Noticias, mentiras y vituperio - José Carlos Castañeda | La Crónica de Hoy
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Noticias, mentiras y vituperio

José Carlos Castañeda

Al recorrer las tendencias o hilo de una conversación en Twitter, uno advierte que las polémicas virtuales suelen ser como un pleito entre pubertos, donde lo más importante es probar quién es más fuerte, más inteligente o más díscolo y atrevido. El tono usual recurre a ataques personales o exclusiones drásticas. No está mal que un medio interactivo procure el diálogo entre desconocidos y contribuya a la formación de una cultura de disenso y debate. El conflicto entre voces diversas es el abono para el crecimiento de las democracias. Incluso, la polarización o el radicalismo tienen un asiento en la plaza pública.

No haré una crítica más al laberinto de las redes sociales. Para algunos, en ese medio se trivializan los grandes temas. Nadie puede debatir con argumentos limitados a unas cuantas palabras. Otros celebran y afirman que esta plataforma digital libera la voz de todos aquellos que nunca han sido escuchados. Una suerte de democratización de las opiniones, donde la esfera pública se transforma en territorio abierto, incluyente e igualitario.  Ambas descripciones suenan excesivas para un experimento tan reciente.

El apogeo de las llamadas Noticias Engañosas o Fake News radica en que hemos olvidado un principio básico del periodismo. ¿En qué consiste una noticia? ¿Cómo se genera información confiable? ¿Cómo distinguir entre información y opiniones? ¿Cuándo nuestra opinión se nutre de información y cuándo se reduce a expresar preferencias ideológicas? La disolución de las fronteras entre opinión e información es un trastorno que afecta de manera grave a la conversación digital y sus síntomas más comunes son: el vituperio y la mentira.

El vituperio es un artificio de la retórica. Su objetivo pretende deslegitimar la credibilidad del adversario. Inhabilitarlo como un interlocutor válido para entablar un debate. Su modo de manipular es atacarlo. Satanizarlo. En este sentido, el vituperio transforma a los disidentes en excluidos. Antes de escucharlos, el arma está desenfundada y lista para desacreditarlos con una contraseña indeleble. Este juego de sordos funciona como un dispositivo para abolir la pluralidad y promover una competencia en blanco y negro sin matices ni mezclas. Conmigo o contra mí, aquí termina el discurso del ataque.

En cambio, la mentira es otra cosa, más sofisticada en su modo de tramar su enredo. El engaño comienza en un prejuicio, como ha escrito Samuel Popkin, “los individuos son avaros cognitivos: buscan información que confirme sus creencias y costumbres”. Del universo de la información posible, las personas seleccionan aquella que corrobora lo que ya pensaban o incluso lo que ya sentían. Como ha escrito Nietzsche, por extraño que parezca: “Los hombres no huyen tanto de ser engañados como de ser perjudicados mediante el engaño; en este estadio tampoco detestan en rigor el embuste, sino las consecuencias perniciosas, hostiles, de ciertas clases de embustes. El hombre nada más desea la verdad en un sentido limitado: ansía las consecuencias agradables de la verdad, aquellas que mantienen la vida; es indiferente al conocimiento puro y sin consecuencias e incluso hostil frente a las verdades susceptibles de efectos perjudiciales o destructivos”

 La avaricia cognitiva es el reto a vencer en un diálogo democrático. ¿Cómo hacer que una persona ponga en duda esas creencias o costumbres que lo han formado? ¿Cómo introducir el virus de la interrogación? Quizá el periodismo ha olvidado esta tarea esencial. No basta con ser un contrapeso al poder. Hoy es fundamental convertirse en ese factor que amenaza nuestra comodidad mental. La noticia debe provocar una detonación en ese espacio de tranquilidad. Recordar que, si la información no proviene de fuentes confiables, es una trampa engañosa. El diálogo que concluye con la exclusión del interlocutor nunca podrá considerarse democrático.

 

Twitter: @ccastanedaf4

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