¿Qué corregir o qué conservar? - Carlos Matute González | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 15 de Diciembre, 2018
¿Qué corregir o qué conservar? | La Crónica de Hoy

¿Qué corregir o qué conservar?

Carlos Matute González

Contrasta el discurso de los secretarios de Hacienda saliente y entrante. Uno destaca que deja un país con estabilidad económica y financiera, otro que lo recibe con grandes rezagos, con los recursos presupuestales comprometidos y con un pequeño margen de acción. Dos descripciones de la realidad exageradas por las circunstancias y las ideologías. Ambas medias verdades. No estamos tan bien, pero tampoco estamos tan mal.

Falta mucho por construir y hay muchos cambios por hacer. Hay deudas históricas no saldadas como la desigualdad social, pero también hay una base política, económica y administrativa que hemos construido lentamente. La pregunta más importante que nos debemos hacer como sociedad es: ¿Qué vamos a corregir o conservar?

Las posiciones se dividen en una amplia gama y  se reflejan en la coalición que integra la mayoría política del nuevo gobierno. Hay revolucionarios, activistas y defensores de derechos humanos, que provienen de grupos de izquierda o de la academia; hay exfuncionarios y líderes sindicales o partidistas que rompieron con gobiernos anteriores; hay financieros vinculados con organismos internacionales y empresarios defensores del libre mercado. Hay de todo, como en botica.

La cancelación del NAIM y la iniciativa de Ley que eliminaba las comisiones bancarias fueron temas que los ubicó ideológicamente. Hubo ganadores y perdedores. Conforme avance el sexenio irán aflorando las contradicciones, se formarán grupos y camarillas en torno al líder carismático que luchen por imponer su visión de la llamada Cuarta Transformación. Esto no es malo, simplemente es lo propio de la dinámica política cuando no hay homogeneidad ideológica.

Se puede ver como una limitante del nuevo gobierno o como parte de su fuerza. Nadie lo sabe hoy a ciencia cierta y tendremos que esperar a ver los resultados. Lo deseable es que las decisiones que se tomen sobre los cambios sean las más acertadas y lo menos costosas en lo económico y lo social.

Esta semana se determinó corregir la reforma educativa. Esta corrección se plantea como una abrogación, dejar sin efectos totalmente lo hecho el sexenio anterior, y pretende dar un paso hacia adelante bajo la premisa de nunca más ofender al magisterio nacional. ¿Esto significa el renacimiento de liderazgos desprestigiados? Es previsible el regreso de la Profesora Gordillo, pero ello no necesariamente sería lo adecuado con un proyecto de nación, cuya bandera primordial sea el combate a la corrupción.

¿Qué corregir, qué conservar? ¿El equilibrio de las finanzas públicas o el gasto público como eje de la reactivación económica y la superación de la desigualdad social? Estas incógnitas se revelarán con el proyecto de presupuesto. El primer atisbo de una respuesta es la aprobación de la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal que le apuesta a la centralización y reduce la autonomía de gestión de las dependencias y entidades con el nombramiento de los abogados y administradores del gobierno federal por el Consejero Jurídico del Ejecutivo Federal y el Secretario de Hacienda y Crédito Público, respectivamente.

El éxito de las decisiones que se tomen dependerá del orden, disciplina, planeación, constancia y estrategia que las acompañe. Una magnífica idea improvisada o acelerada está condenada al fracaso. El voluntarismo político sin un aparato administrativo eficiente corre el riesgo de convertirse en un generador de símbolos inocuos y estériles. La fuerza democrática debe buscar las alianzas adecuadas para que los proyectos mandatados por la ciudadanía se conviertan en una realidad palpable, medible.

La primera alianza es con su propia administración pública que por antonomasia es su instrumento del cambio. Este aparato burocrático es objeto de la misma inquisición, ¿qué corregir, qué conservar? Un error puede provocar que la curva de aprendizaje y adaptación sea demasiado larga o que algunos grupos se enquisten y otros que hubiesen sido expulsados por corruptos, regresen. La centralización ocasiona que la responsabilidad de estas decisiones se concentre en la Secretaría de Hacienda y que el tiempo en la toma de las mismas aumente.

La primera etapa del sexenio comienza con el primer presupuesto y el Plan Nacional de Desarrollo. Ni muy bueno, ni muy malo. Ni todo sirve, ni nada funciona. Los puntos medios se irán encontrando. Los radicales posiblemente sean relegados a posiciones secundarias. El gobierno empezará a coordinarse y la ciudadanía a exigir resultados. Las palabras sirven, pero no bastan. Los resultados serán los parámetros para conocer si se decide bien en lo que se corregirá y en lo que se conservará.

 

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