Amorosa República - José Carlos Castañeda | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 08 de Noviembre, 2018
Amorosa República | La Crónica de Hoy

Amorosa República

José Carlos Castañeda

En nuestros días, el nombre de Maquiavelo ronda las conversaciones en torno al futuro del Estado y la República. Alrededor del mundo, la política sufre una crisis profunda de confianza. Esta crisis es una amenaza para las democracias actuales y el liberalismo político enfrenta una pérdida significativa de su valor como un proyecto reformista de cambio social. Los regímenes con actitudes o desplantes autoritarios están en pleno apogeo con el beneplácito de la población. Incluso podría decirse que democráticamente se elige a líderes con un perfil de tiranos.

La pregunta está abierta y la historia nos ha dado lecciones de que este fenómeno se ha repetido en distintas épocas. ¿Por qué los ciudadanos votan o deciden ser gobernados por personalidades autócratas? ¿Acaso está creciendo en el mundo una tendencia más conservadora? ¿Cuáles son las condiciones que han propiciado ese ascenso de las pasiones del odio y la intransigencia? ¿Por qué triunfan los líderes que vociferan su agresión? Incluso en las conversaciones familiares cada vez es más difícil mantener un debate con argumentos. La polarización reina en el espacio público y la distinción entre hechos, dichos y mentiras se ha diluido en un clima de malestar cívico con una mezcla en dosis peligrosas de desengaño y desconfianza general.

Paradójicamente, la tolerancia ha dejado de considerarse como una virtud ciudadana y algunos pretenden denunciarla como un síntoma de flaqueza, como si aquellos que son tolerantes simplemente se limitaran a consentir con la diversidad social. Pero no es así. La tolerancia es una virtud activa, no pasiva. Bien lo explica Fernando Savater: “Ser tolerante no es ser débil, sino ser lo suficientemente fuerte y estar lo suficientemente seguro de las propias elecciones como para convivir sin escándalo ni sobresalto con lo diverso, siempre que se atenga a las leyes”.

En esta elección hubo promesas de reconciliación y armonía, pero la campaña parece no haber terminado. El afán de dividir a la opinión pública y confrontarla para mantener vivo el conflicto ideológico. El contraste como dispositivo para movilizar a los simpatizantes y distinguir a los adversarios. En ese paisaje, más semejante a la batalla fundamentalista que a la república amorosa, sería prudente releer algunos pasajes de ese personaje que suele ser más repudiado que leído. Maquiavelo, siempre tiene un consejo valioso para los tiempos convulsos:

“Muchos se han imaginado repúblicas y principados que nadie ha visto jamás ni se ha sabido que existieran realmente; porque hay tanta distancia de cómo se vive a cómo se debería vivir, que quien deja a un lado lo que se hace por lo que se debería hacer aprende antes su ruina que su preservación”.

“El pueblo muchas veces engañado por una falsa imagen del bien desea su propia destrucción”.

“Sería conveniente, con respecto a los príncipes, no estar tan cerca de ellos como para que su caída te afecte, ni tan lejos como para que cuando caigan no estés a tiempo de alzarte sobre sus ruinas”.

“A quienes están acostumbrados a servir no les importa demasiado cambiar de amo, es más, muchas veces lo desean”.

“Cuando muchos poderosos se unen contra otro poderoso, aunque sean más poderosos que éste, sin embargo, siempre debe esperarse mucho más del que está solo y es menos valeroso que de los demás, que son bastantes, aunque sean muy valerosos. Porque, dejando a un lado todas las cosas de las que uno solo se puede valer mejor que muchos (que son infinitas), siempre ocurrirá esto: que podrá, con un poco de ingenio, desunir a los que son bastantes, y debilitar aquel cuerpo que era valeroso”.

Y como corolario, una sentencia, casi un apotegma, para todos aquellos que olvidan que el gobierno no es la tierra prometida, sino la administración de recursos escasos: “No es cosa deseable conseguir un cargo público o un principado gozando de gran estima, porque al no poder corresponder con las propias obras a aquélla, puesto que los hombres desean más de lo que pueden conseguir, te depara con el tiempo deshonor e infamia”.

 

Twitter: @ccastanedaf4

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