Manejo sustentable de cuencas disminuiría los costos de potabilización en el Cutzamala | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 30 de Octubre, 2018

Manejo sustentable de cuencas disminuiría los costos de potabilización en el Cutzamala

De los altos gastos por bombear agua a la metrópoli, se podría destinar una parte para reducir su contaminación y pagos en su tratamiento, señala Lucía Madrid, de la organización CCMSS.

Manejo sustentable de cuencas disminuiría los costos de potabilización en el Cutzamala | La Crónica de Hoy
Píe de Foto: En la Cuenca Amanalco-Valle de Bravo, el CCMSS puso en marcha un programa de pago a los dueños del territorio por el buen manejo de sus recursos.

A inicios de la década de 1990, la ciudad de Nueva York se vio en el dilema de construir una gran planta de filtrado y potabilización para su agua. Antes de hacerlo, hizo un análisis de costo beneficio y optó por invertir el dinero de esa planta en un programa de pago por servicios ambientales para el manejo sustentable de los recursos naturales. Es decir, un pago no sólo para conservar pasivamente el bosque, sino para implementar planes de buen manejo de los sistemas productivos de ganadería, agricultura y forestería. Gracias a eso, las dos cuencas que le proveen agua —Catskills/Delaware y Croton— están en perfecto estado de conservación y proveen agua limpia a millones de personas.

Nueva York se promociona como el sistema de agua potable no filtrada más grande del mundo. Entregan agua potable tras pasarla por un sistema muy sencillo de rayos ultravioleta. No necesita plantas con complejos y costosos sistemas de filtración como las que se están utilizando en México.

De acuerdo con datos oficiales, en el país se gastan anualmente alrededor de siete mil 700 millones de pesos en abastecer de agua a la metrópoli, de los cuales sólo mil 600 millones de pesos corresponden a electricidad. Dentro de este costo de operación se contempla el de potabilización, que tan sólo en la compra de sulfato de aluminio —químico que se utiliza para precipitar los sólidos en la planta potabilizadora— sumó en los últimos seis años alrededor de 300 millones de pesos, señala el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible (CCMSS), que ha replicado el modelo de manejo de cuenca de Nueva York en la Cuenca de Amanalco-Valle de Bravo, donde han mejorado la calidad del agua. 

De acuerdo con la organización, este costo aumentará debido a la mala calidad del agua que reciben las presas. Por ello, recomiendan que se destine una fracción de dicho gasto en el manejo sustentable de las cuencas, lo cual mejoraría la calidad del agua y generaría ahorros en su potabilización y tratamiento. 

“La calidad del agua se ha deteriorado debido a la gran cantidad de sedimentos, nutrientes y agroquímicos que bajan por los arroyos y los ríos hasta el Cutzamala”, señala Lucía Madrid, coordinadora de la oficina del CCMSS en la cuenca de Amanalco-Valle de Bravo. “Esto incrementa los costos de mantenimiento y potabilización del agua”.

Es por ello que la propuesta de la organización, añadió, es que las políticas públicas en la gestión del agua consideren en su presupuesto el manejo sustentable de las cuencas e invertir en el trabajo con las comunidades rurales para que mejoren sus actividades productivas y nos llegue agua más limpia.  

En la agricultura, por ejemplo, se puede invertir en sistemas más eficientes de riego y desarrollar prácticas agrícolas para reducir la erosión del suelo, como el uso de barreras vivas, mejores técnicas para arar, así disminuye el arrastre de sedimentos. En la parte forestal, añade, se pueden poner en práctica acciones para mejorar la salud de los bosques; en tanto que en manantiales y ríos se puede trabajar en las riveras para restaurar zonas degradadas. “Todo esto requiere de una inversión importante de recursos, los cuales no tienen las comunidades. Entonces, de todo el presupuesto del Cutzamala y el cobro en bloque, se podría destinar una parte al manejo sustentable de las cuencas”. 

AMANALCO-VALLE. Una cuenca es un territorio superficial en tierra cuya agua pluvial escurre hacia un mismo sitio, arroyo; cada río tiene sus cuencas, subcuentas e hidrocuencas, que son arroyos más pequeños. “Las cuencas son territorios donde hay usos de suelo, agricultura, ganadería, poblados… Cuando llueve, el agua escurre hasta los arroyos y ríos, los cuales son los que llenan los sistemas y presas como los del Cutzamala”, explica la especialista, ex coordinadora del Departamento de Investigación en Política Ambiental en el Instituto Nacional de Ecología.

Si las actividades agrícolas tienen prácticas deficientes de manejo, erosionan el suelo, lo que sumado al uso de agroquímicos y la descarga de aguas residuales, provoca la contaminación del líquido que llega a las presas. “Si la cuenca y sus recursos naturales se manejan correctamente, el agua llega limpia”. 

El CCMSS ha desarrollado un mecanismo de pagos ambientales para el manejo integrado del territorio en la Cuenca de Amanalco-Valle de Bravo, donde se otorgan pagos a las comunidades y ejidos que llevan a cabo buenas prácticas de desarrollo. El proyecto ha permitido poner en marcha sistemas de agricultura orgánica, ecoturismo, producción de madera certificada y carbón vegetal, la restauración de manantiales, arroyos y zonas degradadas de bosque, entre otros. 

La organización ha medido la calidad del agua en la región y si bien ha mejorado por estas prácticas, aún se encuentran rastros del líquido contaminado por la falta de tratamiento de agua residual por parte de los municipios. “Pero donde hemos trabajado hemos encontrado una menor carga de sedimentos y se ha disminuido hasta en un 70 por ciento la erosión del suelo y reducido el arrastre de nutrientes, como nitrógeno y fósforo, hacia los arroyos”. Este trabajo debe llevarse a cabo conjuntamente entre autoridades locales, comunidades, ejidos y organizaciones. 

Este es sólo uno de los hilos del entramado que requiere una adecuada gestión del agua, para lo cual se requiere de una visión sustentable. “Actualmente, las políticas públicas están orientadas a la atención de la infraestructura, pero no al manejo de las cuencas. Por ello, se requiere un cambio de paradigma”. 

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