Murray, “El Caballero de la Reina,” prepara el adiós | La Crónica de Hoy
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Murray, “El Caballero de la Reina,” prepara el adiós

Después de ser eliminado en el Torneo Abierto de Australia, sólo aguarda la llegada de Wimbledon, donde una tarde del mes de julio hace seis años cambió para siempre su historia y la del tenis británico, el último Lord en proclamarse campeón en el “Pasto Sagrado”.

Andy Murray, para la historia, difícilmente volverá a ser contado como escocés, porque hizo que todo un Imperio, la Gran Bretaña, se rindiera ante él.

"Me siento diferente, es muy distinto el sentimiento", el micrófono temblaba en las manos de Andy Murray, quien por vez primera en 77 años pudo cambiar esa burlona expresión casi convertida en ley, “Cuando pierde es escocés, cuando gana es británico”... Ya habría tiempo para convertirse en un británico global cuando allá mismo en Wimbledon se cobró la afrenta en cierta forma al coronarse campeón olímpico, pero Wimbledon, el “Pasto Sagrado” en una misma expresión, sí, definitivamente eran algo diferente.

Un año antes, en lo que el propio Andy había considerado el más doloroso momento en su carrera, había perdido en un trepidante encuentro ante Roger Federer que lo privó de levantar los brazos al cielo dos veces en el mismo lugar con apenas unas semanas de diferencia.

Desde que Fred Perry ganó en el All England Lawn and Tennis Club el último de sus tres títulos en 1936, ningún otro británico, menos, ningún inglés, había podido levantar el trofeo de campeón de Wimbledon. Lo más parecido a un británico fue Pat Cash, el australiano también campeón del clásico del tenis que aún respeta la regla de “todos de blanco”, quien proviene de un país de la Commonwealth, y vivió en Inglaterra los últimos 36 años, pero no es británico. No nació en la Gran Bretaña, Murray sí.

Por eso, ese 7 de julio del 2013 (el séptimo día del séptimo mes, 77 años después de Perry) era profundamente especial. Murray, sembrado número dos del tercer Grand Slam del año, derrotó, en un encuentro no menos emocionante que el que había perdido en 2012 ante Federer, cuando fue hasta las lágrimas, al primer clasificado y campeón defensor Novak Djokovic 6-4, 7-5 y 6-4, a pesar de haber perdido tres match points y una ventaja de 40-0 en el último juego del tercer set mientras defendía su servicio, para finalmente “hacer historia” como aparecía en una de las múltiples mantas de apoyo al “británico” en aquel luminoso día en Londres.

“Ese último juego será sin duda el que vaya yo a recordar como el más difícil de mi carrera” señaló Murray a la televisión al concluir el encuentro. Andy había aventado su gorra, levantó los puños en alto para saludar al público y había caído de rodillas al pasto, la respuesta fue un efusivo “God save the Queen” (Dios salve a la Reina), emocionante y estentóreo. Luego un candente y fraternal abrazo con Djokovic, su rival pero más viejo amigo. Habían transcurrido ya los 30 puntos de rompimiento, 11 servicios rotos y 3 horas y nueve minutos de partido en aquel séptimo día del séptimo mes del año, 77 años después de Fred Perry.

Alguien señaló con toda propiedad que Andy Murray, entonces de 26 años, era el primer hombre en pantaloncillos cortos en ganar sobre el pasto sagrado, y aunque la estatua de Fred Perry daba constancia de la grandeza del legendario tenista inglés, en esos 77 años hubo otro ganador nacido en Inglaterra, Virginia Wade, quien en 1977 ganó el torneo individual femenil, pero los varones nunca pudieron romper esa barrera para alcanzar la gloria hasta aquel día. De hecho, la furiosa embestida de Djokovic ganando tres ediciones, incluyendo el año pasado, y el retorno de Federer para ganar su octava corona, dejaron apenas espacio para que el escocés volviera a coronarse una sola vez, en 2016, imponiéndose al canadiense Milos Raonic.

MÁS CABALLERO QUE NUNCA.… En un hecho que marcó muy profundamente su carrera, el 5 de Agosto de 2012, allá mismo en Wimbledon, 27 días después de aquella dolorosa derrota en el Abierto, Murray se coronó campeón olímpico derrotando a Federer. Tal vez muy tarde, pero se convertía en el primer británico en ganar el oro Olímpico desde la reinclusión de este deporte en 1988 en Seúl. Esta victoria, aunada a su primer triunfo en el All England Lawn and Tennis Club le valió ser nombrado Oficial de la Orden del Imperio Británico, distinción que recibió de las manos del Principe William, Duque de Cambridge.

Sin embargo, tras concluir el más exitoso año de su carrera profesional en 2016, cuando obtuvo su segunda victoria en Wimbledon y ratificó su condición de campeón olímpico en Río de Janeiro, además de haberse colocado como número uno del mundo, finalmente su Majestad, la Reina Elizabeth II de Inglaterra, le confirió el honor de ser nombrado “Caballero de la Orden del Imperio Británico”, una de las más altas distinciones que confiere la Corona de la Gran Bretaña.

Tras ser eliminado en la primera ronda del torneo Abierto de Australia, todo indica que llegará a Wimbledon para despedirse de su gran trayectoria. Así llegará a su final la carrera de un chico proveniente de un poblado denominado Dunblane, más famoso que nada por un triste y trágico capítulo ocurrido en 1996, cuando un sujeto asesinó a 16 estudiantes y una maestra en la Escuela Primaria Dunblane en la matanza más cruel en la historia reciente de Gran Bretaña. Ese 13 de marzo fue un día en que Andy acudió a clases y que quizá,  forma parte de esa fuerza que lo llevó a ser el mejor del mundo, formando parte de una familia donde su hermano Jamie y su madre Judy, alguna vez capitana del equipo británico de la Copa Federación, y por supuesto, su coach en la infancia, también trabajaron para hacer que Escocia se sintiera orgullosa de sus hijos, más aún, cuando las diferencias políticas de esta nación, la confrontan con toda la Gran Bretaña.

Andy Murray, para la historia, difícilmente volverá a ser contado como escocés, porque hizo que todo un Imperio, la Gran Bretaña, se rindiera ante él.

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