Azcapotzalco: la bodega del huachicol que amenazaba con una tragedia | La Crónica de Hoy
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Azcapotzalco: la bodega del huachicol que amenazaba con una tragedia

A 100 pasos de la bodega descubierta hay una primaria, casas, y empresas... “un derrame hubiera sido peligroso para la comunidad”, dice Juan Francisco Rivera, subdirector de Transporte de Pemex Logística ◗ La zona es un enjambre de ductos donde ordeñaban desde el tendero hasta el cura, cuenta un comerciante

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Aquí, todos podrían robar combustible: la tendera, el optometrista, la vendedora de zapatos y hasta el cura…

“Es como la tierra prometida del huachicol. Si no robamos gasolina, es porque no queremos”, dice don Aurelio Ponce, dueño de una óptica ubicada sobre la Calzada ­Real San Martín, por donde cruzan ocho ductos de Petróleos Mexicanos conectados hacia la terminal de almacenamiento de Azcapotzalco, a unos 3 y medio kilómetros de distancia.

—¿Probaría de huachicolero?

—Si otros roban, ¿nosotros por qué no? —responde en tono retozón.

En una franja de 250 metros, desde la parroquia de San Martín Obispo de Tours hasta la bodega donde el pasado martes se localizó un túnel con cinco tomas clandestinas, se agolpa una decena de postes de señalización, en los cuales se advierte el paso de ductos de combustible, con las leyendas: “No golpear. No excavar. No construir”.

Pero aquí, en los límites de las colonias Santa Inés y Pueblo San Martín Xochinahuac, los avisos fueron ignorados. Sobre los ductos se ha edificado un corredor de establecimientos comerciales, empresas y viviendas particulares, sin reparo de las prohibiciones legales y el respeto al derecho de vía. Se vive sobre el burbujeante paso de gasolina, diésel y turbosina, sobre el espeso flujo de gas.

Los postes amarillos de alerta se encuentran a pie de puertas y ventanas, como decoración de bienvenida en locales, predios y casas.

La alarma del sistema de monitoreo de Pemex sonaba desde hace tiempo e indicaba una baja de presión por esta zona. Los vecinos refieren la presencia añeja de cuadrillas de la petrolera, aun antes del arranque del gobierno lopezobradorista.

“Ya habían venido dos veces a buscar, desde el año pasado andaban tras el rastro: escarbaban e inspeccionaban empresas, pero nunca encontraron nada, o a lo mejor se hicieron de la vista gorda”, cuenta Edgar, empleado de la compañía In Gram, distribuidora de productos de cómputo y la cual también se ubica sobre el área de poliductos, en contraesquina al terreno donde fue detectado el túnel.

Es la vida, sentada sobre las rodillas de la muerte… “Hablamos de un área completamente urbana, y un derrame aquí habría sido muy complicado, muy peligroso para la comunidad”, describe Juan Francisco Rivera Cavazos, subdirector de Transporte de Pemex Logística.

Sobre las tomas clandestinas la tortillera aceita su maquina, el panadero saca los bolillos del horno, el encargado de la tienda esotérica lanza sus cartas, el peluquero espera con ansias a su primer cliente y decenas de señoras se arremolinan en torno a una comercializadora de zapatos por catálogo.

El robo se daba a 100 pasos de la escuela primaria Tierra y Libertad, con clave 17029, donde se encuentran inscritos alrededor de 200 niños.

La maestra Maru, directora del colegio, se niega a charlar del tema, pero doña Mary, conserje, sí lanza un par de súplicas divinas: “Estamos en medio de un nido de huachicol”.

En el acceso escolar se ha colocado un letrero para los padres de familia: “Se les recuerda que las actividades y las clases son normales. Si hay alguna indicación por las autoridades, se les dará a conocer”.

En la esquina de 16 de Septiembre y Amores, a unos metros del hallazgo de huachicol, don Gonzalo Zaragoza ofrece atoles, tamales oaxaqueños y guajolotas.

“En este punto llevo dos años, pero más de 30 vendiendo por la zona”, narra.

—¿A poco no se sabía de la ordeña?

—Pues veíamos pasar muchos tráileres y pipas, pero como hay empresas por aquí, no lo veíamos raro. Lo que sabíamos era que en el predio se distribuían celulares.

—¿Cómo se enteró?

—Me dijeron los chinitos.

—¿Qué chinitos?

—Los que trabajaban en la bodega. Eran de China y de repente salían a comprar tamales. Al principio no les entendía nada, pero luego agarré confianza y les pregunté a qué se dedicaban… dijeron que a los celulares, con esa historia nos quedamos, aunque pa’mi que esos pinches chinitos andaban metidos en el huachicol.

—¿Y el logotipo de BP Corporativo?

—Ya estaba desde antes, de cuando andaban ahí los chinos. Apenas a finales del año pasado los dejamos de ver.

A 50 metros se abrió una mesa de trámite del Instituto de Vivienda de la CDMX, desde donde se asoma el policía auxiliar Jesús Mendoza: “¿Cómo no nos dimos cuenta? —se reprocha a sí mismo—. ¿Cuánta gasolina no se habrán robado estos cabrones? Con una pipa que se llevaran, ganaban los puros billetes”.

Entre tortillas calientes y pan recién horneado se vive aquí, sobre ductos ardientes. A 800 metros del Metro Aquiles Serdán y a 500 metros de la estación Tezozómoc.

Un chispazo habría regado desolación, por la cantidad de negocios y unidades habitacionales. Junto al predio asegurado se comenzó a construir un plurifamiliar desde hace meses.

La casa de don Miguel Ortiz también se levantó sobre los ductos: “Las autoridades nunca nos dijeron que fuera peligroso o irregular”.

—Usted también podría ser huachicolero —se le comenta.

—Aquí cualquiera, pero es mejor no meterse en problemas, ya ve cómo quedaron los de Hidalgo, mejor pobre que chamuscado…

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