Roma y el trabajo del hogar - Wendy Garrido Granada | La Crónica de Hoy
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Roma y el trabajo del hogar

Wendy Garrido Granada

Roma es una gran película, una obra que trasciende la pantalla. Hay tantos textos y opiniones sobre Roma que sólo reafirma su impacto como obra cinematográfica. De forma negativa o positiva pero está ahí, como tema en las conversaciones de sobremesa.

Reconozco su aporte estético, la creación magistral de las atmósferas audiovisuales. Alfonso Cuarón ha puesto un excesivo cuidado en los aspectos técnicos para reconstruir y recuperar la memoria. La recrea con el talento que lo ha llevado a ganar premios internacionales y a ser considerado uno de los directores más importantes de su generación. Sin olvidar que toda recreación de la memoria es un acto creativo. Nunca fiel, nunca igual a la realidad.

Roma se puede leer de muchas formas. La interpretación será a partir de la mirada e historia personal de cada uno de los espectadores. La más destacada desde mi perspectiva es la relación compleja entre Cleo y Sofía. Una relación atravesada por el cariño, pero también por un sistema de poder. Cleo, la trabajadora del hogar, Sofía, su empleadora.

Cuarón ha sido muy sutil en retratar cómo Cleo y Sofía viven cada una violencias, el abandono, el desamor, la paternidad ausente.  Ambas las sufren, las padecen. Pero no las viven de formas iguales. Hay diferencias atravesadas por sus clases. Cleo las vive en silencio, con resignación, condicionada por su trabajo de limpieza y cuidado. Lejos de su familia y amigos. Su único apoyo emocional y económico es Sofía y su familia.

Sofía padece las violencias desde una posición totalmente distinta. Ella puede gritar, llorar y desquitarse con las personas que están a su cargo —sus hijos y la propia Cleo. Sofía, gracias al trabajo de Cleo, de cuidado y limpieza, puede salir, ir a un rancho y festejar con sus amigos e intentar aminorar las violencias que sufre.

El Ford Galaxy, que Cuarón  se esmeró por convertir en un símbolo de la relación entre el padre y esposo con la familia, es dañado premeditadamente por Sofía. Primero cuando acompaña a Cleo al hospital y después de llegar a casa ebria y gritar la frase magistral: “Estamos solas. No importa lo que te digan, siempre estamos solas”.

Sofía se libera de la figura de su pareja al vender el auto, comprar uno nuevo y hacer un viaje final con él a la playa, en el que Cleo es convencida a participar. Cleo se niega al principio, pero ante la insistencia acepta. No es claro sí cede porque no tiene opción o porque prefiere ir a la playa. Y ésa es la relación ambigua y sin límites muy claros que existe entre las trabajadoras del hogar, que sobre todo no tienen horarios fijos, viven y tienen relaciones de cariño y apoyo con sus empleadores. Nunca se sabe si realmente están decidiendo o simplemente ceden por las condiciones en las que viven.

Es claro que también existen vínculos afectivos y de apoyo de Sofía y su familia hacia Cleo. Los niños la aprecian, también la abuela, el padre y Sofía. ¿Pero hasta dónde ese cariño no puede estar también ocultando la falta de derechos laborales?

Las Cleo llevan siglos salvando niños, madres, padres y familias. Ya es hora de que se replantee el trabajo del hogar en función de las demandas de las propias trabajadoras del hogar.

 


Twitter: @wendygarridos
wengarrido@gmail.com

 

 

 

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