Más allá del agua: hidratación | La Crónica de Hoy
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Más allá del agua: hidratación

Hábitos: Sin importar la época del año, mantener hidratado al cuerpo es necesario para que éste cumpla de manera óptima todas sus funciones, tanto las desempeño intelectual y/o cognitivo, así como las autónomas, por ejemplo: la digestión. #RetoMiSalud

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Foto: Especial

Una célula deshidratada acelera su proceso de envejecimiento, con lo que sus funciones se deterioran de forma paulatina, hasta que ésta colapsa. Si esto le ocurre a las células cerebrales podrían quedar comprometidos procesos básicos como la memoria a corto plazo, la capacidad de razonamiento y la estabilidad emocional, entre otros.

Pese a que la deshidratación es una condición que se hace más común durante la época de calor, también está presente cuando hace frío, ya que las células de la piel, por ejemplo: demandan mayor cantidad de agua para mantener regulada la temperatura corporal de la economía humana.

El agua desempeña un papel importante en las funciones fisiológicas del cuerpo humano, ya que representa entre 60 y 70 por ciento de su composición. A través de este líquido los nutrientes llegan a las células y se remueven aquellos elementos que no son necesarios, por lo que ayuda a desintoxicar al organismo.

Por ejemplo: el consumo constante de agua contribuye a reducir, y en ocasiones hasta eliminar, el estreñimiento, ya que entre más líquido se consuma, se tendrá una mejor motilidad (movimiento) intestinal, con lo que se ablandará la materia fecal contenida dentro del tracto gastrointestinal, favoreciendo su expulsión. Por su parte, el agua también contribuye a la regulación del funcionamiento de los riñones, a la lubricación de las articulaciones, disminuye la presión arterial y equilibra el nivel de acidez y alcalinidad, conocido como PH.

Por otra parte, además de afectar el rendimiento físico y mental de las personas, la deshidratación puede llegar a tener otras consecuencias como problemas estomacales, gastritis o úlceras, estreñimiento, funciones renales debilitadas y defensas bajas ante enfermedades respiratorias. También este fenómeno ocasiona el desequilibrio de ciertos minerales como: sodio y potasio, que pueden llevar a un trastorno cardiovascular.

Estrategias. En la anatomía de una persona promedio, —mujer de 150 a 160cms.  de estatura con 60 a 70 kilos; hombre 160 a 170cms. con 70 a 80 kilos— , la constitución de la sangre y los riñones son ochenta por ciento agua; por su parte, en el cerebro y los músculos representa 75 por ciento y en el caso del hígado conforma el 71 por ciento.

De manera reiterada, se hace la recomendación genérica de ingerir de dos a dos litros y medio de agua durante el día, regla que de obedecerse contribuye a la prevención de cáncer de estómago, colon, problemas gastrointestinales, entre otras. Si aunado a esto, el agua que se consume tiene propiedades específicas como mayor grado de alcalinidad, esto contribuirá a que se regule el proceso oxidativo de todas las células del cuerpo humano, y aunque esto no es una garantía para evitar la aparición de diferentes tipos de cáncer, diabetes o enfermedades cardíacas, si puede reducir el riesgo considerablemente.

Pese a los diferentes beneficios que aporta el consumo diario de agua natural, para muchas personas todavía resulta complicado el consumo de un solo vaso de este líquido, por lo que una forma de comenzar a adquirir este hábito es apoyar la hidratación con la dieta.

En este orden de ideas, se estima que del total de agua que se requiere todos los días, entre 20 y 25 por ciento proviene de los alimentos, por lo que sería recomendable ingerir los que aporten mayor cantidad de este líquido: lechuga, sandía, naranjas, brócoli, entre otros.

En este sentido se destaca que vegetales, frutas y verduras aportan 17 por ciento del agua diaria requerida, lo que equivaldría a un litro diario. Por otra parte, se estima que los alimentos de origen animal contribuyen con 2 por ciento del agua total diaria, ya que sólo el pescado contiene entre 73 y 84 por ciento de agua y las carnes rojas entre 50 y 70 por ciento.

Así como los alimentos pueden contribuir a la hidratación, otros productos de la dieta eliminan el agua en el organismo, por lo que su consumo debe ser moderado, o por lo menos se debe estar alerta para equilibrar su ingesta. De esta manera, cualquier bebida dulce procesada y/o las alcohólicas, además de contener un algo grado calórico, también favorece a la deshidratación de las células, ya que la abundante carga de azúcares es condicionante directa de la oxidación.

En relación a bebidas rehidratantes, los especialistas sugieren ingerirlas sólo en caso de tener actividades que impliquen un alto desgaste físico (práctica de alguna actividad física organizada y sistematizada), o en caso de indicación médica, por ejemplo, a causa de la diarrea.

La sed es la señal de alerta que nos informa de que tenemos un déficit de líquido. Por tanto, cuando empezamos a sentir sed es porque las células ya han perdido agua, comienzan a contraerse y se transmite un mensaje al cerebro activándose esta sensación. Por eso, es necesario beber antes de tener sed. Esto es aún más importante en grupos de población o en situaciones en las que puede llegar a desaparecer la sed, como al practicar actividad física o en el caso de las personas mayores.

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