El sindicato y la reforma educativa - Maria Elena Álvarez de Vicencio | La Crónica de Hoy
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El sindicato y la reforma educativa | La Crónica de Hoy

El sindicato y la reforma educativa

Maria Elena Álvarez de Vicencio

Al nuevo Presidente le interesa tener contento al Sindicato de Maestros y a los mexicanos les interesa, y les urge, que la educación que se imparta en nuestro país sea de calidad y que ayude a capacitar a los jóvenes para que desaparezca la pobreza.

En la resolución de este conflicto mucho ayudará recordar el origen del sindicalismo, los fines que persigue y cómo satisfacerlos, sin que el proceso educativo y sus resultados se vean afectados.

En el Porfiriato estaba prohibida la asociación de los trabajadores, so pena de sufrir persecución, cárcel o asesinatos. La inquietud estaba latente y en 1906 apareció en el periódico Regeneración el conjunto de peticiones que el Partido Liberal Mexicano pedía para ellos: Jornada de ocho horas, salario Mínimo, reglamentación del trabajo a domicilio y prohibición del trabajo a los menores de catorce años o menos. Se pedía además, que se dieran facilidades para la obtención de sus casas; descanso semanal obligatorio; indemnización por accidentes de trabajo y que el pago del salario fuera en efectivo.

La Constitución de 1917, en su Artículo 123, reconoció todo eso como derechos de los obreros. Se fundó la Casa del Obrero Mundial, como primer Organismo de Corporación, el cual fue perdiendo fuerza, y aparecieron varias organizaciones y sindicatos para las distintas profesiones, incluido el magisterio. El 24 de febrero de 1934, Vicente  Lombardo Toledano constituyó formalmente la Confederación de Trabajadores Mexicanos. Se logró además aumentar en la Ley el Derecho a la Huelga, a la vivienda, a la alimentación, a la capacitación y a las condiciones del ambiente de trabajo.

Todo en la letra de la Ley parecía estar bien para la clase trabajadora, incluidos los maestros y su sindicato, pero los dirigentes sindicales querían satisfacer además sus intereses particulares y fue cuando ofrecieron la fuerza laboral, como apoyo a un sistema político que pretendía sacudirse el caudillismo de las armas y así empezó la práctica de dar el voto corporativo al candidato oficial, quien a su vez ofrecía a los obreros algo de lo que la ley ya les otorgaba como derecho y a los líderes sindicales  les concedía, sin límites, lo que su ambición  pedía.

Fue así como el Sindicato Magisterial bifurcó su camino, dando algo a la clase trabajadora, maestros incluidos, y sus líderes cada vez ampliaban más su obtención de recursos y privilegios que hoy no están dispuestos a perder. El nuevo Presidente, tal vez en deuda con los sindicatos, tiene ahora  uno de los problemas más difíciles de resolver.

Sería deseable que los líderes sindicales aceptaran que pasó ese tiempo y se resignaran al nuevo, el cual  exige a nuestro país que sus niños y jóvenes reciban una educación que los lleve a competir con los mejores del mundo y alcanzar un nivel educativo que saque de la pobreza a la mitad de la población, lo cual no se logrará sin una educación de calidad.

La reforma educativa apenas se estaba iniciando, es grande el retraso y requiere de amplias adecuaciones, especialmente en la actualización de los maestros en servicio y en el programa de capacitación de los nuevos docentes; requerimos que el magisterio alcance un nivel universitario, especializado como en cualquier profesión: licenciatura en educación preescolar, que es la etapa esencial para  los posteriores resultados; licenciatura en educación primaria y agregar la pedagogía a los profesionistas que impartan la educación media.

El sindicalismo deberá cumplir sus propios fines, sin ser un obstáculo para el avance del país, que requiere una educación de excelencia. Es justo que se alcance el bienestar de los maestros y su capacitación; pero también es urgente mejorar la calidad en la educación para la niñez y la juventud.

 

María E. Álvarez de Vicencio
Doctora en Ciencias Políticas
melenavicencio@hotmail.com

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