Educación: contenidos de la nueva política - Gilberto Guevara Niebla | La Crónica de Hoy
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Educación: contenidos de la nueva política

Gilberto Guevara Niebla

La marca distintiva de la nueva política educativa será la búsqueda simultánea de la calidad y la equidad. México no podrá jamás alcanzar la calidad sin combatir eficazmente la inequidad. Esto implica actuar, no para dar lo mismo a todos los alumnos y las escuelas --asumiendo erróneamente que todos tienen necesidades similares—sino otorgar prioridad a los alumnos y a las escuelas más rezagados.

Esta política debe concentrar sus esfuerzos en la primera infancia y en los primeros grado de escolaridad (no olvidemos que las desigualdades en el aprendizaje de los niños nacen de las diferencias que existen entre ellos al ingresar a la escuela). Por lo mismo, la acción educativa de los padres de familia en la crianza de los niños adquiere enorme importancia para crear un piso común en el ingreso.

Cuando la base del edificio escolar es fuerte, los pisos superiores tendrán una mejor estructura. En sentido espacial, la nueva política educativa deberá dirigir sus baterías hacia la periferia (pobreza urbana, rural, indígena) del sistema educativo nacional. Se quiere levantar las áreas escolares más deterioradas para ponerlas a la altura del resto del sistema.

Calidad y equidad exigen que los métodos de enseñanza cambien –lo cual exigirá de los profesores un esfuerzo especial a fin de asegurar que se atienda la diversidad. Se aspirará a que la enseñanza atienda las necesidades de cada alumno (aquí el diagnóstico y la evaluación desempeñan un papel crucial) de modo que todos accedan al aprendizaje.

La nueva política educativa debe empoderar al profesor. Los docentes deben participar en las decisiones de política educativa; por ejemplo, la nueva reglamentación del trabajo docente no sólo dará centralidad a los estímulos al buen desempeño (y eliminará cualquier efecto punitivo de la evaluación) sino que deberá asegurar que los profesores participen directamente en la gestión de ese nuevo sistema.  

La nueva política educativa se esforzará para impulsar acciones y mecanismos que contribuyan a la valoración social creciente de la profesión magisterial. No se trata sólo de crear más premios y distinciones –que habría que hacerlo-- sino de visibilizar el sacrificio y el esfuerzo heroico que realizan diariamente muchos maestros por educar a niños y jóvenes en las condiciones más adversas. Se trata de saldar -al menos en parte-- la deuda histórica que México tiene con su magisterio.

El trabajo docente debe ser despojado de tareas burocráticas que los distraen de su trabajo y las autoridades deben crear un sistema de gratificaciones para los buenos maestros que quieran trabajar en las zonas más humildes. Maestros y alumnos deben encontrar en la escuela un espacio amable, académicamente estimulante, que le ofrezca las comodidades mínimas. No debe haber escuelas con carencias materiales. Los recintos escolares deben ser dignos de la tarea trascendente que en ellos se realiza.

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