La corrupción, los partidos y los ciudadanos - Maria Elena Álvarez de Vicencio | La Crónica de Hoy
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La corrupción, los partidos y los ciudadanos | La Crónica de Hoy

La corrupción, los partidos y los ciudadanos

Maria Elena Álvarez de Vicencio

La percepción, o certeza, de la cuantía de los recursos que se desvían por la corrupción, ha hecho pensar al actual gobierno que el abatirla generará los fondos necesarios para solucionar muchos de los problemas pendientes. Considera que aun cuando se disminuyan los presupuestos, en comparación con los anteriores, alcanzarán para más, si se manejan con honestidad. La premisa no carece de fundamento y esperamos que en la realidad, sean cuales sean los presupuestos, se usen para lo que fueron señalados y no sufran desviaciones por la corrupción.

La honestidad en el manejo de los recursos ha sido promesa del actual gobierno y todos los mexicanos esperamos que esa promesa se haga realidad. El que México esté en los primeros lugares de corrupción, justifica el empeño que se ponga para eliminarla.

Casi todas las instituciones, en mayor o menor medida, realizan o han realizado prácticas corruptas. En una época los partidos políticos fueron considerados entre las instituciones que aventajaban en esas prácticas; hoy no sabemos si esto haya disminuido, pero ante la presencia de distintos partidos como origen de los actuales gobernantes, se hace indispensable que todos revisen sus prácticas internas y los que tienen funcionarios de gobierno emanados de ellos, vigilen su comportamiento y si se descubren prácticas corruptas, no omitan la sanción, denuncia o expulsión, por temor a la pérdida de imagen, ya que el comportamiento de los funcionarios es la imagen del partido que los propuso.

La corrupción a gran escala pareció generalizarse debido a la impunidad, lo cual dio como resultado que las prácticas corruptas generaran beneficios y que no se recibiera ningún castigo por cometerlas ni se obligara a restituir lo mal habido.

Ante la realidad del actual gobierno, el país necesita fortalecer el sistema de partidos y ganar la confianza de la ciudadanía convenciendo con su comportamiento. Es indispensable aplicar la ética en el manejo de sus recursos y en la elección de sus candidatos, así como en sus posicionamientos y negociaciones políticas. Algo también muy urgente es insistir en la formación de la conciencia ciudadana para formar en ellos la convicción cívica y evitar que sean manipulados

Son muchas las acciones que pueden emprender los partidos, el gobierno y las instituciones privadas para abatir la corrupción, pero lo principal será la prevención que se haga con la educación y formación que reciban los niños y jóvenes desde la familia y la escuela. Los valores se fijan en los primeros años de vida por lo que serán definitivos los ejemplos que reciban de padres y maestros en esa etapa.

El que los ciudadanos no permanezcan indiferentes ante casos de corrupción y el que perciban que el saqueo de los recursos públicos le afecta a cada uno en particular, es un síntoma favorable. Esa toma de conciencia puede llevar a los ciudadanos a ser vigilantes del comportamiento de sus gobernantes y si esa vigilancia los lleva a la exigencia, se podrá llegar a transformar el comportamiento de los partidos y de los funcionarios públicos.

Una premisa de cualquier democracia es que la formación veraz y oportuna llegue a todos los ciudadanos y para esto se requiere de voluntad política, de libertad y pluralismo de los medios de comunicación y de la decisión de los ciudadanos para buscarla y utilizarla con responsabilidad.

La Ley de Acceso a la Información, aprobada desde 2003, se ha convertido en un derecho fundamental porque potencia otros derechos para los ciudadanos, pero será inútil si lo hacen de manera irresponsable y también si los partidos la utilizan como arma para sus propios interese y no para los fines de su creación.

 

María E. Álvarez de Vicencio
Doctora en Ciencias Políticas
melenavicencio@hotmail.com

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