El abrazo que selló los Premios Oscar | La Crónica de Hoy
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El abrazo que selló los Premios Oscar

Guillermo del Toro le entregó a su amigo Alfonso Cuarón el galardón al Mejor Director; ellos tienen una amistad de casi tres décadas, en las que han visto cambiar al cine mexicano

El abrazo que selló los Premios Oscar | La Crónica de Hoy

"Y  el Oscar es para… Este nombre lo sé pronunciar: Alfonso Cuarón”, fueron las palabras precisas de Guillermo del Toro cuando dio a conocer al ganador del premio al Mejor Director, el pasado domingo en el Teatro Dolby de Los Ángeles. Cuarón subió al escenario emocionado y al llegar con Del Toro, quien el año pasado recibió el mismo premio por La forma del agua, se fundieron en un largo y emotivo abrazo. Una de las postales que causaron más emoción de la ceremonia.

Los cineastas mexicanos José Luis García Agraz y Jaime Humberto Hermosillo fueron parte del movimiento de resistencia cinematográfica en la época más oscura del cine mexicano en los años 80. Pero además de esa etiqueta de directores contracorriente, a ambos se les debe ser la primera experiencia cinematográfica directa de dos de los directores más grandes del cine mexicano que fueron parte de la reestructuración de la cinematografía nacional: Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro.

Alfonso creció cerca de los Estudios Churubusco. Tuvo su primera cámara a los 12 y estudió la preparatoria en el Centro Universitario Era cinéfilo apasionado, dice que llegó a ver hasta 40 veces la misma película para aprender sus detalles técnicos. Pese a ello, su afán no era aprobado por su madre y debió compartir sus estudios en el estatal Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) con la carrera de filosofía. De hecho, gustaba asistir a los extintos cines Gloria y Estadio, por lo que  engañaba a su mamá diciendo que haría un trabajo escolar y se iba directamente a la taquilla.

En el CUEC, conoció a la futura madre de su hijo Jonás, al director Carlos Marcovich, al fotógrafo Emmanuel Lubezki y al cineasta Luis Estrada con quien realizó el corto Vengeance is mine, por el que fue presuntamente expulsado de la escuela por hacer su trabajo en inglés. Pero en realidad no fue expulsado por eso, sino que fue Cuarón quien decidió dejar la escuela porque no dejaron que comercializara su corto. Mientras tanto, Guillermo estudió en el Centro de Investigación y Estudios Cinematográficos, en Guadalajara, y dejaba semillas importantes como el propio Festival Internacional de Cine en Guadalajara.

Cuando Cuarón dejó el CUEC, trabajó como empleado conserje en el Museo Nacional de Arte hasta que José Luis García Agraz lo contrató como asistente de dirección para su película Nocaut, luego en La Gran Fiesta (1985), en 1989 y más tarde dirigió el episodio “No estoy jugando” de la película Cita con la muerte (1989), hasta que llegó a dirigir algunos episodios de la serie de suspenso de Televisa, llamada La hora marcada, durante la cual conoció a Guillermo del Toro.

Guillermo se acercó a Cuarón y le dijo: “Tú te robaste la historia de Stephen King”, Cuarón contestó “sí”, a lo que Del Toro agregó: “¿Y por qué si la historia de King era tan buena, tu episodio es tan malo?”... Fue así como se hicieron amigos. Pasando 1990, comenzaron su propia historia en el cine nacional y posteriormente fuera del país.

Los tiempos de Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón fueron muy diferentes a los de José Luis García Agraz y Jaime Humberto Hermosillo. Carlos Salinas de Gortari llegó a la presidencia en 1988 y hacía vistosos esfuerzos por ganarse a la opinión pública para legitimarse en el poder, luego de los dudosos resultados electorales. Comenzó un nuevo plan para el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), que se encargó de promover la producción para el sexenio.

Alfonso Cuarón en ese entonces había comenzado a trabajar en su ópera prima Sólo con tu pareja (1991), escrita por su hermano Carlos. Aprovecharon el Mundial de Futbol  Italia 90 y una decepción amorosa para darle fin a esta cinta protagonizada por Daniel Giménez Cacho, sobre el sida. La cinta logró gran éxito en México y en festivales internacionales como el de Toronto, lo que puso a Cuarón en la mira de productores de Hollywood.

Por su parte, Guillermo del Toro comenzó a trabajar en 1992 en su primer filme, con el nombre de La invención de Cronos, primera colaboración con dos de sus actores fetiche: Federico Luppi y Ron Perlman. La cinta fue todo un éxito en México y ganó nueve Premios Ariel y además tuvo una proyección internacional al formar parte de Cannes, en donde ganó el Premio de la Crítica y otros tantos más en SITGES.

Sydney Pollack, director de Tootsie, invitó a Cuarón a trabajar en Estados Unidos en un proyecto que se cayó. Entonces hizo la serie, Fallen Angels, pero ya en el otro lado, debutó en 1995 con La Princesita (1995), adaptación de la novela de Frances Hodgson Burnett, que consiguió un excelente recibimiento.

Mismo caso ocurrió con Guillermo del Toro. Tras el éxito de Cronos, en 1997 Miramax le ofreció dirigir un proyecto de 30 millones de dólares de presupuesto. El resultado fue Mimic, una nueva incursión en el cine de género, en un año difícil por el secuestro de su padre durante 72 días, que le hizo tomar la decisión de vivir en el extranjero, así que se fue a España a hacer El espinazo del diablo y luego regresó a Estados Unidos.

Son Cuarón y Del Toro, junto a otros talentos como Alejandro González Iñárritu, Emmanuel Lubezki y Salma Hayek, por mencionar algunos, los que han dominado en los últimos años los Premios Oscar. Cuarón se convirtió en el primer mexicano en ganar como Mejor Director en el 2014, por Gravity, a él le siguieron dos triunfos consecutivos de Iñárritu (Birdman y El renacido); el año pasado tocó el turno de Del Toro y ahora Cuarón regresó al estrado por Roma. Detrás de ese abrazo que se dieron está la historia de una amistad que cambió al cine mexicano.

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