Hasta los dientes contribuye a la disculpa del Estado mexicano | La Crónica de Hoy
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Hasta los dientes contribuye a la disculpa del Estado mexicano

Jorge y Javier no eran sicarios; su caso muestra los peligros que corremos cuando el ejército está en las calles, señala Antonio Arnaut, cineasta y autor del documental. Sánchez Cordero ofreció una disculpa a los padres de los estudiantes asesinados

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"Quiero decirlo de manera clara y tajante: Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arredondo Verdugo eran estudiantes de excelencia del Tecnológico de Monterrey, no sicarios”, dijo la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, representante del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, al ofrecer una disculpa pública a los padres de los dos estudiantes del Tecnológico de Monterrey (ITESM) que fueron asesinados por miembros del Ejército.

Este acontecimiento se da meses después de que se exhibiera en México el filme documental Hasta los dientes, del cineasta Antonio Arnaut, con el cual se volvió a poner en foco la injusticia e impunidad de las autoridades ante el atroz acontecimiento. Las pruebas que ofrece el filme sobre la inocencia de los jóvenes y los delitos de los uniformados, contribuyeron a la aceptación de los errores por parte del gobierno actual, luego de años en que las autoridades desestimaron el suceso.

El documental es contundente. En un video de seguridad del Tecnológico de Monterrey se ve a uno de los estudiantes correr por uno de los pasillos de la escuela. Luego regresa a tratar de auxiliar a su amigo que no alcanza a verse en el encuadre porque estaba en el piso herido de bala. Ambos fallecieron en ese momento. Era la noche del 19 de marzo del 2010, cuando Jorge Antonio Mercado y Javier Francisco Arredondo, estudiantes de maestría, fueron balaceados dentro de las instalaciones de su propia universidad, víctimas de la guerra contra el narcotráfico… a manos del ejército.

Hace nueve años, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) dijo que los jóvenes bajaron de una camioneta armados y por eso fueron objeto del uso de la fuerza letal por los uniformados. En realidad ellos salían de cenar. La versión oficial que dice que el saldo del conflicto fue la muerte de dos sicarios “armados hasta los dientes” no había sido desmentida hasta ayer.

“Conocí a Javier Francisco Arredondo en Baja California Sur, en el pueblo de mi papá. Su familia y mi familia, por mi abuela, eran muy cercanas y amigas. Cuando me entero de que había sido asesinado y además criminalizado, me indigné mucho, tanto como sus familiares y el pueblo”, explicó el cineasta Alberto Arnaut a Crónica.

La película nos cuenta una mirada testimonial de los familiares de los estudiantes asesinados, pero también narra los hechos de esa noche en que fueron balaceados dentro de las instalaciones de la universidad, en donde sus cuerpos fueron manipulados: los soldados los movieron de lugar, los golpearon hasta dejarlos casi irreconocibles y les plantaron armas.

“Conocía bien a Javier Francisco y sabía que no sólo no estaba involucrado en el crimen organizado, sino que además era una persona con un futuro muy prometedor. Decidí hacer la película primero como un homenaje, pero después conforme fui investigando más me di cuenta que se ­tiene que hablar de algo mucho más fuerte. La forma en que el ejército los torturó, les dio prácticamente el tiro de gracia y les sembró armas; ese tipo de cosas hicieron de este proyecto algo más grande e importante”, enfatizó.

“No pude tomar distancia, es un documental que parte desde la perspectiva de los familiares que buscan reivindicar a Jorge y Javier como seres humanos; es un documental que reivindica la vida en un contexto de muerte. Ahí no se puede guardar distancia, me volví parte del movimiento por la verdad, la memoria y la justicia de Jorge y Javier”, añadió.

Para la realización del documental tardó casi ocho años, debido a que el proyecto se tornó muy complicado con los testimonios que ayudaron a dimensionar los hechos de esa trágica noche y también por las dificultades de financiamiento del filme. La producción se basa en la recomendación 45/2010, emitida por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos el 12 de agosto del 2010.

“Esa información se la hicieron llegar a los familiares y a través de ellos pude llegar a muchos materiales, testimonios y a videos de las cámaras de seguridad del Tec de Monterrey, que son parte fundamental de la película (…) Después lo complementé con testimonios de testigos que estuvieron ahí, de periodistas, de autoridades, como el exprocurador de ese momento, Alejandro Garza y Garza, para completar el panorama de la investigación”, dijo.

El filme, además, cuestiona la ética de las autoridades del propio Tec de Monterrey: “Se mostraron de forma muy insensible frente a lo que sucedió con dos estudiantes dentro de sus instalaciones. Fueron insensibles porque ellos tenían todos los elementos para saber que habían sido asesinados por el ejército y ellos dijeron que no, que eran sicarios armados hasta los dientes. Después, cuando ya se dio a conocer lo que sucedió, el Tec no ha contribuido en nada a que las familias puedan lograr verdad y justicia”, expresó el cineasta.

A su vez, cuestiona la capacidad del ejército: “Busca hablar de los peligros que corremos todos cuando el ejército está en las calles haciendo labores de seguridad para las cuales no está preparado y que no le corresponden constitucionalmente (…) Decir que Jorge y Javier son sólo un caso muestra de los peligros que corremos cuando el ejército está en las calles”, dijo.

Sánchez Cordero, la titular de Gobernación ofreció una disculpa por la violación al acceso a la justicia y a conocer los hechos del caso, “reitero el compromiso de implementar las medidas que aseguren la no repetición para que los hechos que violentaron sus derechos no vuelvan a suceder, a ninguna, a ninguna otra persona en nuestro país”, dijo.

No obstante, Alberto Arnaut señaló que quienes integran el colectivo Todos somos Jorge y Javier buscan justicia real y lograr que se consigne no sólo a los seis elementos del Ejército imputados, sino también a los altos mandos.

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