Las batallas en el desierto también se lee al caminar por calles de la Roma | La Crónica de Hoy
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Las batallas en el desierto también se lee al caminar por calles de la Roma

Hoy se cumplen cinco años de la muerte de José Emilio Pacheco y Crónica lo recuerda con un recorrido por los escenarios de su novela, para tener una percepción distinta de esta historia

Las batallas en el desierto también se lee al caminar por calles de la Roma | La Crónica de Hoy

El poeta José Emilio Pacheco (1939-2014) hizo que las calles Tabasco, Córdoba, Zacatecas y Álvaro Obregón de la colonia Roma, en la Ciudad de México, fueran trazas urbanas que la mente de los mexicanos asociaran a la historia del adolescente Carlos, enamorado de la mamá de su mejor amigo: Mariana.

Hoy, a cinco años del fallecimiento del Premio Cervantes 2009, Crónica lo recuerda con un recorrido por los escenarios de su novela Las batallas en el desierto.

“Toda obra literaria tiene un contexto que se sitúa en un territorio particular, en muchos casos ese entorno tiene una implicación directa con la trama, la estructura narrativa de la novela, aun cuando se vislumbra como telón de fondo”, señala Carlos Antonio de la Sierra quien desde hace más de 5 años es el responsable de la visita literaria Las batallas en el desierto: José Emilio Pacheco y la ciudad escrita, organizada por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA)

Este paseo, cuyo costo es de 20 pesos para todo público, abarca el corredor entre las dos plazas: Rio Janeiro y Luis Cabrera abrirá una nueva fecha: 10 de febrero, debido a la alta demanda de la actividad.

“Lo que pretendemos con este tipo de paseos es que se viva la novela desde una sensación distinta, no sólo como la lectura de un gran texto, sino contextualizarlo en los lugares que aparecen en la obra. Entonces, así uno logra una percepción distinta con conocimiento de causa de la atmósfera y ambiente que narra José Emilio Pacheco”, destaca De la Sierra.

La colonia Roma del siglo pasado que retrató el también traductor mexicano es descrita en varias ocasiones en Las batallas por el desierto por la mamá de Carlos, una señora quejumbrosa de las nuevas personas que llegaron a la zona:

“Odiaba la colonia Roma porque empezaban a desertarlas las buenas familias y en aquellos años la habitaban los árabes y judíos y gente del sur: campechanos, chiapanecos, tabasqueños, yucatecos”, escribió José Emilio Pacheco.

“Esta novela es una obra nostálgica porque es cierto que en la primera parte hay toda una reflexión en relación con épocas pasadas, de añoranza, de recuerdo por un pasado que era mejor, aparentemente. El problema con la colonia Roma es que fue, en la primera mitad de siglo XX, una colonia aristócrata, entonces esa reflexión de la mamá tiene que ver con una transición de otro tipo de personas que llegaron a habitar la colonia”, explica de la Sierra.

En la visita literaria, agrega el también escritor, lo que le interesa es que, si bien hay una mirada nostálgica en la novela con el pasado al que alude Pacheco, también es una oportunidad para que las personas también recreen su propia mirada nostálgica con la Roma actual.

“Hoy la colonia Roma es muy distinta a la que narra José Emilio, pero también es muy distinta a esa Roma que se añora en la novela, entonces hay una doble transformación de la zona”, indica.

ESCENARIOS. En Las batallas en el desierto, el poeta José Emilio Pacheco plasmó a través de la voz de Carlos diferentes puntos de la Roma, por ejemplo, el autor explica que la actual avenida Cuauhtémoc era llamada Calzada de la Piedad y que su entronque con el Parque Urueta, hoy Jardín Pushkin, formaban —y aun hasta nuestros días— la línea divisoria entre la Roma y la Doctores.

El Premio Iberoamericano de Letras José Donoso 2001 también alude a los cines de la época: “Los viernes a la salida de la escuela, iba con Jim al Roma, el Royal, el Balmori, cines que ya no existen. Películas de Lassie o Elizabeth Taylor adolescente. Y nuestro predilecto: programa triple visto mil veces: Frankenstein, Drácula y El Hombre Lobo”.

En los momentos álgidos de la novela, José Emilio Pacheco conjuntó la narrativa con el paisaje citadino: cuando Carlos sale de su primera visita a la casa de su mejor amigo, Jim, y conoce a Mariana.

“Caminé por Tabasco, di vuelta en Córdoba para llegar a mi casa en Zacatecas. Los faroles plateados daban muy poca luz. Ciudad en penumbra, misteriosa colonia Roma de entonces”.

Después, en ese mismo capítulo en donde se escucha la canción Obsesión (Por alto esté el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo), Carlos mira la Avenida Álvaro Obregón y dice para asimismo: “Voy a guardar intacto el recuerdo de este instante porque todo lo que existe ahora mismo nunca volverá a ser igual. Un día lo veré como la más remota prehistoria. Voy a conservarlo entero porque hoy me enamoré de Mariana”.

En un segundo momento de la trama esas mismas calles aparecen cuando Carlos sale corriendo de la casa de Mariana y, en vez de regresar a clases de donde salió sin permiso, camina hasta Insurgentes.

“Más allá de hacer una visita a manera de guía turística, es estar en ciertos lugares emblemáticos que aparecen en la novela, hacer una lectura en esos espacios, sobre todo lo que se vive cuando Carlos sale corriendo de casa de Mariana”, precisa Carlos Antonio de la Sierra.

La idea, añade, es tener los lugares de la novela como una suerte de espacio mental, es decir, una reconstrucción a través de la ficción.

“La Roma no es la misma colonia no sólo por la temporalidad sino por la construcción que Pacheco nos dio a través del lenguaje y la ficción. Hoy es un lugar aderezado por la historia de Carlos y su despertar a la vida, al amor, a la sexualidad y todo lo que esto conlleva: desencantos, decepciones, exaltaciones”, indica.

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