Oscar al Mejor Actor: Lo camaleónico o lo popular | La Crónica de Hoy
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Oscar al Mejor Actor: Lo camaleónico o lo popular

La lucha por la gloria de este año se ha centrado en Christian Bale por Vicepresidente: Más allá del poder y Rami Malek por Bohemian Raphsody

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La primera estatuilla que se entregó en la historia de los Premios Oscar, en un principio simplemente conocidos como Premios de la Academia (hasta 1939), fue el de Mejor Actor. Era febrero de 1929 cuando se realizó la primera ceremonia, en la que ya se conocían los ganadores con meses de antelación y dado que el alemán Emil Jannings tenía que viajar y no podría estar presente, los académicos aceptaron dárselo con anterioridad por su trabajo en Su última orden y El destino de la carne.

Por ese entonces, al igual que en la actualidad con la era streaming, se estaba viviendo una tensión crítica en torno a que el cine sonoro comenzaba a desplazar al cine mudo, por lo cual algunos tradicionalistas del momento prefirieron reconocer a algunas de sus máximas estrellas del cine silente, antes de darle opción al mítico Al Jolson, que formó parte de la primera película sonora de Hollywood, El cantor de jazz (1927).

Lo curioso era que el mismo Emil Jannings había aceptado antes que la misma Academia lo que venía así que dejó su carrera en Hollywood, a causa de su mal acento inglés, para retomar su vida de actor en Alemania. Con el paso del tiempo, los Premios Oscar han aprendido a adaptarse a los propios cambios sociales y tecnológicos, entre polémicas y compensaciones para mantener a flote la entrega de cine que causa más expectativa en el cine.

Este 2019 no es la excepción, aunque es un año en el cual la categoría se presta para demostrarlo de una manera más discreta. En las más recientes ediciones esta categoría se había empañado por los escándalos sexuales. Aún es memorable como hace dos años Denzel Washington hizo una rabieta en vivo al darse a conocer que el ganador al Mejor Actor era Casey Affleck, por su papel en Manchester frente al mar, mientras en la vida pública era perseguido por los diarios amenazado de denuncias de acoso sexual.

Al final de ese 2017 se destapó el caso Harvey Weinstein, y con él una oleada de denuncias que le costó la nominación a James Franco (The disaster artist), pues la misma noche en que ganó el Globo de Oro al Mejor Actor de Comedia o Musical, varias mujeres le acusaron de haber abusado de ellas.

Este año los académicos se lo han tomado con calma y para resanar las manchas que ha tenido la categoría han puesto a competir a una serie de personajes carismáticos y talentosos sin ningún rastro de polémica. Sobre todo se ha centralizado en la pelea entre el camaleónico Christian Bale y el popular Rami Malek, pues no hay nada más efectivo que poner los reflectores en lo que podría ser más espectacular que en lo que podría mantener alguna mancha que ensucie el prestigio de los premios.

Es decir, ni el discurso de apertura global del presidente de la Academia John Bailey, con la inclusión de nuevos miembros de algunos de los más grandes talentos del cine más allá de Estados Unidos, ha podido lograr que se incluyan reconocimientos a trabajos que dejaron huella este 2018 como el francés Denis Ménochet, de Custodia compartida, en su papel de un monstruoso y violento padre de familia o, incluso, el gran papel de Ethan Hawke, que ganó la mayoría de los premios de la crítica en esta categoría por su rol en El reverendo, sobre un padre que enfrenta a sus propios demonios, pudieron alcanzar una nominación.

No obstante, sí hay un reconocimiento a un cine autoral a través de la mención a Willem Dafoe, en su papel de Vincent Van Gogh, de la película At eternity’s gate, por el cual ganó también la Copa Volpi al Mejor Actor en la pasada Mostra de Venecia, un festival que le ha dado prestigio al cine independiente estadunidense y que estrenado a algunas de las películas ganadoras de los Oscar en sus más recientes ediciones.

Por el lado del reconocimiento, hay que decir que los aspirantes de este año son buenos actores. No se trata de demeritar su trabajo sino de ponerlo en contexto. Incluso Rami Malek se vuelve lo más rescatable en una Bohemian Raphsody, que cuenta con más afán de reivindicar a los integrantes de Queen, la historia de Freddie Mercury, que la de mostrar su fascinante y descontrolada historia.

Es el mismo Malek el que juega en la competencia el rol de la “buena sorpresa”. Representa al cine comercial más popular. Al que puso de moda a Queen. Al que lo impulsó el Globo de Oro. Por el otro lado, el camaleónico Christian Bale busca su segundo Oscar de su historia (el primero se dio en el 2011, por The fighter como actor de reparto), al meterse en El vicepresidente: más allá del poder, en la piel de Dick Cheney, el temido y controversial vicepresidente de Estados Unidos durante la administración de George W. Bush, de 2001 al 2009.

Con mucho carisma también llega Viggo Mortensen, quien como Bale prestó su cuerpo a una transformación importante para interpretar su rol en Green book, en la que da vida a Tony Lip, un rudo italoamericano del Bronx contratado como chófer del virtuoso pianista negro Don Shirley, con el que descubre el nivel de discriminación de la comunidad afroamericana de los años 60.

A Bradley Cooper no le alcanzó para aspirar a Mejor Director pero su papel en Nace una estrella le valió el reconocimiento de ser mencionado como posible Mejor Actor, aunque es el que posiblemente esté más lejos de ganar.

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