“El manejo del mar se hace sin escuchar la voz de los pescadores”: Nadia Rubio | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 15 de Diciembre, 2018

“El manejo del mar se hace sin escuchar la voz de los pescadores”: Nadia Rubio

NUESTROS CIENTÍFICOS: Siento que he podido entregar al mundo esa voz de los pescadores que ha sido opacada. Su conocimiento ha sido siempre subestimado y considerado marginal. Ellos, con su memoria, nos cuentan estas historias de abundancia, añade la bióloga marina.

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En diferentes costas de México se han roto las cadenas tróficas o cadenas alimenticias de fauna marina, con consecuencias negativas para los ecosistemas y para las poblaciones humanas. Esto ha sido efecto de proyectos de infraestructura y adopción de técnicas que han subestimado o ignorado las prácticas pesqueras tradicionales, que durante siglos habían permitido la extracción sustentable de peces y otros animales; por eso es importante, recuperar esas voces de pescadores al diseñar políticas públicas.

Así se expresa la bióloga marina mexicana Nadia Rubio Cisneros, investigadora asociada o Fellow  del Instituto Scripps de Oceanografía, de la Universidad de California en San Diego (UCSD), quien ha encabezado los primeros estudios en México en los cuales se combina la biología con la antropología y la historia para identificar zonas de pesca tradicionalmente ricas y que pueden recuperarse, después de haber sido sobreexplotadas.

“Siento que he podido entregar al mundo esa voz de los pescadores que ha sido opacada. Su conocimiento ha sido siempre subestimado y considerado marginal. Ellos, con su memoria, nos cuentan estas historias de abundancia. En estas historias se une el capital humano y el capital natural. Si los hubiéramos valorado a tiempo quizá todavía tendríamos a especies que han desaparecido como el Tiburón Sierra o los grandes Meros. Desafortunadamente, este conocimiento ha sido desperdiciado, al igual que ocurre con el campesino y su conocimiento sobre la tierra. Cuando se construye un dique o cuando se hace un hotel, no se les ha escuchado y ellos son los que saben que en esos lugares puede tener impacto negativo una acción. Nosotros hemos demostrado que la voz de los pescadores se debe considerar pues el gobierno no los escucha, sólo escucha a los ingenieros, y luego se les rompen los diques o se les inundan los hoteles”, dice la bióloga.

Rubio Cisneros es la primera autora del reciente estudio en el que científicos de diez instituciones de México y Estados Unidos documentan el impacto del turismo y la pesca en la fauna marina de la Isla Holbox, en Quintana Roo, con apoyo financiero de la Rufford Foundation, del Reino Unido, y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), de México.

“Nosotros llevamos esa voz de los pescadores a un artículo científico que se publica en una de las revistas científicas más serias del mundo,  Marine Policy (Política Marina) y el haber llevado la voz de esos pescadores a esa revista de tanta influencia, es un legado que estamos dejando nosotros, los científicos, a partir del conocimiento de ellos, los pescadores”, agrega.

En ese estudio, el equipo multidisciplinario de biólogos, geógrafos y antropólogos identifican 100 lugares alrededor de Holbox en los que históricamente se realizaba pesca artesanal sustentable y en los cuales se registra un desplome o ausencia de poblaciones de animales de gran talla, como tiburones, rayas, tortugas marinas y peces de interés comercial.

Esa investigación busca ser la base para que sean creadas zonas de pesca con prácticas sustentables, alrededor de la Isla Holbox, que es considerada como un paraíso turístico, pero que puede ser usada como modelo de rescate ecológico para otras islas turísticas del mundo, localizadas en reservas naturales.

“Nosotros lo que hacemos es generar información científica, aunque estamos conscientes de que, a veces, esta información genera incomodidad porque demostramos el impacto negativo de la actividad humana. Pero en ocasiones no hay reacción de la sociedad hasta que no recibe estos datos científicos que les generan incomodidad. A fin de cuentas, esta información es útil si ayuda a generar políticas públicas que apoyen el uso sustentable de la riqueza natural”, agrega la investigadora que coordinó el proyecto de Holbox como parte de una estancia posdoctoral en el Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav), Unidad Mérida.

PULSIÓN MARINA. Nadia Rubio es orgullosamente regiomontana y también orgullosamente hija de académicos de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), dedicados a la docencia e investigación. Estos dos antecedentes podrían sugerir que su vocación por la biología marina es extravagante y desarraigada, pero para ella existe una lógica detrás de la trama de su vida: de su madre adquirió el interés por escuchar la voz de las personas que integran el tejido social, y de su abuelo entendió que la pasión por una actividad puede estar oculta en cualquier rincón al que uno enfoca su atención.

“Recuerdo con claridad que cuando cumplí 8 años mi abuelito me trajo una caja con revistas que había comprado en una venta de Garage y ahí había muchas revistas National Geographic viejas donde hablaban de las ballenas y de cómo estaban empezando a estudiar el canto de las ballenas. Eso me encantó, en ese momento dije ‘yo quiero hacer esto cuando sea grande’. Supe que quería dedicar mi vida a comprender el mar y, cuando cumplí 15 años, le dije a mi mamá que no quería fiesta, que quería aprender a bucear”, cuenta la científica mexicana que después se mudó a La Paz, para estudiar Biología Marina en la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS) y que después realizaría estudios de maestría en el Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (CIBNOR).

Al principio, sus intereses de investigación giraron en torno al estudio de los mamíferos marinos y sus migraciones, como las ballenas y los cachalotes. Posteriormente reforzó el componente de biología molecular en su carrera con estudios sobre marcadores genéticos de mamíferos marinos, lo que la llevó a trabajar en Estados Unidos en la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA por sus siglas en inglés), pero fue en el Instituto Scripps en el que comenzó a integrar conocimientos de historia y antropología a sus estudios sobre conservación.

“He tenido grandes mentores, como Jorge Urbán, John Hildebrand, Octavio Aburto, Exequiel Ezcurra, y en el momento en que  Jeremy Jackson acepta ser mi director de tesis de doctorado cuando investigo más directamente  los temas de conservación marina y él me hace ver la necesidad de incorporar el componente histórico para comprender la evolución de las pesquerías. Eso me llevaría años después a investigar en los Archivos de Indias, de Sevilla, España, sobre las narraciones españolas de los sitios pesqueros y esos conocimientos los aplicamos, primero, en Marismas Nacionales, y ahora en este proyecto de Holbox que acaba de ser publicado en Marine Policy”, concluye la investigadora mexicana.

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