El reconocimiento, la reina y el parteaguas | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube

El reconocimiento, la reina y el parteaguas

Glenn Close es la gran favorita de esta categoría, pero Olivia Colman no se la hará fácil; sin embargo, la nominación de Yalitza Aparicio es la que tiene la lectura más simbólica

El reconocimiento, la reina y el parteaguas | La Crónica de Hoy

En el 2003, Salma Hayek se convirtió en la primera mexicana en estar nominada al Oscar en la categoría de Mejor Actriz. Su mención se convirtió en un hito del cine pues entonces, en Hollywood, había muy pocos personajes para latinos. En una entrevista ella se pronunció al respecto y dijo: “Ahora no los hay, pero los habrá”. Con el paso del tiempo la comunidad latina se ha hecho un lugar en la meca del cine con personajes cada vez menos estereotipados.

Haciendo una reflexión sobre el papel de las minorías en la conquista de los premios, podríamos tomar como referencia el caso de los afroamericanos, que un año antes de la nominación de Salma conseguían con Halle Berry el galardón en la categoría de Mejor Actriz; sin embargo, tuvo que pasar más de medio siglo para que rindiera frutos el reconocimiento a esta comunidad.

Es curioso. La primera mujer afroamericana en recibir un Oscar fue Hattie McDaniel. Ganó como Mejor Actriz de Reparto en 1946, por su rol de Mammy, en Lo que el viento se llevó. Ella estuvo en Hollywood encasillada en el personaje de buena esclava, pero ella lo tomaba con orgullo porque era como el inicio de algo: “Prefiero actuar de sirvienta y ganar 700 dólares semanales que ser una sirvienta y ganar siete”.

No es un secreto que para triunfar en los Premios Oscar no hace falta tener la mejor actuación. El éxito se esconde en los vicios de la Academia de Hollywood, a sabiendas que tienen los reflectores del mundo. Es por eso que a menudo nos encontramos con algunas sorpresas de ganadores inexplicables.

En los últimos años se destacan tres formas de ganar la estatuilla que se han vuelto comunes. Por un lado está la de tener una brillante campaña promocional que te lleva hasta la estatuilla (­Gwyneth Paltrow en Shakespeare enamorado); hacer válida la carta de tener una notable carrera como actriz, para que los votantes sientan que es justo reconocer la trayectoria (Julianne Moore en Siempre Alice; Kate Winslet en The Reader) y hacer una interpretación tan fascinante que sea indiscutible el galardón (Cate Blanchett en Blue Jasmine; Frances McDormand en Tres anuncios por un crimen).

Especialmente en las últimas ediciones, las voces de las mujeres son más escuchadas que nunca a raíz de que salieron a la luz los escándalos sexuales de la industria del cine, por lo tanto la Academia se ha dado a la tarea de ser lo más correcta posible, sin demeritar el trabajo de las actrices. Lo cierto es que todas representan un eslabón a analizar.

La gran favorita de la noche será Glenn Close, quien se convirtió en la actriz con más nominaciones en la historia en esta categoría, pero de no ganarla también alcanzaría la engañosa marca de la mujer más perdedora, sin poder alcanzar el Oscar, empatando a Richard Burton en el caso de los hombres y a uno de alcanzar las ocho derrotas de Peter O’Toole.

“Todo el mundo me confunde con Meryl Streep, salvo cuando toca votar para los Oscar”, bromeó en una ocasión Close, aunque vale la pena decir que el récord de Streep de 21 nominaciones y sólo tres premios le da 18 derrotas. Regresando a Close, ella está nominada con todo merecimiento por su papel en La buena esposa, en donde ofrece un personaje contenido y amoroso que ve romper su corazón en los sueños de su amado. Lo único que le demerita un poco es la similitud con el arco narrativo de Amy Adams en Ojos grandes, de Tim Burton.

La segunda actriz favorita de la carrera es Olivia Colman, quien era reconocida en la pantalla chica de Inglaterra y que ahora ofrece la que puede ser la más brillante de las actuaciones femeninas del año por La favorita, del griego Yorgos Lanthimos. Ella pertenece al grupo de las actuaciones prescindibles, pues no encaja con la imagen habitual de la estrella de cine de Hollywood. Ella da vida a una reina que es tirana, divertida, patética, inconsciente y poco fiable, pero ante todo es humana gracias a Colman.

Por otro lado está Lady Gaga, por Nace una estrella, quien ha sido una gran figura mediática, con una actuación que ha sorprendido, por su faceta de cantante, pero cuyo personaje está muy por debajo de lo que pudieron haberle reconocido este año a personajes memorables como el de Toni Collete, por Hereditary (porque para los académicos el terror es un género menor), o Maggie Gyllenhaal, por La maestra de kínder, que no le alcanzó porque la película es de un pequeñísimo presupuesto, por lo que la Academia prefirió destacar a una comediante que mostró que su talento va mucho más allá de los estereotipos como Melissa McCarthy en ¿Podrás perdonarme algún día?

Finalmente llegamos a la mexicana Yalitza Aparicio, cuya nominación por Roma juega el rol de un reconocimiento especial por formar parte de la película más importante del año. Este caso entra con doble filo en la tendencia de las actrices que han ganado su nominación por una brillante campaña publicitaria, aunque, a diferencia otras ediciones, han utilizado la publicidad con un efecto social para romper estereotipos y poner en evidencia el clasismo de la sociedad.

Al igual que Hattie McDaniel, el caso de Yalitza es simbólico porque también representa un parteaguas para la coronación ya no sólo del cine mexicano sino latino; el manejo de su imagen ha hecho girar el rostro hacia las comunidades indígenas y ha puesto el dedo en la llaga de lo arraigado que está el clasismo en la sociedad. Casi un hecho es que no gane, pero, en una lectura mediática, vale la pena reconocer que puede ser el inicio de un cambio a la comunidad latina en Estados Unidos. Tal vez en este caso no tenga que pasar más de medio siglo para que una mexicana o una latina pueda ganar el Oscar por un personaje que no esté industrializado por Hollywood.

 

Imprimir