Narran encierro de Myra Hindley, la mujer más odiada de Inglaterra | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 12 de Enero, 2019

Narran encierro de Myra Hindley, la mujer más odiada de Inglaterra

De la triste y larga lista de asesinos seriales, destaca Myra, porque nunca quedó claro si ella cometió de manera directa alguno de los homicidios, dice Luis Bugarini

Narran encierro de Myra Hindley, la mujer más odiada de Inglaterra | La Crónica de Hoy

Luis Bugarini es autor de la trilogía Europa (2013, 2018). Nacido en la Ciudad de México en 1978, este autor ha inspeccionado historias y geografías de diversas partes del viejo continente. Poeta, narrador y ensayista, Ediciones Periféricas le acaba de publicar Papeles de Myra Hindley, una ficción poética en torno al encierro en prisión de esta asesina serial británica. Por ello, charlamos con él.

— ¿Por qué te interesó el personaje y el caso de Myra Hindley?, ¿por el misterio del multihomicidio?,¿ por las referencias literarias y documentales que están alrededor de su historia?

— Me pareció que de la triste y larga lista de asesinos seriales destaca Myra Hindley, porque nunca quedó claro si ella cometió de manera directa alguno de los homicidios o si únicamente se mantuvo como una colaboradora indirecta de los mismos. En sus declaraciones siempre negó una participación activa, ya que su tarea era engañar a los pequeños para entregarlos a quien entonces era su pareja: Ian Brady. Esto, por supuesto, no disminuye su culpabilidad, pero sí genera una forma de actuación  diferenciada en el mundo de los asesinos seriales. Me impactó, en principio, que Ian Brady era lector de Mi lucha, de Adolf Hitler, y se imaginó como un nacionalsocialista, lo que intentó contagiar a Myra Hindley.

¿En qué momento un programa de gobierno se transforma en violaciones y homicidios de niños?, aún no queda claro. También llamó mi atención que Ian Brady era un intelectual en el sentido sensible del término. Era un lector de Nietzsche, de literatura seria y de otros pensadores que, al final, lo llevaron al convencimiento de la posibilidad del “crimen perfecto”, aquel que permitía experimentar la superioridad que otorga imponerse a otro a  través de la inmolación, pero sin las consecuencias legales. Su modo de entender el “superhombre” de Nietzsche era tirar a la basura la moralidad de los otros.

Es un asunto muy enfermo en el que Myra Hindley, a mi juicio y después de haber leído casi todo lo disponible sobre el caso, quedó atrapada por su vínculo sentimental con Ian Brady. Es la definición más incontrovertible de lo que podríamos llamar “relaciones peligrosas”.

— Teniendo los materiales para escribir un ensayo, ¿por qué te decantas por la narración y la poesía?

— El asunto de Ian Brady y Myra Hindley es frecuente en la prensa inglesa. Uno de los niños  asesinados nunca fue hallado y apenas el año pasado murió su madre sin saber su paradero. La opción del ensayo habría sido imposible de hacer notar debido a la proliferación de materiales (muchos de ellos de testigos de primera mano), así como de la escritura de los propios protagonistas. Ian Brady, por ejemplo, publicó sus memorias de prisión en las que, por lo demás, nunca menciona a Myra Hindley.

Sin embargo, no tengo conocimiento de la escritura de una opción más personal, como es este caso. El reto de la escritura fue que Myra Hindley pudiera leer sus “Papeles” y asentir de cada uno de ellos para admitirlos como si hubiesen sido escritos por ella. Imaginé que una prolongada estancia en prisión te obliga a escribir y lo primero que tienes a la mano como materia prima eres tú mismo, así que no me pareció arriesgado un ejercicio semejante. Abordar cualquier aspecto de Myra Hindley nunca es fácil. Marcus Harvey expuso un retrato de ella en 1997 en la Royal Academy of Art de Londres, y aquello fue una bomba.

— Aunque la primera y segunda partes de este poemario sean aparentemente diferentes, primero prosa y luego poesía, en ambos géneros hay una reflexión introspectiva de Hindley en torno a su existencia y su encierro, entonces, ¿por qué hacerlo en dos partes, por qué dividirlo?

— Myra Hindley, lo mismo por el tedio que por la posibilidad de salir antes de prisión, hizo estudios de “humanidades” en sentido amplio. No era una mujer sin instrucción. Imaginé la división porque la primera parte es una escritura raspada a partir de apuntes sueltos, de carácter más documental; y dejé para la segunda la poesía propiamente dicha. Ella conocía la tradición poética inglesa, la de los románticos góticos y la del modernismo. Dentro de las leyes de esa pequeña ficción, imagino que ella no los habría colocado juntos, pues se corre el riesgo de que las líneas sueltas se lean como poéticas cuando son meramente documentales, un registro de las horas en un papel al azar. Por sus lecturas de prisión, Myra Hindley me habría dado la razón.

— Hay en la parte poética ejes temáticos que me llaman la atención. Uno de ellos es el mismo proceso de escritura. Otro es la luz en el encierro como revelación creativa. Uno más el origen del miedo. ¿Podrías explicarlos?

— Myra Hindley, a diferencia de Ian Brady, no era una intelectual. Ella lo amaba y él le proveía diversión extrema: alcohol, sexo libre (eran los sesenta en la Inglaterra provinciana), viajes en motocicleta e ideas delirantes de un enfermo con una enorme capacidad para relacionarse con el mundo. Una vez que llega a prisión, sin embargo, descubre las palabras, lo cual es común durante periodos prolongados de encierro. Un prisionero, por lo común, escribe o desea hacerlo. A mi modo de entender, como corolario de todas las lecturas realizadas antes de la escritura del libro, Myra Hindley descubre el poder de la palabra escrita, que utiliza para consignar temores fundamentales, casi infantiles: la soledad, el miedo, la presencia de la muerte. Es necesario recordar que Myra Hindley fue la mujer más odiada de Inglaterra durante décadas. Su familia, la sociedad y hasta Ian Brady le dieron la espalda. Su nombre fue sinónimo de oprobio. Eso te lleva a padecer la vida como una secuencia de obscuridades sin final. Papeles de Myra Hindley es un recuento ficcionalizado de una mujer que se equivocó y pagó de manera excesiva con el rechazo social. También es un registro de que la palabra es una herramienta de salvación incluso para quienes, al parecer, ya no pueden acceder a ella.

Imprimir