El terror de una vejez sin cordura | La Crónica de Hoy
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El terror de una vejez sin cordura

El geriatra José de Jesús Rivera, con doctorado en Ciencias por la UNAM, explica a Crónica cómo la memoria, la abstracción, el juicio y el comportamiento social se van alterando con el paso de los años, así como algunas medidas para mantener el cerebro activo

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Con la vejez se presenta aquella enfermedad que afecta el desempeño de lo que llamamos funciones mentales: juicio, abstracción, cálculo, heterocrítica, memoria, ejecución y habilidades sociales y atencionales. Todas éstas son manejadas por el cerebro y son las que se van deteriorando, comenta José de Jesús Rivera Sánchez, geriatra con doctorado en Ciencias por la UNAM. “Es lo que llamamos deterioro cognitivo global. Puede ser de un solo dominio, es decir, perder la capacidad atencional nada más, o multidominio, que es el más frecuente, donde la memoria, la abstracción, el juicio y el comportamiento social se van alterando.

¿Cómo se comienza a notar este mal en los adultos mayores?

—Curiosamente, el comportamiento social es el primero en alterarse, el paciente comienza a tener patrones de depresión o de ansiedad o trastornos fóbicos que nunca había manifestado, y empieza a tener renuencia por espacios abiertos o al estar en un restaurante le da una crisis de ansiedad o empieza a tener comportamiento errático: acumula cosas, agrede… Muchas veces es ahí donde se dice “es que ya está chochito, por eso se está comportando así” o si muere el cónyuge se dice “es que murió y desde entonces empezó a ocurrir esto y lo otro”. Se hace mucho la asociación de una defunción con el deterioro cognitivo, pero habitualmente es al revés; seguramente la pareja disminuía los errores del paciente y cuando muere todos se empiezan a enterar de la triste realidad: que ya existía el deterioro cognitivo y nadie lo sabía. De ahí ya viene el deterioro funcional mayor: se quedan inmóviles, dejan de moverse, dejan de reconocer, empiezan a hacer delirium y vamos viendo cómo poco a poco “se apagan”.

¿Qué tipo de deterioros cognitivos se pueden presentar y cómo diferenciarlos?

— Las enfermedades que afectan al cerebro que dan deterioro neurocognitivo se manifiestan por una serie de síntomas que caracterizan a las demencias y éstos actualmente las podemos dividir en: la demencia tipo Alzheimer; las mixtas, Alzheimer más enfermedad vascular; las vasculares; las llamadas proteinopatías (demencia prototemporal y parálisis supranuclear) y el Parkinson, en el cual el 70 por ciento de los pacientes va a llegar a la demencia.

Las proteinopatías se caracterizan por la acumulación de proteínas entre las neuronas y producen inflamación. Imagínese bancas en una escuela que ya no sirven y las van acumulando en un rincón y después alguien le avienta basura, y se junta tierra y al final se hace un muladar ahí. Bueno, eso en el cerebro genera inflamación y más destrucción neuronal y lo más terrible: rompe las conexiones entre neuronas, lo cual es exponencial pues cada neurona tiene un promedio de 54 conexiones, entonces tú pierdes una a la 54 por cada neurona que se muere… pero si se mueren las conexiones y sólo queda la neurona estás perdiendo mucho más, por eso la demencia subcortical es la más terrible. 

—¿Es factible volver funcional a un adulto mayor con deterioro cognitivo?

—Primero se hace un cálculo del potencial de rehabilitación, en función de la familia, los recursos, la enfermedad del paciente, la gravedad de esa enfermedad y ya en función de eso tú decides si ese paciente tiene buen pronóstico o no. Haces una prueba terapéutica, los que consideras que tienen buen pronóstico, los evalúas y habitualmente responden. Es decir, si ya despertó, si ya tiene mejor capacidad atencional, si ya empezó a caminar, pues entonces empiezas a sumar con todo tipo de intervenciones para ir mejorando lo más que se pueda de ese paciente. No nada más es que despierte y ya dejarlo, es hacer  que hable, que interactúe, que vuelva a la calle, que realmente tenga una vida lo más normal posible.

—¿Hay una metodología para lograrlo?

— El miedo más frecuente es abandonar tratamientos que ya trae el paciente, porque el prinning que trae la familia es que si no hacen tal o cual cosa, se va a quedar ciego, va a tener insuficiencia renal y lo van a dializar... en fin. Por eso le doy más tiempo a la familia, mi interacción es más de información para explicarles cómo se comporta la diabetes en el adulto mayor, por qué los parámetros y la idea del control es distinta en ellos y por qué se tienen que modificar los tratamientos; por qué es indispensable la actividad física y aumentar la masa muscular para que esto se logre... es una pequeña clase de fisiología aplicada para que entiendan el objetivo ­real del tratamiento; al final, el paciente va a mejorar por esos medios, no por una cuestión mágica.

¿Se puede prevenir el deterioro cognitivo y tener una vejez con calidad de vida?

—Lo primero sería romper el paradigma del plato del buen comer, pues sólo ha servido para impulsar a la industria azucarera, y regresar a la adecuada nutrición de al menos un gramo de proteínas/kg de peso; es regresar a la actividad física y mantener un cerebro activo en todos los sentidos, lo más importante de todo: aprende dibujo, aprende un nuevo idioma, absorbe información, arriésgate a hacer cosas que jamás hizo tu cerebro. Si no lo haces antes de los 45 años quizás el resultado no sea tan bueno, pero la gente que se arriesga a hacerlo tiene un deterioro neurocognitivo menor que quien sólo sabe hacer una cosa, aunque tenga carga genética para tener este problema. ¡Y es que el cerebro es movimiento, es una gran tormenta de neurotransmisores, un cableado tan sofisticado! Es impresionante la belleza de la orquesta que se lleva a cabo de neurotransmisión, de conexiones, de estructuras, de momentos espaciales para mover un dedo; por eso no hemos podido hacer algo más, no lo logramos discernir.

 

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