Analizan migrantes su destino, entre parturientas, vendimias y aromas | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 08 de Noviembre, 2018

Analizan migrantes su destino, entre parturientas, vendimias y aromas

Forman cuadrillas para saber cuántos integran la caravana y registrarlos. Buscan qué camino es menos peligroso para llegar a la frontera. Solicitan 200 camiones para su traslado.

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Nadie sabe con exactitud cuánto durará la espera en esta villa centroamericana donde los gays organizan marchas y las mujeres se alistan para dar a luz.

Una ciudad dentro de una ciudad…

Entre la mezcolanza de ­anhelos e intereses, de urgencias y ambiciones, ha resultado complejo fijar un rumbo.

Una decena de migrantes, los más avezados en el arte de negociar, conformaron una Comisión de Gestión y Diálogo, cuya labor es crear lazos con autoridades mexicanas u organismos aliados, y definir el día idóneo para reanudar el camino, la mejor ruta a seguir y el destino más apropiado.

La primera decisión fue confiar en una cuadrilla de entre 40 y 50 coordinadores —identificados con chalecos naranjas y verdes—, el registro de cada uno de los viajeros por país y departamento de origen. Ante la discordancia estadística, la idea es tener un número fiable de cuántos integran la caravana, cuántos son mujeres, niños, ancianos y personas con necesidades especiales y, a partir de ese control, conocer la cifra de quienes pretenden cruzar hacia Estados Unidos, sin importar las amenazas; de quienes se quedarán en la Ciudad de México o intentarán establecerse en alguna urbe de la frontera mexicana… Como si el monstruo quisiese examinar sus entrañas.

Unos hablan de 48 horas, otros de 72 y algunos más de la posibilidad de una huida intempestiva, en cualquier momento y sin importar el ritmo de las otras caravanas.

Unos califican la ruta hacia Tijuana como la menos peligrosa. Otros justifican la demora, por la necesidad de pactar con el gobierno federal —ya sea el de Enrique Peña Nieto o el de Andrés Manuel López Obrador— la entrega de al menos 200 camiones para el traslado, así como protección durante el trayecto. De voz en voz, los líderes arman el rompecabezas…

Y mientras ellos, unos pocos, articulan el plan a seguir, los otros miles se entregan a las distracciones y vicisitudes de la vida en migración, apapachados por decenas de organizaciones sociales —nacionales e internacionales—e  instituciones de gobierno, en la embriaguez de la ayuda humanitaria.

La Ciudad Deportiva de la Magdalena Mixhuca palpita entre taquicardias, despide un aroma extraño y abriga anécdotas impensables donde sólo debía rodar un balón o una pelota…

En libertad, arropados por defensores de derechos humanos, decenas de homosexuales agitan sus caderas bajo la bandera del arcoíris. “Ese bigotón también es maricón”, gritan al paso, y su zarandeo despierta aullidos eróticos entre aquellos varones aturdidos por un mes de peregrinaje.

Los médicos se movilizan porque Guadalupe, una salvadoreña recién llegada al campamento, presenta ya dolores de parto… “Ya siento que viene el chamaco”, dice ella, aunque los doctores vaticinan al menos un día más de contracciones.

“Mi niño será mexicano”, festeja Joaquín Antonio, el padre, quien dejó en la ciudad de Ahuachapán a tres hijos más: de diez, ocho y cinco años… Durante la travesía optó por vender dulces, paletas, cigarros y chicles, “el objetivo era juntar un poco de dinero para el parto y completar el alquiler de un cuartito”.

—¿En dónde? —se le pregunta.

—Aquí en la ciudad o en Querétaro, donde dicen que hay mucho trabajo.

—¿Qué sabes hacer?

—Vender golosinas, hacer bizcochos… e hijos —bromea.

Pese a los espasmos maternales, Guadalupe sugiere montar el puesto frente a Viaducto Río de la Piedad, fuera de la zona de carpas, “porque no quiero que mi chiquillo nazca en medio del gentío”.

Los viajantes se abalanzan sobre los vehículos repletos de ropa en donación, tienden sus hamacas y sus tendederos, de los cuales cuelgan sostenes y calzoncillos deshilachados. En su ciudad prestada, juegan al futbol y organizan partidas de ajedrez, mientras un par de pastores repasan la Biblia.

Ajenos a sermones y parturientas, los líderes barajean sus opciones… La mayoría tiene experiencia en organización gremial y ha logrado, por lo menos una vez, cruzar hacia la Unión Americana.

Walter Coello, coordinador del departamento de Tegucigalpa, dice: “Salimos como una familia y así debemos llegar, se nos están uniendo hasta mexicanos”.

—Será difícil definir un solo punto de llegada…

—La mayoría es la que manda, a nadie se tiene a la fuerza, pero la idea es no desunirnos, porque pasaremos por zonas peligrosas y requerimos apoyo institucional. La gente está sofocada y ya se quiere ir, entre más rápido nos organicemos, mejor.

Gilberto Montes, coordinador del departamento de Colón: “Seguimos en la ciudad porque hay mucha gente pidiendo refugio, quieren quedarse a trabajar en México. Todos iremos a la frontera, para mostrar el músculo, y quien haya pedido asilo, deberá volver para culminar el proceso”.

—¿La caravana es parte de un movimiento político?

—Mentira, nos expulsó la pobreza, la delincuencia y la falta de trabajo. Los migrantes no somos títeres de nadie.

¿Por qué la espera en la ­CDMX?...

“Estamos re’bien aquí: con atención médica, comida, agua; si tenemos un problema, vamos con derechos humanos; si tenemos hambre, sólo basta pedir”, dice Víctor Reyes, de Olanchito.

“Queremos hablar con el nuevo gobierno, para que nos ayude con autobuses o camiones, principalmente para niños y mujeres. Necesitamos 200, o por lo menos 150”, responde Carlos Ramos, coordinador del departamento de Cortés.

“Los jefes de más arriba están amarrando un diálogo con el Presidente entrante y con el Congreso mexicano, para pedir protección”, asegura Manuel Espina, de Olancho.

Y en la espera, decenas de migrantes han apostado por la vendimia de cigarros, frituras, palanquetas y hasta bocinas portátiles. Han aprendido a usar el Metro y, para comprar mercancía barata, se desplazan hacia La Merced o Tepito, como Óscar Hernández, originario de San Pedro Sula: “Cuando llegué a la ciudad, invertí 500 pesos y ya junté más de 2 mil, hay que buscar dinero para la papa, no podemos quedarnos encerrados”…

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