Aflicción y alegría por Palinuro - José Carlos Castañeda | La Crónica de Hoy
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Aflicción y alegría por Palinuro

José Carlos Castañeda

En aquellos días de juventud trabajaba como periodista cultural, esa profesión indocumentada y a salto de mata propia de quienes, en el afán de escribir, burlaron los pasillos de la universidad sin licenciarse y comenzaron a ganar experiencia ante la máquina de escribir con el atrevimiento de imaginar que en un futuro esos textos sueltos o deshilachados serían materia prima de algo mejor, quizá la escuela para ser escritor. Así, idealicé al periodismo como un pasaje obligado para llegar a la novela, el cuento o la desmesura de un relato personal.

Mi manía por las librerías me arrastra a escudriñar entre las novedades hasta descubrir entre las mesas de exhibición un libro prodigioso. La suerte quiso que, en esa época, Fernando del Paso publicara su novela más breve, Linda 67. Un desafío literario insólito en su trayectoria porque, a diferencia de su trilogía imprescindible (Noticias del Imperio, Palinuro de México y José Trigo), en Linda 67 recurre a un estilo de género: en apariencia es una novela negra, pero oculta una escritura que ofrece mucho más, texturas profundas donde la negrura del crimen se entrecruza con una prosa de tonalidades de claroscuro.

Justo al iniciar mis pininos como editor de una revista, leí Linda 67; fue mi primer acercamiento al canon de uno de los grandes narradores del siglo XX hispanoamericano. A diferencia de la ficción de detectives, donde el protagonista es la mente del inspector, Fernando del Paso retoma las enseñanzas de Dostoievski. El novelista ruso creó en Crimen y Castigo una forma de abordar el género negro totalmente distinta, abandonó el relato de detectives y narró las tribulaciones de la mente criminal. Más que la persecución del asesino, las elucubraciones del crimen cautivan al lector. El otro lado de la historia, en lugar de atrapar al delincuente, penetrar en su personalidad perturbada y en sus cavilaciones siniestras.

Desde niño me fascinaron los periódicos y mi afición a ojear las primeras planas durante el desayuno es más un exceso que una virtud. En la conversación matutina, mis hijos me reclaman atención y me arrebatan los encabezados en busca de un papá que no se distraiga con ocho columnas, en lugar de convivir. En aquellos días, mis tareas de editor cultural en la revista Etcétera me abrieron la oportunidad de visitar en su casa a un auténtico gran escritor como Fernando del Paso. Me acompañó un amigo, que también era editor, juntos hicimos una entrevista a propósito de Linda 67

Conocer a Del Paso es un privilegio enorme. Su erudición y amor al idioma español están plasmados en cada uno de sus libros. Ahora recuerdo una anécdota de esa conversación, quizá es una nota banal al pie de página de su método de trabajar, pero advierte sobre su mirada de la realidad: en un capítulo de la novela ocurre que deben entregar en una maleta el rescate por un secuestro. Olvidé la cantidad, pero lo importante es que el autor se dio a la tarea de medir: ¿cuántos billetes caben realmente en una maleta?, para no mentir con una imagen imposible. ¿Cuántas veces lo hemos visto en una película? Millones que se resguardan en un pequeño maletín. Absurdo. Esas cantidades ocupan un lugar en el espacio mucho mayor. Esa manera de mirar y apreciar la realidad expresa dos vocaciones: primero, su pasión por el lenguaje, como instruyó Flaubert, usar la palabra exacta, porque el mundo debe ser recreado en la literatura y en la palabra con el cuidado, la belleza y la precisión que tiene en la vida. Segundo, porque la única literatura exacta es aquella que desborda la realidad para capturarla en su esplendor y en su delirio, porque las posibilidades de la novela son infinitas.

Fernando del Paso pertenece a una generación de escritores mexicanos que se formaron en el extranjero, como Octavio Paz, Sergio Pitol y Carlos Fuentes. Durante varios años, además de escritor y periodista, fue un representante diplomático de México. Vivió en París y en Londres. Después de leerlo nadie podrá olvidarlo.

 

Twitter: @ccastanedaf4

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