El poder de lo simbólico: AMLO y Los Pinos - Wendy Garrido Granada | La Crónica de Hoy
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El poder de lo simbólico: AMLO y Los Pinos | La Crónica de Hoy

El poder de lo simbólico: AMLO y Los Pinos

Wendy Garrido Granada

El gobierno de Enrique Peña Nieto no aprendió ni pudo comunicar. Representó una clase política lejana a las personas, llena de excesos y ­derroche a costillas del erario. El escándalo de la Casa Blanca representó de manera icónica la corrupción. Los ciudadanos observaron las fotografías de esa casa de ensueño en una de las zonas más lujosas y privilegiadas y ello, aunado a otros escándalos y desvíos millonarios ayudaron a ilustrar, legitimar y articular el descontento social. El mensaje era claro: nosotros vivimos en la miseria, porque los políticos viven en la opulencia.

Andrés Manuel López Obrador utilizó todos esos elementos para articular un lenguaje simbólico contra esa clase política que desfalcó al país; ahora es el presidente de México. Ganó con más del 53 por ciento de los votos.

El primer día de su gobierno abrió Los Pinos, la Residencia Oficial de 14 presidentes, a los ciudadanos, y próximamente será un centro cultural. Al menos 60 mil personas visitaron el lugar el pasado fin de semana. Se formaron antes de las 7 de la mañana. ¿Qué fue lo que los movió a hacer filas durante horas? Según varias entrevistas hechas a los asistentes querían ver cómo vivía Peña y su familia “queríamos ver cómo vivían los faraones de México”.

Lo lograron. Pudieron ver las cortinas aterciopeladas, las duelas de cedro, los pisos de mármol, muebles de caoba, la sala de cine con asientos de piel, alfombras, sillas y mesas de diseñadores; los ahuehuetes, pinos, lirios y rosales que adornan los jardines verdes y coloridos. Todo representa lujo y exclusividad. Muchas familias nunca habían estado en un lugar así, no habían tenido acceso. Desde la llegada de López Obrador pueden entrar literalmente hasta la alcoba.

Abrir Los Pinos y convertirlo en un espacio ciudadano es un acto simbólico. Andrés Manuel López Obrador ha articulado su discurso e imagen en la palabra austeridad. Porque le permite contraponerse a los políticos anteriores.

La imagen viral de una familia en las escaleras de la residencia oficial contrastada con una de la ex primera dama, Angélica Rivera, en pose de revista de sociales, es el ejemplo que ayuda a configurar a López Obrador como un presidente auténtico, genuino y más cercano a los ciudadanos que Peña Nieto y su familia.

No sólo Los Pinos le ayudaron y sirven a AMLO para mantener y gestionar su discurso, también la venta del avión presidencial, su jetta blanco, reducirse el sueldo, Palacio Nacional sin vallas, no tener figura de primera dama, asociada a lo banal, televisivo y superfluo y mejor cambiarlo por una figura que represente la “Memoria Histórica y Cultural”. Durante su toma de posesión por primera vez se realizó una ceremonia indígena.

Todos estos símbolos son necesarios en un país desigual, polarizado, que ha sido saqueado y relacionado con personajes sacados de telenovelas, que no representan al grueso de la población y con una sociedad que ha excluido por completo de la vida política y pública a los indígenas y a los pobres.

Sin embargo, López Obrador tiene que demostrar en el transcurso de su gestión, que su gobierno no será sólo simbólico, porque México necesita también de acción política, donde no sólo cambie la forma sino principalmente se transforme el fondo.  Necesitamos cambios verdaderos, no sólo en la forma de comunicar.

La vida cotidiana de las personas tiene que transformarse. Los retos que enfrenta el nuevo presidente son numerosos, ya no son sólo promesas de campañas, son acciones y planes que tiene que emprender para garantizarnos seguridad, igualdad de género, empleo, transparencia, rendición de cuentas, vivienda, salud, abatir la desigualdad económica y la pobreza. Que sus palabras se conviertan en hechos.

 


twitter: @wendygarridog
wengarrido@gmail.com

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