Bajo la piel de channel, de Danilo Moreno | La Crónica de Hoy
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Bajo la piel de channel, de Danilo Moreno

Bajo la piel de channel, de Danilo Moreno | La Crónica de Hoy

¿A qué huele una mujer después
de que se acaricia?

 

(Fragmento)

 

Uno

Huelo rico, lo sé, me lo han dicho muchas veces, lo más bacano me lo dijo un cucho, un man de barba blanca que tenía pinta de marinero, dijo que yo olía a durazno, a caña dulce, a caramelo, que olía como huelen las tardes de verano, que olía a tierra caliente, que mi perfume era como el de las flores del campo: salvaje, libre, eso me pareció relindo… Estoy ansiosa, anoche casi no pude dormir y hoy empecé a fumar desde temprano, otra vez envuelta entre este humo que me saca de mi realidad y me hace sentir que yo no soy yo.

Mi corazón está todo inflamadito, está que se me sale. Llegó la hora y lo único que se me ocurre es esto: ponerme a hablar, con la esperanza de que en algún momento, del otro lado del espejo, salga la otra Channel y me diga qué tengo que hacer… Ahí está esa maleta, ahí están empacados mis antojos, mis ganas, estas ganas que se me fueron clavando por Santiago y que no se han querido salir. Huele a sexo, huele delicioso, como si él hubiera estado aquí hace un ratico. ¡Ay Virgencita! los hombres siempre buscándome y tenía que enredarme con el más difícil… ¿En qué momento se le mete un hombre a una mujer por todas partes?

Una vez, un loquito que se enamoró de mí, o por lo menos eso me dijo, me regaló el tan nombrado perfume: Chanel Number Five, llegó una tarde y me dijo que me traía un detalle y la verdad ese perfume me olió delicioso, empecé a utilizarlo ahí mismo, se volvió mi sello personal… Huelo rico, pero no sé a qué huelo, me gustaría saberlo porque una nunca sabe a qué huele su piel. A veces sueño que algún día me alcancen un frasquito y me digan: Éste es su olor, eso me gustaría, porque el perfume que me regalaron huele rico, pero ése no es el mío…

Doña Ramona, la dueña de Atunes, uno de los negocios en donde empecé a trabajar, desde que me conoció, me dijo que yo olía lo más de rico y una tarde en vez de llamarme por mi nombre se le salió decirme “Channel”, entonces cuando descubrí que todas se cambiaban el nombre, se ponían Estefany o Estrella o Jessica, y como no me quería parecer a nadie, me bauticé: Channel, se volvió mi nombre artístico, cada vez que voy a hacer un show, el dj empieza a gritar: Y ahora la insuperable, la única, la mejor: Chaaaannelllllll… y los hombres que me conocen aplauden o gritan. Channel para mis conocidos y para todo el mundo; por eso cuando alguien me llama por mi verdadero nombre, yo siento que ya no es mío, que ya no soy ésa.

Huelo rico y soy linda, soy tan linda que casi todos los hombres, por no decir que todos, antes de estar conmigo se vienen, no se aguantan las ganas, me dicen que por lo bonita y por lo bien que huelo… Esta mañana me dije que no iba a fumar tanto pero me la he pasado en eso. Me gusta mirarme, me gusta hacerlo, mirarme por todas partes: esta cara, estos ojos, estos labios gruesos, como las mujeres de mi familia; este cuello, estos senos, esta cola, estos lunares, estas piernas, esta melena larga, tinturada con mi color favorito: castaño rojo intenso. Minutos y minutos mirándome al espejo, como hoy, así, desnudita, como vine al mundo. A veces me visto tres o cuatro veces, saco la ropa para saber cómo me veo más bonita, qué color combina más con mi estado de ánimo. Es que una no se ve igual todos los días, porque cada día es distinto. Cuando me pongo así, trascendental, me da miedo pensar que algún día ya nadie me va a desear, cuando ya sea una vieja, cuando mi piel esté arrugada como la de mi abuela, eso me asusta.

Hoy necesito cantar, tal vez me sirve para espantar esta ansiedad, estos nervios. Yo sé que canto bonito, a Santiago le gusta que le cante, muchas veces me lo ha pedido y yo como niña “obediente” le he hecho caso. Me parece bacano cantar cada vez que puedo y escuchar mú- sica a todo volumen. Es que la música la envuelve a una, la lleva a cualquier lugar, a donde una quiera viajar. Es como una magia, una cierra los ojos y se va y canta a la par de una voz que dice lo que una quiere decir, la música es parte de mi vida, me encanta y por eso canto, para que una pueda decir con las palabras de otro lo que una está sintiendo. La música sirve para espantar la tristeza.

Yo no nací para enamorarme… mmm, mmm, porque el que se enamora pierde… y el que piensa mucho también. Es que si una se enamora tiene que estar pendiente de la otra persona, tiene que saber si la quieren, saber si ese amor es compartido, eso es muy cansón. Mis amigas cuando se enamoran sufren. Por eso no soy tierna, más bien quiero ser de piedra y si alguien me va moviendo el piso, pues lo voy abriendo de una. Bueno, bueno, la verdad no es ésa. ¿Tú lo sabes, verdad? Un día llegó un hombre y me cambió la vida, un hombre con el que perdí el año, el que se acaba de ir en mis fantasías: Santiago Wiesner, es que hasta el nombre es bonito, o por lo menos a mí me parece bonito.

Ay… espejito vas a tener que aguantar toda mi pataleta, vas a tener que escuchar la historia otra vez. Si por lo menos estuviera aquí mi mascota, la araña Kelly, hablaría también con ella, pero llevo días sin verla. A lo mejor no vuelve. Me gustan las arañas desde que era una niña, eso se lo aprendí a mi abuela, me gustaría ser como ellas: ser una mujer calculadora, en cambio, me dejo envolver por la vida… por los sentimientos. Si fuera calculadora podría manejar mi historia con Santiago, pero el hilito que tejí para amarrarlo hace rato se reventó solito.

Con Santiago nos conocimos un viernes como hoy. Esa tarde yo estaba medio aburrida, eso sí, bien trabadita, como ahora. Estaba en La Piscina, allá en el centro… La Piscina es uno de los sitios más conocidos de mi barrio Santa Fe. Es como un hotel: a un lado están las habitaciones y al otro el sitio de rumba; es un sube y baja constante, porque sólo dan veinte minutos, entonces la gente va a lo que va. A La Piscina van peladas muy lindas y también llegan muchos mirones, casi siempre acompañados, porque a los hombres les gusta andar así, es como si no pudieran hacer nada solitos. Sobre la piscina —porque hay una piscina de verdad— hay un puentecito en donde yo hice mi primer gran show en esta vida…

 

 

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