¿Habrá Estado Islámico después del califato? - Marcel Sanromà | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 23 de Marzo, 2019
¿Habrá Estado Islámico después del califato? | La Crónica de Hoy

¿Habrá Estado Islámico después del califato?

Marcel Sanromà

La noticia venía cociéndose desde hacía semanas. Donald Trump lo decía cada vez que tenía ocasión: el Estado Islámico estaba a punto de caer, ha estado a punto de caer durante las últimas dos o tres semanas. Pero finalmente ocurrió. Este sábado, las Fuerzas de Siria Democrática, un conglomerado de milicias principalmente kurdas, cantaron victoria desde la ciudad de Al Baguz, el último reducto del grupo terrorista, ubicada en el extremo del centro-este de Siria, rozando la frontera con Irak.

En una ceremonia solemne aunque austera, decenas de soldados posaron felices ante la bandera de las FSD, amarilla con el mapa de Siria en blanco en ella, y con la bandera de Estados Unidos también colocada por allí detrás, puesto que Washington ha brindado un sólido apoyo tanto aéreo como en entrenamiento sobre el terreno durante estos cinco años de lucha contra el Daesh.

La escena de ayer es evidentemente simbólica y evidentemente importante. Las milicias kurdas han jugado un papel fundamental en la caída del Estado Islámico, porque, esencialmente, han llevado a cabo el trabajo más arduo, más exigente, más desgastante, mientras EU se parapetaba tras el frente y en el aire, donde tenía apabullante superioridad. Y las FSD han pagado el esfuerzo con alrededor de 11 mil combatientes muertos, a los que dedicaron la victoria.

Sin embargo, la caída de Al Baguz, que pone fin a un califato que allá a finales de 2014 llegó a tener entre Siria e Irak una superficie equivalente a la de Reino Unido, presenta nuevas preguntas: ¿Esto de verdad es el fin del Estado Islámico? ¿Y si no, cómo y cuándo resurgirá? ¿Qué impacto tendrá la caída del califato en el acontecer del terrorismo mundial?

Esta misma semana un turco asesinó a tiros a tres personas e hirió a otras cinco en Utrecht. Es cierto que durante 2018 el número y daño de atentados terroristas en Occidente ha bajado. Si en 2017 murieron 136 personas por atentados yihadistas, en 2018 fueron 25, según un recuento que elaboré yo mismo.

El Estado Islámico ya se veía prácticamente aniquilado en Irak y muy reducido en Siria, lo que explica la bajada de la intensidad del terrorismo yihadista en Occidente.

Sin embargo, es prácticamente imposible aportar respuestas concretas y certeras, porque a estas alturas del Siglo XXI, cuando hace ya casi dos décadas que Occidente convive, de un modo u otro, con la amenaza del terrorismo yihadista (aunque hay que recordar que “yihad” en árabe es un término que significa “esfuerzo”, y nada tiene que ver con el terrorismo), parece difícil imaginar que de un día para otro termine la causa del Daesh.

El pasado día 8 de marzo, el general Joseph Votel, jefe del Mando Central (Centcom) del ejército estadunidense, y máximo responsable de sus tropas en Siria, advirtió del peligro de que los yihadistas capturados, o sus familiares, o quienes sean, transmitan su ideología extremista a sus hijos, lo que, en su opinión, supone “un grave problema generacional”.

Los cimientos del Estado Islámico son la invasión de Irak por parte de Estados Unidos para sacar a Saddam Husein del poder, allá por 2003. El movimiento empezó entonces, pero no agarró fuerza hasta diez años después, cuando los jóvenes de la década anterior crecieron con la frustración de la invasión inacabable y de la violencia y la falta de oportunidades generadas por la guerra.

Este hecho debe servir de aviso para los gobiernos de Occidente. Ya que entonces fueron incapaces de anticipar las consecuencias de las guerras por el petróleo, deberían tomar en cuenta ahora que humillar a sus comunidades migrantes, a los refugiados que han huido de las guerras en Siria, Irak o Afganistán, no traerá nada bueno en el futuro. Y especialmente deberían tomar esto en cuenta los líderes de la ultraderecha antes de decir las barbaridades que dicen un día sí y otro día también. Que nadie se engañe, seguirán tiempos difíciles.

 

marcelsanroma@gmail.com

 

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