en su dolor y solitaria carrera.

A ese ritmo mantuvo intacto su objetivo. Y así, a poco más de una hora después de que entró el ganador, Mamo Wolde de Etiopía con registro de 2:20’26”, Akhwari, escoltado por la policía, que iluminaba su camino con las luces de las torretas, apareció vistiendo los colores de su país, con pantalón verde, camiseta amarilla y el dorsal número 36 en su pecho, a duras penas caminaba hacia la entrada del estadio arrastrando su pierna derecha vendada y sangrante.

MISIÓN CUMPLIDA. Akhwari terminó la carrera en 3:25’27” y en el sitio 57, resistiéndose a entrar en la lista de los 18 corredores que abandonaron. De forma agónica se desplomó y fue atendido por los servicios médicos, que lo llevaron inmediatamente al hospital.

El sol ya se había ocultado y sólo quedaban algunas personas en el inmueble de Ciudad Universitaria. Pero, cuando finalmente cruzó la línea de meta, se escuchó una ovación de la gente. Un equipo de televisión se desvió de una ceremonia de medallas y captó el agonizante final de este valiente hombre.

Se le preguntó por qué había continuado, y su respuesta ha pasado a la historia del deporte. “Mi país no me envió 5,000 millas para comenzar la carrera”, dijo. “Me enviaron 5,000 millas para terminar la carrera”.

Una vez recuperado de su descomunal esfuerzo, y siendo el protagonista indiscutible en la Villa Olímpica, volvió a ser cuestionado de la razón por la que no se retiró de la prueba. Su respuesta volvió a ser tan tajante como ejemplar: “Mis padres me dijeron que lo que uno empieza, hay que acabarlo”.

Akhwari había llegado a México como campeón de África en maratón y compitió al lado de los favoritos de la prueba como Abebe Bikila y uno de sus más fieles escuderos, Mamo Wolde. Bikila abandonó la prueba y le había dicho a Wolde, que debía honrar a su país con la victoria. El segundo sitio fue para el japonés Kenji Kimihara seguido del neozelandés Mike Ryan.

Akhwari se recuperó de sus heridas y continuó corriendo carreras de fondo. Quedó quinto lugar en 1970 en los Juegos de la Commonwealth. Se retiró en los Juegos Olímpicos de Moscú 80. En 1983 recibió la medalla al honor de su país, mientras su pasión por el atletismo continuaba intacta, se convirtió en entrenador de jóvenes valores y prestó su nombre a la Fundación de Atletismo John Stephen Akhwari, que apoya  a atletas tanzanos para que puedan participar en los Juegos Olímpicos. Alterna sus labores en el atletismo con su trabajo en el campo, en el huerto familiar, donde se encuentra en retiro con 80 años de edad.

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