En Jueves Santo se dio el primer encuentro entre mexicas y Cortés | La Crónica de Hoy
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En Jueves Santo se dio el primer encuentro entre mexicas y Cortés

Los enviados de Moctezuma llevaron regalos a los españoles y Hernán Cortés pidió hablar con el gobernante, pero los mensajeros dijeron que regresarían con la respuesta, señala la crónica de Bernal Díaz del Castillo

En Jueves Santo se dio el primer encuentro entre mexicas y Cortés | La Crónica de Hoy

En la Semana Santa de hace 500 años las tropas de Hernán Cortés llegaron a San Juan de Ulúa, Veracruz. Ahí sucedió el primer contacto entre los españoles y los mensajeros de Moctezuma, gobernante de México-Tenochtitlan, quienes le confirmaron al conquistador la existencia de oro en grandes cantidades.

Crónica presenta una cronología de abril de 1519 acompañada de un mapa informativo en Google Maps (https://drive.google.com/open?id=1ev451extqNR-sjGkRAs_Vdca8bOBwjCw&usp=sharing), recreado a partir de tres obras: Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo; Hernán Cortés, de José Luis Martínez; y La conquista de México, de Hugh Thomas.

Después de que las huestes españolas ganaran la batalla de Centla, Tabasco, y de que Malintzin se convirtiera en la traductora principal de Hernán Cortés, la expedición continuó hacia Veracruz, específicamente a la Isla de los Sacrificios y a San Juan de Ulúa.

El historiador británico Hugh Thomas (1931-2017) en La conquista de México escribió: “Cortés continuó navegando, pasó la desembocadura del río Tlacotalpan y, el 20 de abril de 1519, Jueves Santo, llegó a la Isla de Grijalva llamaba la Isla de los Sacrificios”.

No obstante, el conquistador Bernal Díaz del Castillo en Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España detalló que el Jueves Santo, Cortés llegó a San Juan de Ulúa:

“Junto a tierra vio la isla de Sacrificios, donde hallamos los altares y los indios sacrificados; y luego en buena hora llegamos a San Juan de Ulúa, jueves de la Cena, después de medio día”.

Díaz del Castillo narra que media hora después, llegaron dos canoas con “indios mexicanos”, entre ellos, un mensajero enviado por Moctezuma para saber qué hombres eran y qué buscaban.

“Y otro día, sábado víspera de Pascua de la Santa Resurrección, vinieron muchos indios que envió un principal que era gobernador de Moctezuma, que se decía Pitalpitoque, que después le llamamos Obandillo”, escribió.

Estos enviados llevaron varios regalos a los españoles, principalmente joyas de oro y telas de algodón. Entonces Cortés pidió hablar con Moctezuma en México-Tenochtitlan, pero los mexicas mensajeros dijeron que regresarían con la respuesta de su gobernante.

“Y otro día, Pascua Santa de Resurrección, vino el gobernador que había dicho, que se decía Tendile hombre de negocios, y trajo con él a Pitalpitoque, que también era persona entre ellos principal, y traían detrás de sí muchos indios con presentes y gallinas y otras legumbres”, documentó Díaz del Castillo.

Al respecto, el historiador José Luis Martínez en su libro Hernán Cortés detalla que en los primeros contactos entre mexicas y españoles, Cortés les pidió a los indígenas honrar a su dios y al rey Carlos V.

“Desde la misma noche de la llegada a San Juan de Ulúa aparecen los enviados del señor de México-Tenochtitlan con los que cambian saludos y regalos. Los españoles les hablan de su rey y les dicen que deben ser vasallos de tan poderoso señor”, escribió.

Pero el mensajero mexica respondió algo soberbio, narra Díaz del Castillo: “Aun ahora has llegado y ya le quieres hablar; recibe ahora este presente que te damos en nombre de nuestro señor, y después me dirás lo que te cumpliere”.

Según el español, los enviados por Moctezuma sacaron de una caja muchas piezas de oro y diez cargas de ropa blanca de algodón y plumas; además llevaron a artistas que pintaron las huestes de Cortés, incluidos sus caballos, a Malintzin y a Jerónimo de Aguilar.

“Para mostrar su poderío los soldados españoles hacen una escaramuza con sus caballos y disparan sus armas pesadas, que aterrorizan a los indios, lo que (los mensajeros) informan a su señor (Moctezuma)”, escribió José Luis Martínez.

Después, Moctezuma mandó a Veracruz a Quintalbor, otro mensajero, para decirle a Cortés que no era necesario que visitaran México-Tenochtitlan, no obstante, los españoles dijeron que para eso habían viajado y cruzado mares.

Hugh Thomas describió que el Quintalbor ordenó a los veracruzanos —en ese entonces, totonacas— ofrecerles comida, casa y comodidades a los españoles.

“Éste ordenó a sus hombres construir varios centenares de chozas para los visitantes, con ramas verdes y tejados improvisados para protegerlos, pues pronto llegaría la temporada de lluvias. Además, puso a 2 mil criados a disposición de Cortés”.

Entre esos dos mil, añade, había seguramente espías, sacerdotes y hechiceros. “Es de suponer  que Teudile (Quintalbor, un recaudador de tributos) obedecía a la sugerencia de Moctezuma de mezclar hospitalidad y táctica: más valía que los recién llegados durmieran en tierra firme que en sus barcos”.

Una de las constantes peticiones que hizo Cortés a los mexicas fue el envío de oro, sobre eso, Hugh Thomas detalla que Cortés y Quintalbor tuvieron una curiosa conversación.

“El primero preguntó al segundo si Moctezuma poseía oro; explicó que preguntaba porque sabía que ese metal era bueno para las afecciones del corazón y varios de sus hombres la padecían. Sí, contesto Teudile, Moctezuma poseía oro. Esa conversación difícilmente podría haber sido más peligrosa para los mexicas”, escribió.

Todos estos diálogos plasmados en las obras mencionadas, destaca una precisión hecha por Díaz del Castillo en Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España: la comunicación entre españoles y mexicas fue posible gracias a Malintzin.

“Doña Marina sabía la lengua de Guazacualco que es la propia de México, y sabía la de Tabasco, como Jerónimo de Aguilar sabía la de Yucatán y Tabasco, que es toda una; se entendían bien, y Aguilar lo declaraba en castellano a Cortés; fue un gran principio para nuestra conquista. He querido declarar esto porque sin ir doña Marina no podíamos entender la lengua de la Nueva España y México”.  

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