Origen y desarrollo de la escena electrónica en México | La Crónica de Hoy
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Origen y desarrollo de la escena electrónica en México

Especial. En el marco de la sexta edición del EDC (Electric Daisy Carnival) en México, Crónica hace un análisis de la evolución de la música electrónica nacional y cómo se ha convertido en uno de los países exportadores de talento a nivel internacional

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Los antecesores o precursores de la música electrónica se dieron principalmente durante la década de los años 70, cuando la música disco o EDM (por sus siglas en inglés Electronic Dance Music), usaba como base géneros como el funk, soul y rhythm and blues para explorar, mediante sintetizadores, distintos ritmos que complementaron a los instrumentos orgánicos convencionales.

Uno de los proyectos precursores de la escena es Kraftwerk, agrupación alemana formada en 1970 por Ralf Hütter y Florian Schneider, quienes son considerados por algunos, como los padres de géneros como el house, techno, trance, eurodance, hard dance, italo-disco y dance pop.

Pronto la música disco o dance comenzó a plagar las discotecas en varias regiones del mundo, convirtiéndose en objeto de estudio de académicos de la música. En México, los primeros nombres que aparecen en la historia son el orquestador Héctor Quintanar Prieto y el especialista en sonido Raúl Pavón, quienes fundaron el Laboratorio de Música Electrónica del Conservatorio Nacional de Música dentro de Bellas Artes, siendo el primero en su género en Iberoamérica.

Sin embargo, tal como pasó con el rock y el punk, el surgimiento de la electrónica en México se mantuvo dentro de esa misma escena underground, siendo el colectivo Decibel, formado en 1973 por Walter Schmidt y Carlos Robledo, el que impulsara la creación de una escena nacional, trabajo que fue cosechado con el disco El Poeta del Ruido,  lanzado en 1980 –considerado por los coleccionistas como una de las piezas más importantes del rock electrónico–.

Otro nombre que salta es el de Roberto Morales Manzanares, quien fue de los primeros en implementar computadoras y otros dispositivos tecnológicos especializados para componer, lo que lo llevó a formar parte del compilado Música Electroacústica Mexicana en 1984, junto a otros artistas, entre los que destaca el compositor y productor Antonio Russek.

“Había este incentivo de utilizar la electrónica, ya sea análoga o digital, como una herramienta igual, con la misma relevancia por ejemplo de una guitarra o una flauta o un piano, finalmente creo que la curiosidad del hombre por el sonido, viene desde siempre originando la diversidad que hay en la música”, mencionó Morales durante una entrevista.

A ellos le siguieron una serie de proyectos intermitentes que lograron ubicarse durante algún tiempo dentro de esa prematura escena electrónica a la que le hacían guiños bandas de post punk, rock y pop; tal es el caso de Size, Syntoma, Natabisk, High Fidelity, Casino Shanghái y Oxomaxoma, las cuales se abrieron al abanico de la experimentación sonora alternando dispositivos electrónicos con todo tipo de objetos comunes, desde juguetes hasta sistemas de grabación.

Fue a finales de los 80 y principios de los 90 que la escena finalmente tomó forma y se consolidó con proyectos como Artefakto, liderado por Roberto Mendoza y que más tarde evolucionaría a Panóptica, ambos antecesores de lo que más tarde se convertiría en Nortec Collective.

En 1999 Tijuana vio nacer uno de los colectivos más sobresalientes, formado por Bostich, Clorofila, Hiperboreal, Panoptica y Fussible bajo el nombre de Nortec Collective o simplemente Nortec, el cual ofrece una variedad musical que fusiona ritmos tradicionales de la región como banda sinaloense, norteña y tambora, con electrónica. Con el que llegaron a participar en La Feria Internacional De Hannover, Alemania, en el Festival Coachella y en Vive Latino.

Pronto el éxito de los distintos proyectos que surgieron durante los noventas y principios de los años dos mil, provocó que más foros y festivales internacionales abrieran sus puertas a estas nuevas propuestas. No obstante, la escena en México aún permanecía dividida, sin una industria que respaldara a los proyectos y los impulsara.

Por ello, mucho de ese talento comenzó a emigrar a otros países en la búsqueda de estudios de grabación y espacios donde dar a conocer sus propuestas. Uno de esos ejemplos es Tim & Collins, dúo formado por Juan Pablo Escudero y Jorge Corral, quienes con –relativamente– poco tiempo en la escena, han logrado colaborar con artistas de talla internacional como Steve Aoki, Alesso y el fallecido Avicii, presentándose en algunos de los festivales de música electrónica más importantes en el mundo, como EDC Las Vegas, EDC México, Beyond Wonderland, Ultra Festival, Tomorrowland y The Social.

Aunque actualmente ya se habla de una profesionalización de la música electrónica, no sólo respecto al uso de tecnología y softwares, sino en relación a todos los aspectos que competen a una industria; la escena en México continúa en desarrollo, y aún tiene mucho por crecer en comparación con lo que sucede en otros países.

Sin embargo, el surgimiento de los nuevos festivales especializados en el género que han emergido en el país durante la última década, finalmente responde a la necesidad de espacios no sólo para el talento nacional, sino como una estrategia para promover una escena más uniforme a nivel internacional.

“Yo creo que siempre ha habido un público cautivo de música electrónica en México, definitivamente ha estado creciendo porque tanto los festivales internacionales como el resto de la industria, se están dando cuenta del buen mercado que es Latinoamérica, entonces empezaron a entrar a festivales internacionales y obviamente eso hizo que el público mexicano conociera más la escena”, expresó Escudero, durante una entrevista con Crónica.

 

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