Una probadita del pasado: la consulta pública - Carlos Matute González | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 26 de Octubre, 2018
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Una probadita del pasado: la consulta pública

Carlos Matute González

Inevitable. Por todos los medios quise eludir tratar el tema de la consulta pública al pueblo para que éste determine el esquema para solucionar los problemas de saturación aeronáutica del Valle de México. La decisión de fondo realmente no es técnica, pocos sabemos sobre el particular, más allá de lo que puede opinar un pasajero, lo que está sometido al escrutinio ciudadano es la visión del México del futuro.

Simplistamente, se pueden relacionar  las preguntas con dos proyectos: uno impulsado por quienes ven un México integrado al mundo como parte de la región norteamericana amplia y con una infraestructura competitiva a nivel global y otro añorada por quienes, por diversas causas, prefieren un desarrollo tradicional más vinculado con lógicas localistas, y menos expansivo. El Nuevo Aeropuerto Internacional de México sólo es suntuoso si este término significa ser como los que existen en Estados Unidos, Canadá, Europa Occidental, China y Japón, y que son indispensables para aumentar el trafico de mercancías y personas. Esto último para los primeros genera derrama económica y para los segundos desequilibrios sociales. Ambas visiones tienen defensores y detractores en la coalición del nuevo gobierno.

La cuestión a votación no se reduce a saber si el viajero que utiliza el avión tiene más o menos facilidades para hacerlo y a menor costo. No se trata de decidir si habrá más capacidad de recibir turistas. En realidad lo que se va a decidir es si queremos integrarnos a una economía globalizada o preferimos ser un satélite permanente de los centros de decisión económica. Estamos dispuestos a competir e integrarnos o preferimos aislarnos y conservar nuestros modos de vida. El nuevo aeropuerto es una oportunidad de fomentar una mentalidad social que permita reproducir el modelo de desarrollo integracionista en todas las regiones del país. Evidentemente, los macheteros de San Salvador Atenco representan lo ­contrario y han manifestado su oposición absoluta al nuevo aeropuerto.  

El parche de Santa Lucía al insuficiente aeropuerto de la Cd Mx, aderezado con el “diablito” del aeropuerto de Toluca, es un eje regional de aeropuertos producto de una ocurrencia derivada del oportunismo político y, por lo tanto, es un reflejo de lo que hemos sido en la construcción de infraestructura en el país.

El método de la acumulación de improvisaciones es aquel en que las escuelas se instalan en cualquier casa habilitada, los Centros Transferencia Modal se expanden sin orden en las avenidas, el transporte público masivo no crece y se deteriora aceleradamente. Esta forma de “planear” el desarrollo conduce a la extendida estrategia de patear  los problemas hacia el futuro, aplazando indefinidamente las soluciones de construir mejor los espacios públicos y privados. El aeropuerto tiene más de 30 años en proceso de construcción en nuestra imaginería social y algunos intentos fallidos y otros insuficientes como el paliativo de la actual Terminal Dos.

La consulta pública evidentemente no va a resolver los problemas técnicos o económicos existentes o futuros. Pretenderlo sería pedirle peras al olmo. Con esta lógica quienes manejan las votaciones van a decidir las limitaciones que quieren imponerse como nuevo gobierno.

Si deciden que gane el proyecto modernizador, entonces, sus cotos serán el pluralismo político y la racionalidad de las fuerzas económicas, pero si prefieren el proyecto de ser o volver a ser lo que hemos sido, desordenados y desidiosos, serán la voluntad del líder y la realidad caprichosa los factores que impongan los límites.

Los errores reconocidos de la consulta popular sobre estas opciones (los dos proyectos), como en aquella película hollywoodense de Volver al Futuro, está llevando a las nuevas generaciones, en un carro destartalado, a vivir en carne propia ese pasado autoritario en el que imperaban las elecciones amañadas y organizadas sólo para legitimar una decisión previamente tomada.

Los menores de 35 años van a tener la oportunidad de ver en vivo y en directo el acarreo de grupos en microbuses, la operación tamal, el carrusel, la urna embarazada, el relleno de urnas, el control de la casilla por el poder y todas las mañas bartlettianas y de sus compinches. Lo único que no va a suceder es que se caiga el sistema, porque éste ni siquiera se pudo levantar.

Como en el pasado los pequeños errores como el que la gente pueda votar múltiples veces  no van afectar, según los organizadores de esta tomadura de pelo social, la expresión “clara y contundente” del pueblo bueno que nunca se equivoca.

A pesar de todo, demos la bienvenida a la consulta ciudadana, porque permite anticipar al nuevo gobierno las inconveniencias de pretender legitimar decisiones propias de la autoridad en procesos poco transparentes. Bienvenida la oportunidad de corregir el rumbo antes de la  toma de posesión.

Tal vez se sorprendan cuando el resultado colateral más importante de este ejercicio sea que las nuevas generaciones conozcan este tipo de elecciones, que pueden calificarse de todo, menos de democráticas, y aprendan a repudiarlas.

 

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