En México, estamos en algo peor que la soledad y desolación: Cristina Rivera Garza | La Crónica de Hoy
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En México, estamos en algo peor que la soledad y desolación: Cristina Rivera Garza

Entrevista. Me parece que los jóvenes han crecido en los últimos años en un estado de guerra, como lo es México, han tenido que posesionarse frente asuntos tan graves como la violencia contra mujeres, dice la ganadora del Premio Sor Juana Inés de la Cruz

En México no sólo estamos en una soledad y una desolación, sino tal vez algo peor que eso, tras los años que llevamos de violencia contra mujeres y jóvenes  donde sólo los huesos es lo único que nos identifica, si tenemos suerte, pero hay casos como la masacre de Ayotzinapa, hecho al que ni siquiera tenemos acceso a  este registro, dice la escritora Cristina Rivera Garza.

La también autora de Verde Shanghai habla en entrevista telefónica sobre la reedición de su novela La cresta de Ilión y señala que “a pesar de que fue escrita hace algunos años, creo que éste es su momento, porque los asuntos que me preocupaban  en esa época: la desaparición y violencia de género, el incorporar las cuestiones de género en una conversación más larga, en ese tiempo había, en lo general, una reticencia cultural para hablarlos”.

Por esto, añade, el principal interés era que estos temas estuvieran en la mesa de discusión de la sociedad, lamentablemente, dice, “creo que por desgracia la realidad nos ganó. La violencia continúa, especialmente  contra mujeres y jóvenes, pero por fortuna hay un activismo mucho más visible, con generaciones de hombres y mujeres, que lejos de tener una reticencia a incluir las cuestiones de género, se han visto forzados a tomarlos y abrazaron estos temas porque eran impostergables”.

Lo importante de estas generaciones, abunda, es que no les da miedo decir  que son feministas.

— ¿Por qué este cambio en las generaciones recientes?

— Me parece que los jóvenes han crecido en los últimos años en un estado de guerra, como lo hay en México, han tenido que posesionarse frente asuntos tan graves como la violencia contra mujeres,

— ¿Sufren la soledad y el miedo de la violencia?

— Sí. Y no sólo estamos en una soledad y una desolación, sino tal vez algo peor que eso en este estado en el cual nuestro huesos es lo único que nos da identidad, eso si tenemos suerte, porque incluso a algunos se les arrebatan esos huesos, como lo muestran hechos tan serios como la masacre de Ayotzinapa, donde ni siquiera tenemos accesos a este registro que es el hueso humano.

ACTUALIDAD. Cristina Rivera señala que a pesar de que La cresta de Ilión fue publicada en 2002, “creo que éste es su momento, porque los asuntos que me preocupaban  en esa época: la desaparición y la violencia de género y hablar de las cuestiones de género, ahora se tocan y especialmente la desaparición física de muchas mujeres”.

En este sentido, la ganadora del Premio Sor Juana Inés de la Cruz explica que la desaparición es ese estado liminal que no podemos saber si estamos vivos o muertos. Con este argumento, añade, “me interesaba, al escribir La cresta de Ilión, ligar dos cosas: por una parte, la desaparición concreta y física de cuerpos de mujeres a finales del siglo XX e inicios del XXI, cuando fuimos bombardeados con noticias cada vez más preocupantes de lo que después se llamó feminicidio”.

Con esto, Cristina Rivera buscó hacer una relación entre estas desapariciones y la de corpus literarios de mujeres. “Por esto fue importante lanzar un guiño a la obra de Amparo Dávila, escritora que en años más recientes sus obras han sido reeditadas, reconocida y homenajeada, pero cuando escribía esta novela realmente era una creadora en muchos sentidos desaparecida, a pesar de ser una estupenda”.

Entonces, indica, le interesaban las dos cosas, porque hay una violencia, que aunque es en grados y formas  distintas contra la mujer, y las despariciones que hace referencia en la novela, “son desapariciones en las que juega un papel fundamental el poder”.

“Hay fuerzas en nuestro alrededor que invisibilizan ciertas experiencias y visibilizan otras relegándolas a espacios tan difíciles de capturar, de detener, como es precisamente éste de las desapariciones”.

Ésta es una de las partes fundamentales de la novela, dice, y por eso “era importante recurrir a la obra de una mujer que había estado “desaparecida”, aunque estaba viva y cuya obra es fundamental, pero era vital no sólo utilizar el nombre, sino convertirla en un personaje, y hacer de sus estrategias literarias, de la manera en cómo construía atmósferas llenas de miedo y paranoia, eso lo quería para La cresta de Ilión.

Esta atmósfera paranoica que viven los personajes, explica, tiene mucho que ver con el tipo de entorno donde están, con esta situación opresiva difícil de dilucidar.

— En la novela describes al poder, empotrado en un hospital, el cual somete y desaparece a personas.

— El hospital representa el poder que resguarda los archivos, la historia y finalmente donde se guardan los cuerpos. Están también esas relaciones íntimas y concretas a través y con la violencia.

Aunque en la novela está siempre el asunto del deseo. Hay una especie de contraposición entre todas las cosas que se están yendo en este remolino de violencia, pero a la vez detenido o redirigido a través del deseo. Finalmente, el deseo está inmiscuido en toda esta relación paranoica y de miedo, pero por momentos aislados pareciera tener un significado más placentero.

Cuando estaba trabajando en la reedición, pude leer la novela con cuidado y me di cuenta de que si todos los personajes estuvieran vivos  lo huesos no tendrían tanta relevancia. Creo que se vuelve un motivo recurrente porque sólo si estamos muertos tenemos que recurrir a los huesos para saber la identidad de género y creo que en esa lectura que hice es una posibilidad de lectura para otros, y en la cual todos los personajes son esqueletos, como si fueran zombies, como si ellos estuvieran habitando en esta desaparición.

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