Los jubilados pueden resolver problemas sociales, asegura Rafael Kohanoff | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube

Los jubilados pueden resolver problemas sociales, asegura Rafael Kohanoff

Nuestros científicos. Rafael Kohanoff tiene 93 años de edad y es director del Centro de Tecnologías para la Salud y la Discapacidad, del Instituto Nacional de Tecnología Industrial de Argentina 2 Recibió el Doctorado honoris causa del Instituto de Estudios Críticos de México

Los jubilados pueden resolver problemas sociales, asegura Rafael Kohanoff | La Crónica de Hoy

Las personas de más de 60 años son uno de los activos más importantes que tienen las sociedades para resolver los problemas que no ha podido arreglar el Estado ni el Mercado. Ellos pueden hacer empresas sociales y su impacto sería enorme, como en México, donde hay más de seis millones de jubilados, afirma el ingeniero Rafael Kohanoff, quien tiene 93 años de edad, es director del Centro de Tecnologías para la Salud y la Discapacidad, del Instituto Nacional de Tecnología Industrial de Argentina y quien recibió esta semana el Doctorado honoris causa del Instituto de Estudios Críticos de México, dedicado desde 2001 a plantear soluciones para la población con discapacidad.

Robusto, atento, midiendo el peso con el que van cayendo cada una de sus palabras, Rafael Kohanoff es impulsor de un concepto que tiene profundas implicaciones sociales y económicas, pero sobre todo humanas: la Cuarta Edad. Con este nombre pone sobre la mesa la idea de que hay una etapa de la vida sobre la que no se ha reflexionado lo suficiente, además de las tres grandes etapas en las que la actividad de las personas tiene un sentido muy claro: 1) infancia, en la que el esfuerzo social e individual se enfoca en el crecimiento y aprendizaje del niño y niña dentro del seno familiar; 2) juventud, en la que el estudio y formación profesional concentran la energía de los individuos, y 3) edad adulta, donde el trabajo, consumo y mercado ocupan gran parte de la energía.

“Ante esto, nosotros invitamos a pensar críticamente sobre lo que sería una cuarta etapa de la vida, una cuarta edad que podemos ubicar después de los 63 o 65 años, cuando muchos adultos ya están jubilados o ya no están integrados a los espacios normales de trabajo. Ellos son una gran riqueza y son capaces de atender muchas problemáticas sociales a través de proyectos de emprendimiento que pueden cobrar forma a través de Pymes (Pequeñas y Medianas Empresas)”, indica el Ingeniero Químico, quien afirma que para vivir muchos años el secreto no radica en lo que uno come o el ejercicio que uno hace, sino “en encontrar un sentido a la vida”.

“Muchas personas que se jubilan o alcanzan cierta edad ya no tienen una actividad que los conecte con el resto de la sociedad. Y la propia sociedad no está preparada para aprovechar el conocimiento, fuerza y experiencia de estas personas. Esto hace que para muchos adultos mayores sea muy fácil ‘comprar la vejez’ y aislarse o dedicar su energía a actividades de entretenimiento como el tejido o las clases de bailes. Entonces, este despertar cada día pensando ‘en qué me voy a entretener hoy’ se convierte en una antesala de la muerte. Si la sociedad conecta a todo ese grupo de personas con las grandes necesidades desatendidas, el impacto social sería muy grande”, subraya.

Inventor incansable. Egresado de Ingeniería Química de la Universidad Nacional de Litoral, en Argentina, autor de más de 40 inventos, Rafael Kohanoff es el séptimo hijo de un matrimonio de migrantes de Ucrania que le enseñaron la importancia de enfrentar las adversidades y encontrar soluciones a los cambios; por ejemplo, el exilio.

La mayoría de los inventos de este ingeniero están dirigidos a personas con discapacidad pero su impacto va mucho más allá, beneficiando a todo el tejido social. Uno de los ejemplos fue una prueba rápida para analizar la salud visual de los niños estudiantes de nivel básico, que se puede descargar gratuitamente de internet e imprimir en cualquier impresora, la cual fue eficiente para detectar que el 8 por ciento de una población de 25 mil estudiantes tenía problemas de la vista.

Otro de sus inventos de ayuda a la comunidad fue un sostén para bastones que solucionó un problema que es común para los adultos mayores y que no es visibilizado por el resto de la sociedad: el hecho de que cuando un bastón es apoyado en una mesa y se resbala obliga a los adultos mayores a agacharse y esto llega a provocar accidentes que incluso desembocan en fracturas de cadera.

“Lo que conecta a todos estos proyectos de trabajo es el invitar a las personas a pensar diferente. En el caso de los dos inventos señalados, ambos surgieron después de que yo y un grupo de ingenieros con los que trabajo vimos que estaban esos problemas y que en todo el mundo nadie se había dedicado a atenderlos porque no eran negocio. Así surgen soluciones simples y efectivas, en las que lo único que hace falta es pensar y ver las cosas de otra forma. Esta misma manera de actuar es lo que decimos que puede ser una gran riqueza de parte de la llamada Cuarta Edad”, indica el ingeniero que a lo largo de su vida ha fundado 10 empresas privadas de calzado Skippy y tecnologías.

En México, el trabajo de Rafael Kohanoff se realiza a través de 17, Instituto de Estudios Críticos, institución que desde el año 2001 impulsa la investigación, la formación y actividades editoriales.

Su particularidad es hacer contribuciones en temas poco explorados por las instituciones académicas en México y América Latina, en áreas que van desde la filosofía a la “discapacidad” y desde el psicoanálisis y el arte a la ecología. Ha otorgado el Doctorado honoris causa a figuras como el fotógrafo esloveno Evgen Bavcar (2010), el creador e inventor mexicano Ariel Guzik (2015), el jazzista lituano Vyacheslav Ganelin (2016), el ambientalista canadiense Pat Mooney (2017) y la percusionista escocesa Evelyn Glennie (2018), entre otros.

Imprimir